Ir al contenido principal

Calle Carraca

Si hubieras conocido mi calle de la infancia y la vieras ahora, no la reconocerías. Entonces tenía un pavimento de piedras planas, que obligaba a los coches a circular despacio y a los ciclistas a tener mucho cuidado para no saltar en el sillín. Era una calle ancha y muy larga, al menos así la veía yo. Tenía siempre el sol en lo alto y, desde las azoteas, se divisaban las salinas, las huertas. Pero no se veía el mar, que anduvo muchos años secuestrado, escondido, a pesar de ser una isla. Sin playas, sin paseos marítimos, sin el horizonte azul, sobrevivimos muchos años viendo únicamente el mar a uno y otro lado del istmo.  Mi calle, de las más populares de un pueblo con aires de ciudad bastante elitista, iba desde la plazoleta de las Vacas a la carretera que conducía, por un lado, a la estación del tren; por otro lado, a la Bazán y a Carlos III y, siguiendo a la derecha, a la salida del pueblo, a la Venta de Vargas, hacia el Puente Zuazo, al cruce de Tres Caminos desde el que se va a Chiclana o a Puerto Real.
La calle de entonces estaba llena de casas bajas, muchas de ellas en alquiler. Había algunos negocios: la tintorería Los Mil Colores, dos o tres tiendas de ultramarinos, un secadero de pieles, un par de güichis...La parte izquierda de la calle, entrando desde la carretera de la Estación, colindaba con otras edificaciones que formaban parte de la calle paralela, pero la parte derecha era un paraíso, en ella había muchas huertas y...un cine de verano. Sí, en la parte trasera de mi casa, tras la huerta pertinente, se elevaba la pantalla del cine y eso era motivo para pasar todas las noches de verano en la azotea, pertrechados con rebecas y mantas, bocadillos y  refrescos, viendo las películas, las dos, que ponían cada día. Es verdad que, en muchas ocasiones, acudíamos al cine, pero, cuando eso no ocurría, allí estaba servida en bandeja la gran pantalla del cine que llevaba el nombre de mi calle. Ya no existe. Como otros cines de verano, desapareció hace tiempo.
La calle estaba habitada por personajes curiosos, interesantes, imposibles de describir de un plumazo. En ella ocurrían los mayores dramas, se vivían adulterios, celos, engaños, nacimientos y muertes, hallazgos, cotilleos diversos y momentos imborrables de la vida de cada cual. Las mañanas contemplaban la fila de los niños que nos dirigíamos a la escuela, y, antes de eso, el reguero de adultos, hombres todos, dirigiéndose a su trabajo, los más, a pie; algunos, en bicicleta; muy pocos (mi padre, entre ellos), en coche.
Era una calle muy alegre. Por ella transitaban las mulillas cuando había toros en la plaza. También las comparsas del carnaval o los misioneros, una vez que vinieron a catequizarnos, sin saber que estábamos convertidos desde siempre. También se venían parejas que iban de paseo, chavales jóvenes que rondaban a las chicas, muchachas que acudían a la peluquería de María José o simplemente a echar un rato de conversación. Era una calle cálida, donde todo interesaba y, como diría Jane Austen, ningún acontecimiento era lo suficientemente anodino como para no dedicarle, al menos, una mañana entera de charla y disquisición.
Las puertas de las casas estaban siempre abiertas y las vecinas se colaban en unas y otras. También los niños, aunque éramos invisibles, pues los mayores iban a su aire y, afortunadamente, nos dejaban vivir sin molestarnos demasiado y sin pretender ocuparnos en actividades que no nos interesaban. Nosotros mismos buscábamos la forma de disfrutar, con la menor interferencia de los adultos posible.
Mi calle, maravilloso espacio de libertad que hoy ya no reconozco. Las pocas veces que he vuelto me he sentido desolada ante su presencia actual. Nuevos pisos, casas restauradas que han perdido ese encanto de la casita de pueblo. Mi propia casa es ahora la sede de una cofradía de Semana Santa. Nada es lo que era y muchos de sus habitantes se han marchado o han muerto. Lo peor de todo ese que es una calle sin salida. Al fondo, en la carretera que daba a la Estación, se levanta un muro de color verde que, supuestamente, sirve para que no llegue allí el ruido de la circunvalación que se levanta en esa zona y que ha dividido a la ciudad por allí en dos partes separadas e incomunicadas.
La moda del tranvía y la peatonalización ha quitado su encanto a la calle de paso tradicional y ha lanzado el tráfico hacia afuera, sacrificando mi calle y las que quedan al otro lado del indecente muro verde.
Lo diría cualquier fandango: Mi calle ya no es mi calle, que es una calle cualquiera, camino de cualquier parte...




Comentarios

Waca ha dicho que…
Bonito, bonito... No soy de la Isla, pero vivo aquí con una preciosa cañailla criada en el parque de los patos.

Ella me cuenta mil cosas como estas y me pone los pelos de punta.

Gracias por dejarme sentir ese ambiente, por respirarlo y por imaginarlo.

Gracias Catalina

Entradas populares de este blog

"Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante"

( Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras , 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena.  La película Criadas y señoras ( The Help , 2011, de Tate Taylor ) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de ...

"Tiros al aire" de Víctor Jiménez

*** ***** La casapuerta es ese espacio anterior que da paso a las casas en Cádiz y sus pueblos. El patio, la azotea y la casapuerta forman el triángulo de los afectos, los lugares donde la conversación fluya, la vida lenta avanza y la música y la lectura adquieren sentido. De modo que así, casapuerta, se llama el prólogo de este libro de soleares que Libros de la Herida ha editado en este año de 2026 para regocijo de los amantes de esta polifacética y prolífica estrofa. Abierta las puertas de la casa de par en par, también el libro llega a su parte más intensa, al contenido que el autor ha cuidado y regala a los lectores. Aquí el contenido son un cierto número de soleares. Un catálogo de soleares. Las soleares son un estilo fundamental en el arte flamenco y su dominio caracteriza a los mejores artistas. El cante por soleá es, a la vez, sentencioso y lleno de armonía; es diverso y unitario; es una especie de canon que no ha de sobrepasarse ni llevarse al extremo, porque no lo necesita. ...

Sentada en la casapuerta

  Eran las horas de la siesta las que se aprovechaban para hacer aquello que nunca parecía bastante. Como leer, como escribir en el diario de pastas verdes con una llavecita y un pequeño candado, como coser vestidos a las muñecas, como probarse peinados ante el espejo del pasillo. Éramos mudas en las horas de las siestas, porque no se podía hacer ruido. Los niños pequeños dormían. Eran los únicos. La madre no tenía tiempo de descanso, nunca se sabía cuando dormía. Las niñas mayores odiaban tener que parar en su actividad del día. Las siestas en vacaciones eran fuente de inspiración. El tiempo del colegio, que era casi todo el año, no permitía nada más que comer rápidamente y volverse a marchar. Pero el verano traía estos momentos vacíos que se llenaban con aquello que mejor convenía. Era una vida emocionante pues cada vez traía una ilusión nueva, incluida el nacimiento del amor temprano. El suelo fresco, ese mosaico de color estropeado de tanto fregarse, era el paraíso de las horas...

Anne Carson

  Illustration by Lily Qian. Magazine The Nation.  ********** Estoy sentada en mi butaca azul celeste, mi butaca favorita ahora, desde la que puedo ver sin molestarme la plaza, los naranjos, los bancos y los soportales. Poca gente cruza por aquí, de vez en cuando una señora que arrastra un carro de la compra, o los empleados del ayuntamiento que insisten en venir a podar los setos, o algunos niños que corren en sus triciclos o detrás de las pelotas. Hay un silencio cómodo, un otoño sin hojas sueltas, un tiempo moderado y extraño en estas latitudes. El calor se agazapa y volverá un rato en cualquier momento, pero ahora parece que ha decidido anclar su velero en otro río. De este modo, en silencio, espero que el canal de Youtube que tengo abierto en mi ordenador portátil se decida a comenzar la emisión y que la gente de la academia sueca lance ya el nombre del ganador del Nobel de Literatura. Ningún año me he preocupado tanto de este asunto, así que esta vez me parece de justici...

"La Regenta" de Leopoldo Alas "Clarín"

  Tengo por ahí "La Regenta", la novela de Leopoldo Alas "Clarín" ,  en una edición preciosa encuadernada en piel de color rojo, pero que debí devolver en su día a la amiga de la facultad que me la prestó. Creo que es el único caso en que no he devuelto un libro aunque esto no debe ser visto como un mérito porque también es el único caso en que he pedido un libro prestado. El caso es que esta edición de Alba Clásica Maior tiene la belleza de los libros de esta editorial.  "La Regenta" es una gran novela. Siempre que voy a Oviedo pienso en ella y en la forma en que la ciudad muestra allí su peor cara, quizá por eso fue tan mal aceptada y tuvo que imprimirse en Barcelona. El cielo gris representa la opresión de una sociedad que tenía tasadas sus aspiraciones y que había repartido los papeles de una forma o de otra. Sus personajes, tan reales, tienen carne, son de verdad. Y, por eso mismo, terribles.  Ninguno de esos personajes es un ejemplo de nada, ninguno ...

¿Por qué Agatha Christie mató a Poirot y no a la señorita Marple?

(Fotografía de la autora del blog)  Este es uno de tantos misterios de los que rodean la vida y la obra de la autora a pesar de ser leída por millones de personas. En 1975 la novela "Telón" terminó con la muerte del famoso detective Hércules Poirot . No diré qué sucedió por si alguien no la ha leído pero su obituario se publicó incluso en el New York Times . La prensa dio fe del fin de alguien que era y es tan conocido como si hubiera existido en realidad. Sin embargo, la señorita Marple permanece viva. Ella es bastante más mayor que Poirot, lo que diríamos "una anciana", sin embargo siguió gozando de buena salud y suponemos que en activo a la muerte de la propia autora un año después, en 1976. Podíamos decir que la sobrevivió. Agatha Christie mostró más apego y consideración a la viejecita detective aficionada que a su súper detective belga. Y esta fue la hora de evidenciarlo. Sin embargo ¿por qué? Solo podemos hacer conjeturas pero para eso estamos los lectores,...

El árbol fucsia de la esquina

  El árbol fucsia de la esquina ha estallado. Lo ha hecho sin avisos. Entrado octubre, la naturaleza ha comenzado el juego de cada año. Florecer y esconderse. El árbol llama la atención de mis ojos cuando me asomo a la terraza para echar el toldo. Es un gesto inútil de todas formas. El toldo tapa un sol tímido que va y viene, porque el mes de octubre es discreto en todo, es el mes de la discreción, el mes de los paseos, el mes de los encuentros tras la cansina exposición de todo el verano. Si tienes la suerte de que la espalda no te duela, si la lumbalgia estacional no ha reaparecido, si alguien se cita contigo "a tomar algo", si la tristeza se arrumba por un tiempo en una habitación lejana, si te levantas con ganas de jaleo y de lucha, si optas por escaparte y no perderte, entonces octubre es el mes en el que vas a recorrer la ciudad de punta a punta. Verás cruzar los puentes a la gente atrevida, verás a los remeros en el río, verás el color plata de las tardes inciertas, ve...

William Eggleston: poesía en los suburbios

/William Eggleston nació en Memphis, Tennessee, Estados Unidos, el 27 de julio de 1939./ Nadie recorrería tranquilamente esos parajes, ni tocaría con confianza las paredes, ni sacaría una coca-cola de la máquina. El negocio de los coches parece definitivamente abandonado y las casas tienen el aire derruido de los suburbios industriales. Todo está muerto aunque quizá reviva cuando amanezca el día y haya quien transite por allí haciendo negocios, toda clase de negocios. Pero antes de eso Eggleston ha montado su cámara y ha convertido en historia el color y la forma, ha hecho que esa esquina de ninguna parte llegue a parecer un paraje embrujado. Arte con todas las letras. 

Mamá

  /La casita de Chawton, en la que vivió Jane Austen con su madre y hermana/ ¿Cómo era la madre de Jane Austen? ¿En qué influyó en la vocación literaria de su hija? ¿Se llevaban bien? Para empezar pertenecía a una familia superior a la del padre en cuanto a títulos, ascendencia y parentesco. Su padre era el reverendo de Oxfordshire y su tío Theophilus Leigh, un tipo excéntrico y eminente. La propia Cassandra tenía importantes cualidades intelectuales: era inteligente, tenía sentido crítico, un humor irónico muy reconocible y era muy sensata. Esa sensatez la demostró al casarse con alguien tan formal como George Austen, clérigo, y también al espaciar convenientemente los sucesivos partos de sus ocho hijos, de modo que no se resintió su salud ni la de los niños. Cassandra Austen, madre, murió a los ochenta y ocho años, diez años después que su hija, y solo padeció una leve hipocondría que se fue acentuando con la edad como suele ser normal en esta dolencia.  /La ciudad de Bath, ...

La extraordinaria vida de Muriel Spark

  (Muriel Spark por Kate Boxer. London Gallery) Si alguien se figura que el título de esta entrada es medio exagerado se equivoca del todo. Más bien podría añadir unos cuántos calificativos más a la vida de esta mujer, esta escritora, de la que se podían escribir unos cuántos libros, rodar varias películas y publicar miles de artículos. Una vida extraordinaria y, por lo tanto, apasionante. De modo que empiezas a merodear por sus libros y terminas zambullida en ella misma. Así es la cosa. No hace falta añadirle imaginación al relato, basta con los datos concretos y con el reguero de obras que dejó, algunas de ellas autobiográficas. Hace quince años que murió y las editoriales se la disputan. Saben que vende, que es una de las escritoras más leídas de este momento y así seguirá año tras año. Más de veinte novelas y otros tantos libros de poemas, cuentos, crítica literaria o biografías, avalan su trayectoria. Pero, además, está su vida. Esa que fue extraordinaria y que tiene mucho que...