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Entradas

"Las Connor" de Edna O´Brien

(Fotografía de Nina Leen)  A my y Lucy son las chicas Connor. Dan la impresión de ser diferentes a todo lo que hay por allí, que el pueblo se les queda pequeño y más pequeña aún la vida rural, el campo, las extensiones multicolores de cereales, las montañas, las colinas, todo lo que sea naturaleza. Ellas son todo lo contrario, puro artificio en ocasiones, pero siempre atrae conocerlas, ver si es verdad lo que parece al exterior.  L a narradora de este cuento, Las Connor , incluido en Objeto de amor, es una chica que contempla el mundo con ojos pacíficos y sin desgastar todavía. La estricta educación religiosa que ha recibido le hace dudar de algunas cosas. En su mundo, un protestante es un extraño, alguien fuera de sitio, alguien que puede arrastrarte, a su vez, a separarte de los tuyos. "Y en ese momento me di cuenta de que al escoger su mundo había dicho adiós al mío y a quienes lo habitaban. Decisiones así van convirtiéndonos en exiliados, hasta que al final nos v...

Virginia Woolf: Por qué las mujeres no tienen tiempo de escribir

En esta edición de Páginas de Espuma de los ensayos literarios escritos por Virginia Woolf (1882-1941)  hay mucho de todo. Merece la pena una lectura atenta y reposada y una reflexión posterior. Cada uno de esos ensayos requiere darle unas cuántas vueltas después y requiere además del pensamiento propio. Lo bueno de estos ensayos es que algunos presentan problemas y situaciones que te han venido antes a la cabeza, que te han llevado a preguntarte sobre asuntos y cuestiones que tienen miga. La obra literaria de Virginia es una cumbre pero su aportación a la teoría de la literatura también lo es, a pesar de que sea menos conocida y hasta poco reconocida. Todavía falta mucho para que Virginia Woolf deje de ser solamente una activista de lo femenino que una y otra vez insiste en que la mujer tiene escasa voz pública por razones muy diversas.  Analizar este libro, pararse en él, da para muchas entradas y así se intentará hacer en este blog. De ella se aprende y con ella se compa...

"El día de Año Nuevo" de Edith Wharton

  El comienzo de la novela es muy Wharton. Una simple observación de la señora Parrett pone en suerte la historia. La señora Barrett es una madre maliciosa, quizá como la propia madre de la escritora, con la que nunca tuvo buena relación, como esa larga lista de madres censurables de la literatura, no porque formen parte de libro alguno, sino porque son madres de escritoras. Esa primera frase no es solo un comentario malintencionado sino la puerta que abre paso a una intriga ¿quiénes son esos que dan que hablar en una Nueva York petrificado por las buenas costumbres y las relaciones sociales? Y quizá la pregunta definitiva ¿cómo se atreven? La cosa se resume en que un día de Año Nuevo, mientras la familia se reúne para celebrarlo en su elegante casa de la Quinta Avenida, precisamente enfrente, en el hotel que lleva el mismo nombre, se declara un incendio y a su conjuro aparecen, por un lado, los fornidos bomberos neoyorkinos, héroes de toda la juventud de entonces, y, por otro, los...

"Hicimos un jardín" de Margery Fish

 Margery y Walter compartieron juntos la aventura de reconstruir una casa vieja en el campo y añadirle un jardín. Se querían. Cada cual tenía su propia idea de lo que debía ser un jardín. No faltaban disputas ni ironías ni comentarios acerados. Pero se querían. Al final, sus plantas favoritas se unieron entre sí, se juntaron y se convirtieron en símbolo de su propia unión. Porque hacer un jardín es algo más que preparar el terreno, seleccionar los esquejes, comprar los bulbos, elegir las plantas, roturar los caminitos, surtir de agua, limpiar, abonar, terminar con las plagas, cubrir, proteger, de la lluvia y el viento, plantar, colocar vástagos, construir un semillero, poner nombre a los senderos y recodos... hacer un jardín es un acto de amor.  Estamos en la década de los años treinta del siglo pasado. Un tiempo difícil. Los ves representados en las películas y te imaginas una dorada tranquilidad con ramalazos verde, naturaleza y música, pero no fue así, porque sobre el mundo...

La naturaleza humana es la misma en todas partes

  Greenway, Devonshire, la casa de veraneo de Agatha Christie, construida según el estilo georgiano en 1790. "Un día vi que la mansión que yo había conocido de joven estaba en venta, así que fui a verla y era preciosa, tanto la construcción como sus jardines. Era un edificio georgiano de 1780 o 90, rodeada de bosques. Era la casa ideal, la de mis sueños".  Agatha, mi querida Agatha... cuántas horas he pasado leyendo tus libros en cualquier parte, en cualquier sitio. En los rincones de mi casa, en las azoteas, en la puerta de la calle, en un escalón de la escalera que subía a la azotea, en una silla de la cocina, en las estaciones de tren, en un café de una ciudad cualquiera. En todas mis aventuras de adolescencia y de juventud me has acompañado, querida, queridísima Agatha, tú y tus personajes. Recuerdo tus tramas, tus historias, tus desenlaces, tus crímenes, sí, tus crímenes, y a tus detectives. Yo era más de Poirot y el paso del tiempo me ha ido haciendo de Marple. Ella...

Una excursión a Box Hill

  Los placeres de una gira campestre no pueden desecharse, de modo que todo Highbury se apuntó a la excursión a Box Hill. La señora Elton estaba muy reticente al principio porque su intención era visitar la zona acompañada de los señores Suckling, pero cuando comprendió que no podía contar con ellos tuvo claro que no había otra opción que participar en la gira que los habitantes de Highbury estaban preparando. Lo que, en principio, para Emma era una visita sencilla con el señor Weston en el coche de este (la señora Weston no podía sumarse al plan porque estaba embarazada) se convirtió en una multitudinaria compañía porque la señora Elton, sencillamente, no podía estar sin público. El señor Weston, que no solía darse cuenta de nada, argumentó que "una comitiva nunca es demasiado grande" y ni siquiera había captado la antipatía mutua que existía entre la señora Elton y Emma. La verdad es que el pobre hombre no sabía nada de los antecedentes de esa antipatía y creía, de buena fe...

"La peluquera y Proust" de Stéphane Carlier

  Clara vive una pequeña vida, de esas sin importancia. Como la mayoría de nosotros. Aunque quizá no sea esto nada exacto. Su vida es todo lo que ella tiene, por eso la importancia relativa solo se refiere al mundo, al gran mundo, a la existencia en general. Pero, aún así, aunque dispone de una jefa, un gato, un novio, a Clara parece faltarle algo. En este punto mucha gente se sentirá identificada con Clara. Te falta algo y no sabes qué. Incluso la gente puede pensar de ti que eres muy afortunada, que tienes cosas que la mayoría no tiene. Un novio guapo, un gato simpático, una jefa malvada. Hasta la jefa tiene un buen significado porque indica que trabajas, que no estás todo el día tirada en el sofá manejando Youtube. Nada de salseo, trabajo remunerado y buenas vacaciones. Pero a Clara le falta algo, un sentido, una ilusión, una búsqueda. Y lo encuentra, ya lo creo que lo encuentra. Eso es lo que relata Carlier y lo cuenta en esta novela sencilla y sin aspavientos que parece de had...

Jane Austen no era una víctima

 El victimismo es un peligro en el que puede caerse a la hora de reivindicar el papel de las mujeres. Y suele dar mal resultado. Jane Austen no era ninguna víctima. Por mucho que se la haya pintado en rosa, su vida no fue fácil. Como sucede en prácticamente todas las biografías de los seres humanos, en su corto itinerario hubo de todo. En ese "todo" entran elementos de la sociedad en que vivió y otros estrictamente particulares. Caer enferma y morir joven fue una mala suerte. Tener talento literario, una lotería. Nacer en una buena familia es una circunstancia afortunada, pero si nos fijamos en los matices ya las cosas no nos agradan tanto. Un hermano enfermo desde niño, una madre de carácter difícil y rasgos de hipocondría, escasos recursos económicos, dependencia de sus hermanos y antes de su padre, pérdida de la ilusión amorosa, tristeza por la pérdida del prometido de su querida hermana, la muerte prematura de su prima Eliza, no tener casa propia y vivir de prestado. Todo...

La espera

 La ciudad amaneció amenazada por una lluvia cierta. Los boletines que anuncian el tiempo así lo habían avisado. Pero, como siempre, el agua se hizo esperar y estaban todos los niños en el colegio, dibujando a Alicia y al conejo blanco cuando la tormenta estalló. Había rayos y truenos y, sobre todo, agua. Unas nubes destellaban sobre el colegio, sobre la calle entera, sobre la ciudad y sus mares. Los ventanales del aula ya no trajeron luces sino la sombra oscura de las nubes reflejándose en la tersa madera de las bancas. Las niñas, inclinadas sobre el dibujo, apenas prestaron atención al acontecimiento. Porque en esas edades ninguna tormenta puede hacerte variar de rumbo y no hay ningún niño al que asusten la oscuridad ni siquiera el perfil violento de las nubes. En el patio central del edificio, ese que tenía azulejos amarillos y azules festoneando las paredes, no se oían las voces de otros días cuando los niños salían a recitar las tablas o a hacer contorsiones gimnásticas. Duran...

Eggleston: el color atraviesa la luz

  Entre los fotógrafos cuyo trabajo admiro está William Eggleston (Memphis, 1939). Su tratamiento del color es tan extraordinario que te gustaría acercarte y tocarlo, ver cómo las manos se deslizan por la realidad que él representa tan certeramente. La fotografía es el gran arte del siglo XX y este fotógrafo es uno de sus más importantes ejemplos. Solo con dos elementos fundamentales, la luz y el color, jugando entre sí de forma recíproca, consigue crear una historia con cada una de sus fotografías. Por eso es inspirador, por eso verlo es una forma de estímulo para convertir en palabras sus imágenes.  Resulta impensable hacer poesía visual con objetos prácticamente de desecho. En la foto superior hay dos contenedores de basura, una especie de caseta hecha de materiales deleznables, unas vallas que separan la naturaleza inhóspita del espacio central, restos de paquetes abandonados, incluso el suelo está manchado, no tiene ningún cuidado. ¿Cómo de todo eso puede resultar una fot...

Eve Arnold, la fotógrafa del alma

Eve Arnold (1912-2012) es una de esas artistas cuya obra no pasa desapercibida, abren nuevos caminos y generan modelos no superados. Nacida en Filadelfia de padres judíos que emigraron desde Europa estudió fotografía y cine y colaboró, a lo largo de su vida, con revistas de categoría, como Life, París Match, Stern, Sunday Times y Vogue. Sin duda su principal logro laboral fue formar parte como miembro de pleno derecho de la agencia Magnum Photos, la más importante empresa gráfica del mundo. Su obra tiene tres principales temáticas: los retratos (muchos de ellos de actores y personajes relevantes), la fotografía social y el documento de viajes. Fue autora de nada menos que 11 libros de fotografía y viajó por todo el mundo para obtener sus fotos. Su trayectoria le valió varios doctorados honores causa y muchas otras distinciones. Llegó a pertenecer a las asociaciones fotográficas más importantes del mundo.  Su método de trabajo ha sido ponderado por los expertos. Generaba...

Genevieve Naylor: el triunfo del color

La fotógrafa y fotoperiodista Genevieve Naylor (1915-1989) tiene múltiples facetas a lo largo de cuarenta años de profesión. Después de estudiar pintura, decidió dedicarse a la fotografía, sobre todo por la influencia de su amiga Berenice Abbot, también fotógrafa. Su matrimonio con el artista de origen ruso Misha Reznikoff (1905-1971), un amante del jazz, la llevó a los ambientes bohemios del Village, donde instalaron ambos su estudio. Una misión encargada por el departamento de Estado los llevó a Brasil en el año 1940, en el marco de la política de buena vecindad que pretendía dar a conocer la riqueza cultural de este país. Allí, Naylor hizo más de mil fotografías no solo de aspectos monumentales o históricos sino, y sobre todo, de la vida cotidiana de la gente, los tranvías, las calles, las escuelas, los niños...Este trabajo alcanzó un gran reconocimiento y a partir de ahí recibió ofertas de trabajo de las revistas más prestigiosas del momento. Así trabajó para Vogue, Cosmopol...

Oculta geografía

(Jennifer Lawrence en Nueva York. Fotografía de  Annie Leibovitz para Vogue, septiembre 2017) He vivido en el centro del miedo. He lanzado preguntas y ninguna ha tenido respuesta. He sentido un volcán de lava derretida bajo mis pasos. He soñado que mi vida era otra. He querido ser alguien diferente. He llorado hasta que las lágrimas han dejado de existir. Me ha dolido el corazón sin que nada ni nadie pudiera siquiera darse cuenta de que las notas de mi melodía estaban apagadas. He sido cobarde para amar. He sido valiente para decir adiós.  Pero he aquí que, a miles de kilómetros del mundo, quizá en otra galaxia, la luna se ha adueñado de un firmamento oscuro, yermo de estrellas, escrito en tinta china. El centro de la bóveda rodea el cuarto creciente y debajo, la arena que hace horas abrasaba, se ha tornado en azúcar, cálida y sin terrones. Los pies desnudos, los pies descalzos, todo, desnuda entera yo, mi corazón desnudo.  Me he mirado a mí misma a través de ...

En la noche de la Nochebuena...

La Noche de Antonio da Correggio. 1530. Óleo sobre tabla. Gemäldegalerie Alte Meister, Dresde Cuando era niña vivía una Navidad llena de ritos, significados, música y adornos. Mi padre llenaba la casa de lazos, de guirnaldas, de muñecos y de regalos. Parecía una casa americana, de las que salen en las películas, toda llena de verde y de rojo, de musgo, de poinsetias, de caminitos, puentes y norias. El árbol y el nacimiento, los dos sin discusión alguna, cada uno en su sitio y en su papel. Y mi madre se encargaba de que los Reyes Magos llegaran cargados de juguetes. Buscaba desde meses antes aquello que a cada uno nos iba a gustar más. Preguntaba, indagaba, era una detective de los monarcas y, llegado un momento, también de Santa Claus. Una emisaria perfecta. Libros, juegos, mochilas, música, ropa, chucherías...¿cómo llamábamos a los caramelos, los bombones, las monedas de chocolate, los cigarrillos de mentira, los reyes que se comían? Ah, sí, la rebujina. La rebujina estaba junto ...

Cuento de navidad: Recuerda por qué brilla ese árbol

La casa estaba encendida. Como otros años, como todos los años anteriores, como muchos años de otros tiempos, la casa estaba cubierta de la pátina del dorado y el rojo. El muérdago aparecía sobre la puerta, como si esta fuera una casa inglesa. Las ventanas tenían figuras imaginadas de renos y viejos con barba blanca. En las esquinas de la entrada, dos maceteros con flores blancas y plateadas saludaban con cierta desgana a los visitantes.  Al fondo del salón, en el sitio de honor que se había logrado despejando hacia un lado la enorme pantalla de la televisión, allí estaba el árbol, un pino natural, porque aquí en estos sures los abetos son solamente de plástico, recogido de un vivero un día antes, plagado de bolitas de colores, cintas de espumillón, casitas de madera, muñecos, todos ellos vestigios de los niños de la casa cuando eran niños. No se trataba de una de esas decoraciones simétricas tomadas de una revista. No, era algo más natural, más íntimo, más cercano.  ...