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"Ivanhoe" y la novela histórica de calidad

 


(Una de las ediciones de "Ivanhoe" en lengua extranjera, en este caso italiano, de 1890)

Para mí la novela histórica por excelencia es Ivanhoe. La leí a los diez años en una edición que me regalaron por mis buenas notas y luego la he seguido leyendo en otras distintas. Una de ellas era preciosa: tenía las pastas en piel roja y las hojas tan finas como las de una biblia. Es toda ella una historia fascinante.  Imaginas a los personajes, los duelos, los torneos, los atuendos, todo te viene a la cabeza con la descripción como si lo estuvieras viviendo. Ese es el gran poder de la literatura, meterte dentro de la historia. Tanto es así que recuerdo soñar con algún asalto a un castillo que resultaba ser, en realidad, mi azotea y las tapias de mi casa que daban a una huerta cercana al mar. Los personajes que presenta son fascinantes y el ambiente del momento, con sus tensiones y cambios, también. Cuando estudié años más tarde la etapa medieval en la facultad tuve siempre presente Ivanhoe y sus personajes, porque me han seguido fascinando siempre. La historia de verdad me enseñó que Ricardo no era tan perfecto ni Juan tan terrible, como suele suceder con la vida, que relativiza casi todo. Pero eso es otro cantar. Una vez me puse a pensar el motivo por el cual la novela histórica que se escribe ahora y que está tan de moda (muchos de los bestsellers actuales lo son) no me gusta en absoluto. Creo que he llegado a algunas conclusiones al respecto. Creo que entiendo por qué Ivanhoe sí y las otras no. Y la primera conclusión es que estas de ahora son planas, aburridas y una simple glosa de lo que ocurrió. Les falta la garra, la chispa, de la imaginación. 

El autor de Ivanhoe es Walter Scott, luego nombrado Sir. Un escocés de Edimburgo que también poeta, editor, abogado, juez y político. La polio lo dejó de niño cojo de la pierna derecha y toda su juventud arrastró una mala salud de libro. Sufrió un fuerte desengaño amoroso que influyó también en su ánimo. Estudió Derecho en Edimburgo y comenzó publicando baladas populares escocesas. Su boda, en 1797, con Margaret Charlotte Charpentier, descendiente de una familia francesa, de Lyon, le dio cinco hijos. También fundó una imprenta y fue cofundador en 1809 del "Quaterly Review". Sus novelas históricas las publicaba con seudónimo, quizá porque pensaba que eran cosa frívola. 

(Grandioso monumento a Walter Scott en Edimburgo)

La figura imponente de Sir Walter Scott (1771-1832) resulta que es contemporánea de Jane Austen. Ella nació cuatro años después, en 1775, pero tuvo la mala suerte de morir antes, en 1817. Siempre pienso en lo que hubiera sido su obra de tener más tiempo para desarrollarla. Cuando murió estaba en su etapa de madurez, con las grandísimas Emma y Persuasión, pero tuvo mala suerte, mucha mala suerte dado que su familia fue longeva en su mayor parte y ella llevaba una vida muy sana. Nunca puedo leer los finales de sus biografías, las dos que suelo manejar, porque me da tanta pena de esos últimos momentos...Pero sus carreras, las de Scott y Austen, tuvieron un momento coincidente. Y eso es lo extraordinario: la novela realista, con tintes psicológicos incluso, moderna, doméstica, de Austen, y la novela histórica, con aires románticos, épica, de Scott. Siendo tan distintos se respetaban profundamente, como suele ocurrir con los grandes. Scott fue el creador de la ficción histórica y su obra cumbre es esta Ivanhoe, que publicó en 1819. Como las buenas novelas de este género tiene tres tipos de personajes: los históricos, los legendarios y los imaginarios. De acuerdo a los cánones que él mismo trazó la historia sucede muchos siglos antes y los hechos que narra, aunque son verosímiles, se deben a su imaginación. Es decir, no vuelve a contar lo que ya sabemos sino que inventa una historia, unos hechos que encajan y que involucran tanto a los personajes históricos como a los imaginarios y legendarios. Esto es fundamental y lo distancia de la novela histórica actual, que simplemente se dedica a parafrasear el pasado y que es tan aburrida. 


Recensión de Sir Walter Scott, en «The Quarterly Review» sobre Emma de Jane Austen (British Library)

El más importante personaje legendario de la obra es Robin de Locksley, Robin Hood, que resulta ser amigo de Ricardo Corazón de León, el rey Plantagenet. Los históricos son el propio Ricardo y su hermano, Juan Sin Tierra, que le arrebata el trono mientras su hermano se está batiendo en la III Cruzada, junto a los reyes Felipe II Augusto de Francia y Federico I Barbarroja de Alemania. El acierto es situar la acción cuando ha terminado la Cruzada y los caballeros participantes que han sobrevivido a duras penas vuelven a sus hogares. Todo el mundo piensa que Ricardo está en cautiverio (de hecho lo estuvo durante un año entero) o que, incluso, ha muerto en batalla, pero (he aquí está un spoiler del libro) aparece de pronto, en uno de esos maravillosos torneos en los que se luchaba por el favor de una dama, con los pañuelos y pendones ondeando al viento, un Caballero Negro que nos sorprenderá con su valor y habilidad. Este es otro elemento básico de lo histórico, las personalidades ocultas, la magia de las apariciones de gente que no se sabe dónde está. Robin Hood, Robin de Locksley y el Caballero Negro juegan en la misma liga. Y también lo hace el protagonista, un caballero sajón, Wilfrid de Rotherwood, llamado Ivanhoe, hijo de un sajón acérrimo, Sir Cedric, que ha desheredado a su hijo al saber que ha apoyado a Ricardo, normando, y que ha luchado a su lado. Además de este protagonista principal, adornado de todas las virtudes caballerescas (valentía, honradez, sacrificio, lealtad), está su principal rival, el caballero templario Brian de Bois-Guilbert, que, junto a otros templarios (los templarios tienen siempre mucho que decir en estas historias), ocupa sitio preferente en la novela. La prueba de la situación social de la época, años finales del siglo XII, está en que aparece un rico judío, prestamista y tan despreciado como odiado, Isaac de York, que tiene una bellísima hija, Rebecca. Las expulsiones de los judíos de York son un hecho comprobado a lo largo del siglo XIII. También está la dulce Lady Rowena, ahijada de Sir Cedric, que es la dama a la que rinde amor cortés el propio Ivanhoe. Cuando estudiaba en literatura todo eso del amor cortés me parecía algo fuera de onda, pero tenía su punto. Hay también una serie secundarios entre ellos clérigos, soldados y criados, como el porquerizo Gurth o el bufón Wamba. 

(Este retrato de Sir Walter Scott lo pintó Sir Henry Raeburn)

Varios conflictos están en el centro de la acción, al modo en que Walter Scott organizó la estructura de las novelas históricas. Estos conflictos vertebran las actuaciones de los personajes, le dan sentido a todos ellos y organizan las réplicas y contrarréplicas. Las actuaciones humanas tienen que ser coherentes con el telón de fondo que está detrás de esos conflictos, de otro forman la novela no tendría ni credibilidad ni verosimilitud. Sin ellos, no habría forma de distinguir a los buenos de los malos, y no habría momentos épicos como, por ejemplo, los torneos. Todo el mundo puede aprender cómo funcionaban los torneos en aquel tiempo de tránsito leyendo la novela. Está el conflicto entre los dos hermanos, Juan Sin Tierra y Ricardo Corazón de León, por el trono de Inglaterra. Está el conflicto entre Ivanhoe y su padre. Está el que existía socialmente entre normandos (la nobleza preponderante que ocupaba el poder) y los sajones (terratenientes relegados a pagar tributos). Están los conflictos amorosos: Ivanhoe ama a Lady Rowena, pupila de su padre, mientras que Rebecca de York ama a Ivanhoe, un amor imposible. Están los rasgos feudales de la sociedad, la forma de vida de la época, el papel de los templarios, los peregrinos de Tierra Santa, la sangría que fueron las Cruzadas, el emergente papel de los judíos, las diferentes clases sociales (caballeros, siervos, pueblo llano, criados)...toda una serie de elementos que forman un tupido telón de fondo en el que se inscribe la sociedad del cambiante siglo XII, un momento de transición en la historia de Europa. De la novela parte la mitificación de la figura de Ricardo, cuyos actos reales no estaban a la altura de lo que Scott escribió, pero el poder de la literatura es tan potente que situó a los hermanos en diferentes niveles, no siempre justos. Está también la defensa de unos valores de lealtad, caballerosidad, sacrificio, que regían la vida de las clases sociales altas, cuya pérdida los convertía en parias de su propio núcleo. El destierro era, por ello, un castigo atroz. La lealtad era tanto al rey, a la patria (un concepto difícil de entender porque la sociedad feudal estaba troceada en elementos diferentes), a la amada y a la familia. También a los señores, por parte de los que eran siervos o tenían la condición de criados. La traición era el mal principal, lo que convertía a una persona en un apestado social. 

La novela es emocionante, llena de efectos sorpresa y con una excelente definición del ambiente y los personajes. Es muy entretenida, cosa que tiene obligación de ser cualquier novela, y los hechos son sencillos de entender y no presentan ninguna complejidad argumental porque están bien tejidos y todo tiene su porqué. Conocemos a través del relato las rencillas viejas entre los sajones y normandos (que ya en este siglo estaban desapareciendo por otro lado), así como la enemistad entre los hermanos Juan y Ricardo. Por otro lado, los amoríos están garantizados con Ivanhoe y Rowena (ella un poco sosa) y algunos personajes secundarios perfectamente definidos, sobre todos ellos el bufón, Wamba. Te cae fatal el caballero De Guilbert y le tomas una manía horrible en seguida, porque es presuntuoso y no se atiene a las reglas. Te enteras de cómo comían, cómo vestían, cómo viajaban, cómo eran las fiestas y las reuniones, la música, el ocio de la época. Abres la puerta a un mundo que ya no existe pero que existió. Recuerdo que mi primera lectura del libro me interesó mucho en la época y me enseñó muchas cosas, un fin que no es primordial en una novela histórica pero que resulta como consecuencia si está bien planteada. Los hechos relatados se sitúan a finales del siglo XII, 1194, y pronto llegará el XIII donde los acontecimientos históricos se irán precipitando. 

La importancia de Walter Scott en la literatura es enorme, no solo en su época sino posteriormente. Se le considera el primer autor realmente dueño de una carrera literaria formal y reconocida. De sus libros se han hecho cómics, películas, películas animadas, series de televisión, todos los formatos posibles se han acercado a sus libros más conocidos y admirados, entre ellos, por supuesto, Ivanhoe, pero también Rob Roy, Quentin Durward y Waverley. Curiosamente, Robert Taylor fue en el cine tanto Ivanhoe como Quentin Durward. 




La lectura de los libros de Walter Scott nos dan algunas claves de lo que debe ser la novela histórica: centrada en un tiempo pasado, lo suficientemente lejano como para que no nos influya nuestra opinión al respecto ni tenga un aire sesgado por el autor; con personajes imaginarios reconocibles y atractivos; con hechos sencillos y entendibles; con historias apasionantes, al margen de que ocurrieran o no; con personajes históricos concretos pero sin apabullar en número; con alguna leyenda por medio. Bien escritas (algo que hoy los autores de novela histórica no pueden decir en su mayoría), bien elegidos los temas. Apasionantes. 

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