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El camino...de Billy Elliot


Hay veces que se cruzan los pensamientos, que se enredan, y, cuando te das cuenta, todo se convierte en una amalgama, de forma que tienes que volver a tirar de ellos, sacar los hilos de donde se han mezclado, devanar la madeja, comenzar de nuevo...

Lola Villar propuso la semana pasada que nuestros alumnos de tercero de ESO, a los que damos clase de Cambios Sociales y Género, vieran esta película. Me fío del criterio de Lola, pero no tenía mucha confianza en que me gustara.

En éstas, murió Delibes y pensé, al repasar su biografía, en lo que significan la fuerza de las convicciones, sobre todo, cuando uno tiene que transitar por caminos políticamente incorrectos. Mantenerse firme en lo que uno quiere, en lo que uno desea, en lo que uno necesita... Complicado, desde luego.

En la cafetería del Instituto conversé, ese mismo día u otro, no lo recuerdo, con Sema DÁcosta, uno de nuestros profesores de Imagen y Sonido. Hablamos de Antonio Sosa, el magnífico pintor y escultor de Coria del Río, con fama internacional. Antonio Sosa no pudo ser otra cosa que pintor y escultor, porque no se adaptaba a ningún empleo, ni a ninguna otra situación, era un inadaptado que tenía que ser lo que es. Ni siquiera pudo acabar sus estudios de Bellas Artes, porque lo suyo no era eso tampoco, no era la norma, ni la academia. Lo que buscaba representar, no estaba fuera, sino dentro de él.
Delibes tuvo que mantener sus ideas, a contracorriente muchas veces, porque no siempre ha sido reconocido y aplaudido globalmente. Algunas de las cosas que defendió en su vida, no son aceptadas por la ideología general de hoy que lo impregna casi todo. Y siempre es más fácil, dejar al lado los principios de uno y volverse a mirar lo que pasa por ahí, el gran río revuelto que corre a nuestro lado y que puede engullirnos, si no estamos alertas.

Y...Billy Elliot. Esta película me deparaba una maravillosa sorpresa. Desde el primer fotograma me conquistó. Por el niño, que quiere bailar en el trasfondo de la dureza de las minas, de las huelgas, del boxeo, de los puñetazos y las luchas. Por ese otro niño, que era homosexual y tenía miedo de decirlo. Por la profesora de baile, que vio en el niño su esperanza. Por la madre, desaparecida. Por el padre, sin ilusión y sin fe. Por el hermano, atrapado. Y, más que nada, por la abuela: en camisón por el bosque, recordando que pudo ser una gran bailarina, con su gorrilla en la mesa de desayuno, con su mirada triste porque las cosas se le escapan...Conozco muy de cerca esa mirada, y muchos de vosotros, lectores de este blog, también la conocéis. Es la mirada más terrible, la que lanzan los ojos sobre cosas que ya no reconocen.


Todos mezclados me han hecho pensar en lo importante es que nuestros alumnos sepan lo que quieren, sepan qué les gusta, sepan qué talentos tienen... Y esto es algo difícil. Muchos de nosotros no sabemos todavía qué es aquello que nos haría verdaderamente felices. Ayudarlos a encontrarse, orientarlos, animarlos, estimular su curiosidad, su entusiasmo; hacer que se sientan comprendidos en sus aficiones. No todo el mundo tiene que hacer lo mismo, ni que ser igual.


Una gran parte de la posibilidad de que nuestros alumnos encuentren el camino está en nosotros. Sé que no es sencillo, pero, por eso mismo. La profesora de baile hizo que Billy Elliot entendiera que valía la pena luchar por lo que quería y en el camino de Delibes hubo alguien que le hizo ver que escribir era lo suyo, su propia esposa, Ángeles. En el caso de Antonio Sosa, puedo deciros que conocí a su padre y que era el hombre más abierto al arte y a la vida que uno imaginarse pueda. Por ahí van las cosas.


Tener la suerte de encontrarnos con alguien que vislumbre lo que podemos ser y que entienda lo que somos, no está siempre al alcance de todos. Seamos sinceros. ¿Cuántas veces hemos hallado a esa persona que se entusiasma con ese talento que tenemos o con esa cualidad o con esa idea? No es fácil, lo repito. Estaba yo ayer en el bautizo de mi nuevo sobrino, David, y cuando el cura dijo que los padrinos teníamos que velar por su fé, yo pensé: Y velar porque se encuentre a sí mismo, entre tanta gente que distraerá su verdadero camino. Y al pensar en el camino, volví a Delibes. Y al mirar a mi madre, volví a Billy Elliot. Complicado, ya lo véis.
Pero nosotros, que tenemos la suerte de ser profesores, quizá podamos mirar a nuestro alrededor con las gafas de ver las ilusiones y darles a nuestros alumnos un empujoncito hacia sí mismos, hacia lo que son, hacia lo que quieren, hacia lo que buscan, hacia lo que esperan...
Lo dejó dicho "El Principito": "sólo se ve con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos".

Y esto no es literatura...

Comentarios

Juan Eduardo ha dicho que…
Conocía la película desde hacía tiempo y cuando hace unos meses viajé a Londres una de las primeras cosas que hice fue ir al musical del mismo nombre que por aquel entonces ponían en el West End. Si la película emociona el musical lo hace aún más, es sencillamente fantástico. El joven actor que hacía de Billy tuvo una actuación portentosa y muy aplaudida. Lo primero que pensé cuando acabó y el público aclamó por más de diez minutos en aquel teatro abarrotado de Londres es que aquel chico menudo y excelente bailarín estaba viviendo la misma experiencia que el personaje al que interpretaba y estaba allí en medio del escenario entre aplausos igual que en la escena final de la película. Era como representar en el teatro su propia vida. Luego buceando en Internet comprobé que efectivamente era así y que esos chicos que interpretaban a Billy Elliot habían pasado un durísimo casting para llegar allí.Y me los imaginaba en la escuela y en sus clases de ballet soñando con interpretar a Billy Elliot.Ningún sueño de los que aparecen en las películas es irreal, todo puede ser posible.
Caty León ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Caty León ha dicho que…
Sí tienes razón, se trata de saber qué es lo que uno quiere y luchar por conseguirlo.

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