En otro lado, cerca, las anémonas se ofrecen como parte de un rito majestuoso en el que el color se alía con la luz y la luz con la fuente y esta se llena de goces infinitos, para que así se muestre en esplendor todo lo que el hombre en su imaginación crea. Hilos en movimiento. Lazos que atan las líneas y el dibujo. Fondos planos, sin sombras, sin matices. Están ahí a la vista y puedes observarlos, no se esconden. Poesía en el tono y en la forma. Poesía en la razón de que esto se produzca. Tras el impresionismo, la luz se escapa del plein air y, por sí sola, traduce el sentimiento y la pasta pictórica se abrevia, se convierte en un paso de baile tan ligero como las zapatillas de ballet del cuento en que viven las hadas y las brujas se ahogan en el fuego. La luz se ha liberado, los colores no admiten ya corsés, las figuras se agitan, los ojos se entreabren, apresando en la retina una imagen que no tiene traducción sino con sensaciones. No hay palabras, solamente goce.
Somos felices ¿verdad? ¿Por qué no íbamos a serlo? (Diálogo entre Edward y Grace) Edward y Grace son Bill Nighy y Annette Bening y llevan muchos años casados aunque eso no es necesariamente bueno. Tienen un hijo de treinta años que ya no vive en casa y al que echan de menos. Edward está cansado de la esgrima matrimonial y Grace está cansada de no tener con quien discutir, ni casi con quien hablar. Hasta aquí, nada nuevo. Los matrimonios de muchos años suelen (o pueden) tener esa sensación de que han perdido el tiempo, de que no ha merecido la pena ese viaje y de que necesitan otra cosa. Aunque no saben de qué cosa se trata. Grace está cansada de la pasividad de Edward y por eso es poco amable, pero tira de la cuerda a ver si él reacciona. Ella es hiriente también con su hijo. Quizá la insatisfacción nos convierta en eso, personas hirientes, gente que hace daño al que tiene al lado. Para ella es un triunfo vivir con una pareja, mantener un matrimonio, pero Edward...no sabemos lo que p...
Comentarios