Mary Ann Evans había nacido en las Midlands, esa zona del Reino Unido de la que habla en sus libros D. H. Lawrence, el escritor que descubrí con pocos años y del que aprendí algunas cosas imposibles de explicar. Allí, en South Farm, Arbury, condado de Warwick, en una familia de la clase media rural y de fuertes convicciones evangélicas, nació y se crió esta escritora que, tras pasar por un colegio de primera enseñanza, estuvo en un internado hasta que, a los diecisiete años tuvo que volver a su casa por la muerte de su madre. Ese era el destino que la esperaba. Cuidar de casa, hacienda y de su padre. Pero, de forma autodidacta, Mary Ann estudió griego, latín, alemán, italiano y adquirió una formación inaudita para una mujer de su tiempo. Y para un hombre, añado. Y para cualquier persona de cualquier época, me parece. Tras viajar por Europa durante dos años se dedicó a realizar reseñas de libros en la revista "Westminster Review", hasta que, en el año 1856 ...
El blog de Caty León