Era la Provenza, era verano, y eran mis tiempos del sur de Francia y mi bicicleta. Tenía una cesta de mimbre acoplada, de su tranquilo color azul y cintas en los manillares y tenía también un sonido curioso al tocar el timbre y funcionaba muy bien a pesar de que era viaje. En ella recorría aquel pueblo rodeado de plantaciones de lavandas y con una leve cuesta que llegaba hasta el mar. Por allí estaba siempre aquel muchacho, tan parecido a Theo James pero sin Sanditon y comíamos unos cuántos en una especie de bar improvisado donde Pedro y Marie habían creado el ecosistema plurinacional más complicado del mundo. Desde la quiche al cuscús. Si supiéramos qué llegarían a ser estas cosas al cabo de los años, seguramente no habría quejas por una picadura de mosquito ni porque el agua con gas no lo llevara. Más bien gastaríamos el tiempo en mirarnos a los ojos y en rebasar todos los límites de la decencia con aquel Theo James, tan exquisito.
( Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras , 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena. La película Criadas y señoras ( The Help , 2011, de Tate Taylor ) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de ...
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