"Cita con la muerte" de Agatha Christie


(Peter Ustinov fue Hercules Poirot en la versión cinematográfica de 1988)

(Edición a cargo de RBA con traducción de José Mallorquí Figuerola, tercera edición febrero de 2010)
Título original: Appointment with Death
Publicación original de 1937, 1938
Dedicatoria: A Richard y Myra Mallock, como recuerdo de su viaje a Petra

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Los Boynton están de viaje por primera vez en mucho tiempo. Son una hermética familia cuya jefa es la madre, la señora Boynton, viuda de Elmer Boynton y ex celadora de una cárcel en la que él fue alcaide. Entre los hijos hay hijastros e hijos biológicos pero todos ellos parecen andar al mismo paso, el que marca la señora Boynton. Su exótico recorrido, que les lleva a lugares diferentes de Oriente, los pone en contacto con personas ajenas, como Sarah King, una joven doctora o Annabel Pierce, una antigua institutriz e incluso con gente importante como Lady Westholme, miembro del Parlamento Inglés. También conocen al famoso detective belga Hercules Poirot que será el encargado de descifrar el misterio cuando ocurra la tragedia. 

La historia comienza con una inquietante pregunta: “¿No ves que es necesario matarla?” y prosigue con entradas y salidas de hoteles, visitas, barcos, viajes y excavaciones arqueológicas. Tiene un falso aire cosmopolita porque, en realidad, todo se reduce a un núcleo muy pequeño de personas. Es una historia asfixiante, endogámica, aunque el hecho de que transcurra fuera de una mansión rural de Inglaterra puede engañarnos. Los conocimientos que tenía la autora del norte de África, de Egipto o del Oriente Medio salen a la luz en esta clase de novelas pero el fondo sigue respondiendo a su técnica narrativa. Un pequeño grupo de personas, con lazos entre sí, que se desenvuelven con la misma naturalidad que si estuvieran tomando el té en la salita de recibir de una casa inglesa. Y ese aire turbador del gesto cotidiano: todos sabemos que algo va a pasar pero no sabemos qué ni por qué. 

Sarah King es un personaje de luz enmedio de una turbulenta estructura familiar. Su aparición entre el grupo desata situaciones no deseadas ni controladas como suele ocurrir cuando un extraño se intercala en un paisaje familiar hermético. La figura de la madre, la imponente señora Boynton, cruel, cínica, descarada, extraña, aparece como representante de la opresión, de la manipulación que pueden ejercer sobre los hijos aquellos que tienen en sus manos la llave de la bolsa. Es, seguramente, la madre más repulsiva de las que Christie describe. Entre los hijos, los hombres se llevan la peor parte, son más débiles, más ineptos, más dependientes. Ni siquiera el amor es capaz de hacerlos reaccionar y eso genera decepción en sí mismos y en los otros. Las mujeres, como en otras de sus historias, tienen más poder, son más luchadoras, aunque también más malvadas. Esta es una historia en la que las mujeres son protagonistas incluso cuando no lo esperamos. Es una historia de extremos, de caracteres llevados al límite. Los aspectos psicológicos que a Christie le gustaban, tienen aquí un papel especial, aunque no es necesario ser un experto para entenderlos.

Otro elemento fundamental del relato es el paisaje externo, los lugares en los que se desarrolla. No sería posible un nudo argumental de este tipo sin las ruinas de Petra, esas cuevas excavadas en la roca que destellan al sol inclemente de los días y por las que los turistas andan desconcertados. Los nativos, tanto los guías como los trabajadores de la zona, tienen un mismo aspecto, de manera que las confusiones son muy posibles. Una de esas confusiones tendrá un lugar preponderante en el argumento. Y también la suplantación y el pasado, un pasado que está presente en los actos de algunas de las personas más importantes de la narración. 

Hercules Poirot hace de las suyas. Despliega sus encantos en la conversación para escuchar lo ajeno, algo que, para él, no tiene nada de mala educación sino que es natural y necesario en su trabajo. La primera noche ya llega a sus oídos la pregunta crucial con la que el libro se inicia. Observa y va atando cabos de una forma sutil. Toma partido por unos o por otros pero, en ningún caso, se desvía un milímetro de la recta justicia. Y así, entre piedras calizas rojas, entre restos arqueológicos, hoteles exóticos, trenes que ronronean atravesando desiertos, la historia tiene a la vez ecos domésticos y ecos viajeros. 


(La acción comienza en un hotel de Jerusalem)

El desenlace es muy ingenioso y lógico. En las novelas de Agatha Christie los finales son razonables, sensatos y, si lo miras con detalle, evidentes. Lo que pasa es que esa evidencia no siempre se puede notar antes del final porque los cabos se suelen atar en las cabezas de sus detectives, de sus investigadores aficionados, de sus protagonistas. En este caso es Poirot el que se llevará la gloria de adivinar lo sucedido. Las historias ambientadas en el extranjero son coto cerrado de Poirot y no nos imaginamos a la frágil señorita Marple alejada de Inglaterra, ni siquiera muchos kilómetros más allá de Saint Mary Mead, su pueblo, ese lugar en el que la naturaleza humana se manifiesta en todo su esplendor. 

De todas las novelas de Agatha Christie esta es una de las más inquietantes. Describe situaciones que resultan molestas para el lector, desagradables, porque mezcla la iniquidad con el afecto familiar.  El mal sobrevuela todo el tiempo, aunque no seamos capaces de detectar exactamente donde se encuentra más allá de lo que la escritora quiere contarnos. El hecho de que un grupo de jóvenes adultos esté sometido a la tiranía de una anciana impedida resulta aún más chocante, si no fuera porque todos tenemos claro que el poder de la mente va más allá del poder físico. Y que la manipulación es una acción que domina a quienes la sufren de una manera atroz. En este sentido, la personalidad de la señora Boynton es el verdadero leit motiv de la trama. Ella y sus actuaciones del pasado, ella y su vida, ella y su psicología, son las explicaciones de todo lo que ocurre. Nada hay externo salvo, quizá, el deseo de supervivencia y de conservación del status que, al final, desencadenará el crimen. Porque existe el crimen y en Agatha Christie esto es tan natural como cambiar las cortinas del salón. 


(La ciudad rosada de Petra, con sus cuevas excavadas en las rocas, son el escenario fundamental de la historia)

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Comentarios

Tabuyo Alonso ha dicho que…
Me encantan las historias de Poirot. Leí muchas en mi adolescencia así que no descarto releerlas algún día.

Besos.

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