Amores
A ella le había parecido imposible vivir sin estar enamorada. Y se puso a ello muy pronto, denodadamente, a los once o doce años. En ese tiempo tuvo su primer amor que, como debe ser, era absolutamente platónico. El profesor de Geografía era un treintañero atractivo, torpe y amable, que es la fórmula infalible para que las adolescentes bregadas en novelas de D. H. Lawrence se te enamoren. Quizá por eso ella adora la Geografía, le parece súper sexy eso de navegar por golfos, fiordos, cabos y bahías. La bahía, sobre todo, es el accidente geográfico que más la inspira, porque nació en una de ellas y sigue ahí, en algún lugar de los recuerdos, sin perder ni un ápice de realidad. El profesor de Geografía era de una buena familia, hizo una buena boda y tuvo una carrera docente muy efímera, porque después ejerció de otras cosas y se metió en algunos líos. Una vez ella lo encontró en una cafetería de la capital. Ella tenía ya veinte años, iba a la universidad, y él, claro está, también había crecido ocho años más. Le dijo que había sido su alumna favorita y que guardaba sus exámenes, que escribía con una letra preciosa y que ilustraba con dibujos de los elementos geográficos y a todos les ponía un cielo increíble de azul. A ella le pareció que seguía tan guapo como siempre, aunque menos tímido y más bohemio. Fue un encuentro bonito. Después de eso no han vuelto a verse. Pero fue su primer amor y no puede olvidar la sensación de verlo entrar en el aula y de oírlo pronunciar su nombre para que comenzara a leer el libro que estaba abierto sobre la mesa y que ella leía en voz alta con una pronunciación perfecta. ¿Viene de ahí, quizá, su amor por esta ciencia? Más bien de ahí surge esa facilidad para hallar el amor en cualquier parte, en cualquier cosa. Después del profesor, ajeno a todo como suele suceder en estos casos, ella se siguió enamorando. Compañeros de clase, más profesores, actores de cine, amigos del club, gente con la que coincidía y de la que no sabía nada más que era guapo. Ser guapo podía ser un plus, pero más aún ser tierno, brillante o atrevido. La larga lista de amores está hecha para no acabar nunca. Pero hay puertas que se cierran de un portazo y entonces te quedas con cara de tonta.

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