"Los años" de Annie Ernaux


 Puedes sentarte cualquier día de tormenta, de esos en los que los truenos, los rayos, los relámpagos y también la lluvia, el granizo y, sobre todo, el viento, te acorralan y cierras las ventanas y cierras los postigos y enciendes la luz y procuras no escuchar el bramido de la naturaleza. Uno de esos días puedes sentarte en una mesa baja, estropeada del paso del tiempo, con restos de pintura de niño, con rayones y con baldas llenas de cajas. Y esas cajas las abres y te encuentras recortes de revistas o periódicos, fotografías antiguas de cuándo las fotos no estaban en el móvil y las imágenes te traen a la memoria los sonidos, las voces, las canciones, los himnos, los gritos, los aleluya, la música de moda, los abrazos que llenaban de aires esas músicas. Y entonces puedes escribir una historia, cronológica si quieres, que recorra un periodo de tiempo y que, aunque no te menciones, aunque tú no aparezcas, esa serás tú, estarás ahí, como un testigo incómodo, como un protagonista secundario, como una diosa o una pobre mujer, nunca se sabe. Son los años. Que pasan y pasan para todos. 

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