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"Expiación" de Ian McEwan


Si has visto la película basada en este libro, "Expiación", no te habrás olvidado del vestido verde que lucía en una de sus escenas la actriz Keira Knightley. En ese ranking que no sé si conoces sobre los mejores vestidos de cine, aparecía últimamente en primer lugar, por delante del vestido blanco que Marilyn usa en "La tentación vive arriba", del Givenchy negro de la Hepburn en "Desayuno con diamantes" y de los pantalones pitillo negros de Olivia Newton-Jones en "Greese". 

A pesar de la belleza del vestido, seda natural, con un escote importante, y del resto de vestidos que se citan en la lista, no podemos negar que son los pitillos negros los que han hecho historia en la calle. Los que todo el mundo se pone aunque a todas nos gustaría colocarnos el vestido Keira. Con vestido o sin él, la escena forma parte de la película y la película está basada en un libro y de ese libro es de lo que escribo ahora. 

Briony Tallis tiene trece años y facultades de escritora. Observa el mundo desde las palabras y tergiversa, con intención o sin ella, los acontecimientos que se suceden en torno suyo. Quiere ser mayor. Los trece años de Briony desesperan por entrar en el mundo de los adultos. La entiendo. Mis trece años fueron un tormento, nunca se terminaban, nunca dejaba de tener trece años. Estaba cansada del número trece, siempre trece. Pero la vida de Briony está llena de circunstancias especiales. Una madre que se aísla en su habitación cuando hay problemas, un padre importante casi siempre ausente, una bella hermana que está enamorada del hijo de un criado, un hermano al que ella adora y que le hace poco caso, unos primos inoportunos, una prima llena de malicia, un amigo que anda a la deriva...Briony es el ojo que todo lo ve. Y Robbie Turner, el hijo de la criada, es el chico brillante al que le espera un porvenir mucho más hermoso que el pasado, si la suerte lo acompaña. 

Como algún crítico ha señalado, la obra es una mezcla perfecta de emoción e intelecto, los dos elementos clave de las grandes novelas. Imposible el uno sin el otro, desde luego. Pero aquí, los gramos están medidos, el peso se revela como equilibrado y el libro transita desde esos días de verano de 1935, cuando el mundo se preparaba para algo cuyo alcance aún desconocía, y los años posteriores, con toda la devastación, la miseria y el desarraigo que la guerra produjo. Da la impresión de que un destino cruel atenaza la vida de los personajes y los mueve a su antojo. Sin embargo, son decisiones humanas las que trazan el mapa de las desdichas. Son las mentiras, las ocultaciones, las envidias, de los seres humanos las que generan el dolor, la separación y la desgracia. Resulta duro pensar que una niña de trece años puede desencadenar una situación tan dramática. Pero así lo cuenta McEwan con su prosa limpia, detallada pero no prolija. 

La obra es un juego de ocultación. Un truco de magia. Los dos planos que en él se encuentran, la realidad de lo que ocurrió y lo que Briony quisiera que hubiera ocurrido, se entrecruzan de forma delicada, como las cintas de un sombrero de niña. A veces las escenas tienen una doble lectura, en otras ocasiones se revela un misterio que páginas antes se escondía. La trama está inserta en una noble arquitectura, clásicamente construida en torno a tres actos, como si McEwan quisiera aceptar, al menos, algunas reglas del juego, al escribir su obra. 

Fantasía y realidad son aquí las dos caras de una misma moneda y llegan a ponerte en duda. Porque hay realidades que no deberían existir y sueños que tendrían que hacerse realidad. La música de fondo que imaginas, majestuosa, tiene un extraño complemento si piensas en la obsesión escritora de Briony, en esa máquina de escribir que siempre la acompaña y que es capaz de crear incluso un perdón que nunca existió para ella. 

Como todos los novelistas ingleses, Ian McEwan es heredero de Jane Austen. De ella toma las palabras que encabezan el libro, a modo de homenaje y también, por qué no, de explicación anticipada de unos hechos:

-Querida señorita Morland, considere la terrible naturaleza de las sospechas que ha albergado. ¿en qué se basa para emitir sus juicios? Recuerde el país y la época en que vivimos. Recuerde que somos ingles: que somos cristianos. Utilice su propio entendimiento, su propio sentido de las probabilidades, su propia observación de lo que ocurre a su alrededor. ¿Acaso nuestra educación nos prepara para atrocidades semejantes? ¿Acaso las consienten nuestras leyes? ¿Podrían perpetrarse sin que se supiese en un país como éste, donde las relaciones sociales y literarias están reglamentadas, donde todo el mundo vive rodeado de un vecindario de espías voluntarios, y donde las carreteras y los periódicos lo ponen todo al descubierto? Queridísima señorita Morland, ¿qué ideas ha estado concibiendo? 
Habían llegado al final del pasillo y, con lágrimas de vergüenza, Catherine huyó corriendo a su habitación.

(Jane Austen. "La abadía de Northanger")

Reseña bibliográfica:

"Expiación" de Ian McEwan
Editorial Anagrama. Barcelona. Colección Compactos
Traducción de Jaime Zulaika
Cuarta edición octubre 2014

Ian McEwan nació en 1948. Otras obras suyas son "Primer amor, últimos ritos. Relatos", "Entre las sábanas. Relatos", El placer del viajero, Niños en el tiempo, En las nubes, El inocente, Los perros negros, Amor perdurable, Ámsterdam, Expiación, Sábado, Chesil Beach, Solar y Operación Dulce. 

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