¡Qué listos son algunos de los del cine! Saben que la mejor manera de que hablen de sus películas es montarla a lo grande. Te cogen un clásico de los más clásicos, un libro que ha leído todo el mundo y que muchos adoran. Y entonces van y la lían, lo más liado posible, de manera que cabrean al personal y surge la cuestión: muchos van al cine atraídos por la publicidad y para criticar luego; otros muchos se niegan a verla y lo dicen en las redes abiertamente; los puristas se enfadan y hacen artículos sesudos; los que desconocían la novela la toman por el pito del sereno; los mayores recuerdan a Laurence Olivier; los jóvenes la asociación con Crepúsculo. El caso es llamar la atención, vender entradas, hacerse un sitio a codazos. El libro es lo de menos, la autora es lo de menos, el arte es lo de menos. Lo que sobra es la literatura. Lo que vale es la economía. Y así con todo.
Somos felices ¿verdad? ¿Por qué no íbamos a serlo? (Diálogo entre Edward y Grace) Edward y Grace son Bill Nighy y Annette Bening y llevan muchos años casados aunque eso no es necesariamente bueno. Tienen un hijo de treinta años que ya no vive en casa y al que echan de menos. Edward está cansado de la esgrima matrimonial y Grace está cansada de no tener con quien discutir, ni casi con quien hablar. Hasta aquí, nada nuevo. Los matrimonios de muchos años suelen (o pueden) tener esa sensación de que han perdido el tiempo, de que no ha merecido la pena ese viaje y de que necesitan otra cosa. Aunque no saben de qué cosa se trata. Grace está cansada de la pasividad de Edward y por eso es poco amable, pero tira de la cuerda a ver si él reacciona. Ella es hiriente también con su hijo. Quizá la insatisfacción nos convierta en eso, personas hirientes, gente que hace daño al que tiene al lado. Para ella es un triunfo vivir con una pareja, mantener un matrimonio, pero Edward...no sabemos lo que p...
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