"Se envió el ajuar por mar"



/Exeter, Devonshire, Inglaterra/

Lo primero que hay en "Sentido y sensibilidad" es la consecuencia del fallecimiento del cabeza de familia. Cuando muere el señor Dashwood, casado en segundas nupcias, con un hijo de su primera boda y tres hijas de la segunda, la vida de todos ellos cambia de inmediato. Jane Austen lo narra con su habitual sencillez y sin dejar de usar la ironía cuando conviene y conviene a veces. Pero lo más interesante de toda esta primera parte es la situación en la que se quedan la segunda esposa y las tres hijas. Dado que toda la herencia está vinculada a la rama masculina, la propiedad de la casa, las tierras circundantes y la renta, corresponden al heredero. Este está casado con Fanny Ferrars, una mujer muy egoísta, poco educada y que, como suele decirse, tira para su lado. Tienen un hijo pequeño y esto es una excusa perfecta para ella. Aunque John, que así se llama el hijo mayor, promete a su padre en su lecho de muerte que va a cuidar de su madrastra y sus hermanas, nada de eso va a cumplirse. Así que en estas primeras páginas reina la zozobra de qué será de ellas. Hasta que la propuesta de un pariente de ofrecerles un cottage en otro lugar del país vendrá a solucionar la cuestión, con la alegría de Fanny, deseosa de que se larguen esos parientes molestos. 

Otra circunstancia hará que la señora de John Dashwood esté deseosa de que se marchen la madre y las hijas. La hija mayor, Elinor, y su propio hermano, Edward Ferrars, se hacen ojitos, manifiestan una inclinación mutua que las Dashwood ven con buenos ojos, pero que a Fanny la ponen de los nervios. Ella quiere que su hermano haga una buena boda y, desde luego, sabe muy bien que Elinor está sin blanca. De modo que no, mejor que se vayan cuanto antes. No es momento este de detallar la inclinación de la pareja ni los motivos por los que sienten que son afines, porque vamos a contar aquí detalles prácticos de lo que se les vendrá encima cuando reciben la oferta del pariente generoso: una mudanza nada más y nada menos. Desde Norland, en Sussex, donde han vivido siempre, marcharán a cuatro millas de Exeter, en Devonshire. Y por ello, como decide con criterio John Dashwood, "se envió el ajuar por mar". Toda esa zona tiene excelentes playas y hoy son motivo de aprecio por parte del turismo, que aprovecha para veranear por aquí y que lo visita por la belleza de sus paisajes y lo encantador que resulta su casco histórico. Como sucede con otras ciudades inglesas, da gusto pasear por ellas. 

Este cambio de casas está muy en consonancia con la propia vida de Jane Austen. La casa es el hogar y el hogar representa la unión familiar. Por eso el desarraigo de las Dashwood se manifiesta con esta marcha obligada y con la necesidad de vivir en un lugar pequeño, humilde, en medio del campo y de prestado. También Jane Austen tuvo que vivir de prestado durante muchos años de su vida. También la muerte del padre significó para ella el comienzo de una molesta itinerancia. 

Comentarios

Seguir leyendo otras cosas...