El dilema moral en "Sentido y sensibilidad"
El dilema moral es una situación conflictiva que precisa de una elección. En esa elección están en juego principios y valores que se ponen en cuestión. En Sentido y sensibilidad los dilemas morales están reflejados en diversas situaciones de la novela y atañen a diversos personajes. Como la resolución de esos dilemas exige reflexión y confrontación está claro que se trata de una obra con un contexto ético muy potente. Al contexto social y económico, al contexto histórico, se añade por lo tanto lo referente a la resolución de estos dilemas, que van enlazados entre sí y abarcan la conducta de determinados personajes.
El dilema más llamativo es el que se establece entre las hermanas y su propio carácter. Se suele establecer el carácter más impulsivo de Marianne y el más reservado de Elinor. No obstante, profundizando en estas características, no se trata solo de impulso y reserva sino también de una forma de abordar las emociones que difiere de una a otra. La expresividad de Marianne significa que vive hacia fuera y que sus sentimientos salen a la luz de una forma vigorosa y sin atarse a conveniencia alguna. De ese modo, la conducta de Marianne puede ir en contra de las normas sociales, lo que, de algún modo, se vuelve contra ella porque influye en su fama y su consideración exterior. Sin embargo, el caso de Elinor indica que su introversión implica también una guarda exacerbada de sus propias emociones, que nunca salen a la luz, y una contención que le impide que afloren sus sentimientos, no ya hacia los demás sino incluso hacia sí misma. Esto, como suele suceder, es algo perjudicial para ella misma, dificulta la comunicación con los demás, impide las confidencias y la confianza con los ajenos y, sobre todo, perjudica la aceptación de sí misma y de lo que encierran sus pensamientos y su corazón. En este caso, su carácter se vuelve contra ella aunque de cara al exterior resulte comedida y adecuada.
Además de este dilema principal se establecen otros, siendo quizá la novela en la que estos conflictos son más abundantes, porque la relación entre los personajes contiene equívocos, medias verdades, ocultaciones, incluso mentiras. Todos los personajes guardan secretos: Edward Ferrars oculta su relación con Lucy. Lucy la oculta a todos menos a Elinor, ello con un motivo espurio. Willoughby engaña a Marianne y oculta las razones de su marcha y su nuevo compromiso. Pero también engaña a su prometida porque en realidad quiere a Marianne. El coronel Brandon guarda para sí lo que siente por Marianne, esta vez por un motivo lógico, no causarle más daño a la joven o no comprometerla. Elinor se oculta a sí misma lo que siente por Edward y también, claro está, a él mismo, de igual modo que hace el joven. John Dashwood se debate al principio, aunque no con demasiado énfasis, entre cumplir la voluntad de su padre muerto o seguir lo que su esposa le demanda, todo en relación con la herencia paterna. La situación de engaño colectivo o, como podría ser llamado en la época, de prudencia social, la pone de manifiesto la joven Margaret Dashwood cuando le dice a sus hermanas y a su madre, harta ya de aburrirse: La señora Jennings habla de "cosas". Nosotras nunca hablamos de "cosas".
(Fotogramas de la versión cinematográfica de "Sentido y sensibilidad", de 1995, dirigida por Ang Lee y protagonizada en sus principales papeles por Emma Thompson (Elinor), Kate Winslett (Marianne), Hugh Grant (Edward Ferrars), Alan Brickman (Brandon), Greg Wise (Willoughby).


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