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Esa clase de amor



Creo que era de Doris Lessing. Y ese era su título. "Esa clase de amor". Pero el tiempo ha pasado y la memoria me flaquea. Ese recuerdo dudoso me ha servido para ilustrar esta fotografía y para convertir en palabras la música que oigo, en ese ejercicio cotidiano, impresionista quizá, o luminista, escritura automática, dadá, que hago con el lenguaje y el sonido y la imagen. 

Descubrí hace algún tiempo que hay tantas clases de amor como amantes. Y, en la línea de la educación que recibí, dudo que sea amor lo que a veces he sentido, dudo de haber sido amada, dudo de todo. Al fin, debería dar lo mismo. Poner nombre a las cosas no les añade nada, no sirve sino para movernos en el terreno movedizo de las palabras y eso, cuando hablamos del terreno aún más movedizo de los sentimientos, es absurdo. Inútil, os diría. Me diría. 

Hay amores que duelen. Enormemente incluso. Amores que arrasan y te dejan sin fuerzas. Que evaporan lo que eres y lo que vives. Amores líquidos, efervescentes, amores que apabullan, amores que arrebatan, que desolan, que siguen dentro a pesar de que los años pasan y las fuerzas nos abandonan. Hay amores que existen para siempre, que no se borran con otros amores, que no se pasan con otros abrazos, que no se escriben de forma diferente. Hay amores que no caben en ningún bolero, que se desbordan, que te roban las horas de sueño, que te hacen mentir y mentirte. 

Esos amores también lo son. Incluso aunque la piel contra la piel sea solo un deseo inalcanzable. Incluso aunque el tiempo se escriba con la palabra ausencia. Incluso cuando todo se desvanezca al despertar. Incluso cuando no hay cuerpos desnudos que los certifiquen. Ni abrazos que los apuntalen. Ni besos que los demuestren. Hay amores que son invisibles para todos, menos para el que lo siente. Amores que duelen de no ser, de no estar, de no sentir. 

Las vísperas del adiós se escriben igual de tristes con todos los amores. Se escriben con lágrimas y sal. Con emociones que solo evitarías si eliges no vivir. Las vísperas del adiós son una fuente, un caudal de tristeza, el caldo de cultivo de una soledad que anticipas. Sabes que mañana no estará, que sus palabras serán el ayer y que el presente te vaciará por dentro. No serás nada. Ni siquiera sufrirás por no tenerlo. 

Escribo ahora el amor que te tengo y siento que ya te he perdido, que ya te has alejado. Siento que tus noches y tus días serán de otras, que otras vendrán a ocupar el espacio que nunca tuve, el tiempo que no fue mío porque no existí entre tus brazos. Siento ahora la nostalgia de un sentimiento inexistente, de un deseo que no tuvo forma, de una vida que no se llenó de ti. Escribo ahora que el amor tiene muchas formas y una de ellas es esta: la que se hace del fuego oculto que nunca tendrá brasas, ni se encenderá al alba, ni arrasará los ojos ni los cuerpos. 


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