Esa etapa del duelo en la que los que te rodean quieren que pases página. Están deseando que dejes de llorar si es que lloras. Están deseando que salgas a la calle, que te peines, que vayas a la peluquería, que te cortes el pelo, que te pintes los labios. Te piden que te compres ropa, porque la de antes no te vale, has adelgazado sin darte cuenta. Quieren que te entretengas, que veas películas, que leas libros (no demasiado serios, eso sí), que entres en las redes sociales. Quieren que hagas ejercicio, que salgas a dar un paseo, que vayas al supermercado, que cocines, que ordenes los cajones de la ropa, que hagas cosas, mil cosas, cuántas más mejor. No entienden el sosiego. No entienden el ir despacio. No te miran realmente. No sabes lo que sientes. No sabes que necesitas pararte, que no es malo llorar, que ojalá las lágrimas acudieran, que prefieres estar en tu casa, en tu rincón, que los libros no te suponen nada, que no los comprendes, que la música te sobra porque te entristec...
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