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El encuentro

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PRIMERO Una mujer sube a un tren. Es un tren de alta velocidad. Un vagón silencioso. Viernes al mediodía, octubre, un otoño que se inicia en un día esplendoroso con el cielo tan azul que lo cubre todo de una pátina emocionante. Es un día en el que pueden ocurrir muchas cosas, un día de expectativas, de promesas. La mujer espera que esas cosas sean buenas, que le traigan felicidad. Hasta ahora ha tenido poca suerte en la vida, pero quizá ahora todo cambie. Este viaje puede ser una señal. Una variable en su camino, un atajo hacia tiempos más fructíferos.  La mujer tiene una edad indefinida, entre cuarenta y cincuenta años. Va bien vestida, con ropa de calidad que revelan buen gusto. La ropa ha sido escogida con sumo cuidado, probada ante el espejo, fotografiada quizá para ver cómo resulta. Quiere dar una buena impresión. La primera impresión constituye la tarjeta de presentación y no es sensato dejarla a la improvisación. Por eso ha ido el día anterior a la peluquería...

La música de tus manos

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   Aun en los días del duro invierno, cuando los amaneceres son hostiles, cuando las sábanas nos atrapan y no quieren dejar pasar la luz, aun entonces, en las tardes de brasero y estufa, en la penumbra de las bombillas pequeñas y distantes de tu estudio, ahí, aun, estabas tú en la música.         Manos largas, morenas, manos doradas y prendidas en el abrazo. Manos fuertes sujetando los mástiles. Manos llenas de devoción, asidas al silencio de las notas. La música se eleva en torno tuyo entonces. Haces la música y nosotros, pequeños destellos sin amanecer, sonreímos.     Unos días sonaba la trágica historia de la copla, voces desgarradas, voces de mujer, hombres insólitos, las vidas de quienes el pueblo señala con el dedo, dolores que no pueden escribirse pues no tienen remedio. En ocasiones, era la airada música de la ópera más terrible, la ópera siniestra de la venganza, rostros tensos, oscuros, muertes anunciadas.  ...

Jane Austen y Virginia Woolf

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Adeline Virginia Stephen, Virginia Woolf para la literatura (Londres, 1882-1941), en su famoso ensayo "Una habitación propia" describe la escritura de Jane Austen como "una obra para personas mayores, escrita por una mujer, que escribe como una mujer y no como un hombre". Esta aseveración podría ser tomada de manera negativa, pero no es el caso. En el ensayo citado, Woolf reivindica por primera vez la necesidad de que la mujer muestre su independencia intelectual por medio de la literatura, como una forma de expresión del talento que había tenido que sufrir inconvenientes varios. Desde los casos en los que la mujer no firmaba con su hombre, hasta aquellos en los que la firma que aparecía era la del marido. La afirmación de la mujer no es tanto cosa de gritería feminista sin aquilatar, sino de ir consiguiendo subir escalones cuya dificultad es manifiesta.  Esta vindicación de la obra de Austen favoreció el que la crítica la considerara algo serio, mucho má...

¿Amigas?

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En la película “Carta a tres esposas“, tres amigas sufren lo indecible ante el anuncio de que uno de sus maridos se ha marchado con otra amiga, con la cuarta amiga de la historia, que no aparece nunca en escena pero que las tiene a todas de los nervios. En “Eva al desnudo“ la íntima amiga y protegida de Eva termina por dejarla en la estacada, por usurparle su sitio, aunque, claro está, la justicia divina no permitirá que se vaya de rositas y, al final de la película, ya está haciendo su aparición esa otra amiga que le hará la misma jugada a ella. El tema de las amigas que no lo son tanto, que, en realidad, sienten envidia o resentimiento contra la que definen como su amiga del alma, no es nuevo, existe en el cine, en la literatura y en la realidad.  Ahora que hablamos en confianza podía contaros algunos ejemplos vividos en primera persona. Por desgracia, soy experta en “amigas“ de esta clase. Quizá por eso siempre he preferido tener amigos, con los que la cosa fluye mucho mejor ...

Jazmines en otoño

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Jazmines. No en el pelo, columpiándose en una canción de ida y vuelta. No adornando el rostro de una chica, que camina sola en esta mañana de sábado. No sobre la mesilla de noche, en un pequeño recipiente de cristal para que perfume la habitación en la que se susurran palabras de amor. No en el porche, para ahuyentar con su olor denso y penetrante a los mosquitos. Tampoco en una moña que vende con desgana ese chico tan joven con aspecto de no entender casi nada de la vida. No. En el suelo. Los jazmines en otoño caen al suelo, vencidos por la fuerza del viento sur, por la urgencia de la lluvia que cae de forma intermitente y que, cuando se aleja, convierte el pavimento en un rosario de miguitas de pan, a base de jazmines que vuelan y lo alfombran. Cualquier cuento de hadas podría escribirse entre estos jazmines, cualquier detective sumaría a sus pruebas estas huellas blancas y ligeras que se desparraman por toda la acera en este día de otoño. Jazmines en el suelo. En otoño....

Sofía

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“Dos mujeres“ La película que a mi madre la acercó a la Loren definitivamente. La que le proporcionó a Sofía un Óscar de la Academia, un BAFTA y el premio de interpretación femenina de Cannes, entre otros honores. En “Dos mujeres“ la vena dramática de Sophia Loren saltaba a la pantalla con toda su fuerza, de una forma directa que llegaba al corazón de aquellas mujeres, contemporáneas suyas, que sabían bien lo que era sufrir, lo que era tener necesidad, lo que era sobrevivir.  El éxito de “Dos mujeres“ catapultó a la Loren más allá de esa lista de guapas oficiales italianas, en la que estaban también Lucía Bosé o Gina Lollobrigida. Nada que ver. Sophia Loren saltó por encima de todas y se encumbró allá donde antes que ella ninguna otra italiana había llegado. Opuesta a la tormentosa imagen de Anna Magnani, pero cultivando también un prototipo de mujer fuerte, apasionada y llena de matices, su carrera cinematográfica ha estado a la altura del mito. La hija de Romilda Villani, su fam...

Mañana

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Has entrado en la peluquería con los ojos callados y el cuerpo tenso. Aquello, sin embargo, te ha venido muy bien. Allí están Jessi y todas sus historias, las que cuenta con cara de sorpresa, lo que dice de su vida y de la vida de los otros, así que su charla te reconforta y ves que en todas partes se han cocido las habas. El peinado, perfecto, dice siempre. Tienes un pelo que se amolda a todo. Y el flequillo, quizás un poco largo. No. Le dices. Suelta las tijeras, deja que siga largo. Has salido de la peluquería con otra cara nueva, quizá por el peinado, quizá por las sonrisas, quizá por los afectos. Y al lado, allí, muy cerca, en la cafetería, te has encontrado con ese colega que, en varias ocasiones, te ha invitado a salir y siempre te has negado. Una primera cita que te hace sentirte un poco rara. Porque hace tiempo que no vives una primera cita. Y porque las primeras citas pueden ser las últimas si la cosa no marcha. En fin. Aquello está vacío. Todavía hace calor, la gente...