La sonrisa


   La sonrisa es el gesto más acogedor que una persona puede realizar. En un momento dado, se abren las puertas al exterior y, a través de la sonrisa, lo de fuera se funde con lo de dentro, lo que somos se une a lo que son los otros. No todo el mundo entiende el valor de la sonrisa. Hay gente que no sonríe casi nunca. Y hay veces en que sonreír cuesta muy caro. Veces en que la sonrisa supone un esfuerzo mucho más grande que las lágrimas. Alguien puede pensar que esto es exagerado, pero no, y por eso mismo voy a contaros una historia. 
  La historia comienza con una muerte. La muerte de alguien joven a quien no correspondía morir, una muerte sin piedad y sin épica. Una muerte dura para ese hombre y para todos los que lo rodeaban y querían. No eran tantos. La vida engaña, la muerte asegura sus deudos verdaderos. Desaparecerían todos como aves que vuelan a otros campos aunque eso todavía no lo sabíamos en los días primeros del luto. Amigos que habían dicho de serlo, colegas que habían vivido a su albur, gente a la que ayudó, incluso familiares que tuvieron ganancias de su mano. Gajes de la muerte, que tapa agradecimientos y que sitúa las penas en el lugar exacto. Las cosas adquieren entonces su nombre verdadero. Las lágrimas están de un lado, la soledad se aposenta y no quiere marcharse, los supuestos amigos se lanzan al exterior y huyen. Así sucedió todo. No vais a perderos las vacaciones de agosto, da igual quién sea el muerto, dijisteis a vosotros mismos. 
    El muchacho que se quedó huérfano y la mujer que perdió a su compañero son varas de acebuche que el viento golpea a su libre albedrío. Todo lo demás era literatura. De modo que se inauguraron los días del silencio y así las cosas lucieron una nueva rutina. Una rutina más difícil, más dura, más perdida, más lastimosa, más falta de manos generosas. No hay nada que pueda levantar el corazón cuando el corazón ha perdido ya tanto. El muchacho tuvo que lidiar consigo mismo y con la vida. La mujer se balanceaba como un barco a la deriva y apenas logra recordar como sobrevivió a esos días, de los que solo le quedan pequeñas notas de música convertidas en humo. El camino al colegio, la vuelta del colegio, los niños del colegio, el vacío del colegio, las madres del colegio, el paisaje extraño, la calle desconocida, la casa solitaria, las imágenes latentes, los recuerdos prendidos, las antiguas lágrimas que se ya se marcharon, la rabia, el miedo, el dolor, la rabia, quizá el odio, no se sabe, no se sabe. 
    Un día, no se supo cómo, una sonrisa volvió a cruzar el aire. El espejo devolvió a una persona distinta, vestida de rosa, pero que nunca más sería la misma. La otra mujer se había perdido, había desaparecido en la vorágine de la pena, no se sabía en qué lugar, en qué momento, en qué galaxia lejana estaba aquella mujer que había perdido al compañero de vida. Tirar del carro con dolor, tirar del carro en soledad, tirar del carro con miedo, tirar del carro con sufrimiento, tirar del carro con ansiedad. Esbozar una sonrisa. 

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