El problema de las herencias en Jane Austen
/El entonces vicealmirante Francis Austen en Halifax/
La cuestión de las herencias vinculadas es uno de los más recurrentes en la narrativa de Jane Austen. Aunque no aparece en todas las novelas por igual, sí tiene presencia en algunas y de forma destacada lo que nos sirve para conocer cómo era el estado de cosas si consideramos dos aspectos: el mayorazgo y la vinculación a la rama masculina. Eran tan frecuentes los matrimonios en segundas nupcias que no pocas veces los hijos del segundo matrimonio se veían desprotegidos cuando, a la muerte del progenitor, el heredero se desentendía de ellos, cosa que sucedía con mucha asiduidad. Algo no exactamente así había ocurrido con el padre de la escritora, George Austen. Su padre se casó con una viuda con un hijo, con la que, a su vez, tuvo otro hijo más y dos hijas. A la muerte de ella, volvió a casarse, dejando viuda a la madrastra y dueña de todo lo que poseía. Después de la muerte de William Austen, la madrastra echó literalmente a los niños a la calle y cada uno sobrevivió como pudo. La ayuda de los parientes y su talento hizo que George pudiera convertirse en clérigo y adquirir una educación, pero su hermana pequeña, Leonora, por ejemplo, anduvo de mal en peor y se terminó por no saber nada de ella.
En Sentido y sensibilidad, la primera novela que escribió y la primera que se publicó, se cruzan dos tramas relativas a las herencias. La primera surge de la muerte del señor Dashwood, casado por segunda vez y con tres hijas a su cargo: Elinor, Marianne y Margaret. El hijo mayor y heredero dejará a la intemperie a la viuda y sus hijas, en un ejercicio de egoísmo y desprecio a la voluntad del moribundo que se explica extensamente en la novela, siempre con la cooperación de su detestable esposa, Fanny Ferrars. De resultas de la situación nos encontramos con que las Dashwood tienen que buscar alojamiento y marcharse de la casa familiar de Norland, dejando atrás todas las comodidades.
La segunda trama se refiere a la pérdida de la herencia de la madre por parte de Edward Ferrars, ya que la señora Ferrars, al enterarse del compromiso secreto que el hijo mantenía con Lucy Steel, sobrina de un clérigo en cuya escuela estuvo un tiempo Edward, lo deshereda de inmediato y pasa la herencia al segundo hijo. Esa arbitrariedad da lugar a un vuelco en la situación sentimental de Elinor, que, hasta entonces, no tenía esperanza alguna de que él pudiera amarla.
Había familias que se pasaban toda la vida rindiendo pleitesía al pariente rico y esperando recibir algún día la herencia, cosa que muchas veces no ocurría, dejando a los familiares decepcionados y creando disgustos que perduraban por generaciones. De todas formas el concepto de la familia estaba muy arraigado en la sociedad de Austen y, aunque podía ser una carga, también era una red de ayuda para momentos difíciles.





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