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Zola y el Cuarto Poder

 


Henri Fantin-Latour, Un atelier aux Batignolles, 1870. Musée d'Orsay, París. Expuesto en el Salón de 1870. Zola (cuarto desde la derecha) se une a una reunión de impresionistas bien vestidos, entre ellos Edouard Manet en el caballete, el sombrero de Pierre Auguste Renoir y Claude Monet a la derecha. Esta pintura disfrutó del sobrenombre de Jesucristo y sus apóstoles.

Los pintores impresionistas, que en sus inicios fueron tantas veces expulsados del mundo del arte oficial de París, siempre contaron con el apoyo y la benevolencia de Émile Zola, amigo desde la infancia de un pintor como Paul Cézanne. Precisamente, uno de los retratos más fidedignos de Zola en su plenitud se la hizo el fotógrafo Nadar, en cuyo estudio se celebró la famosa exposición de los rechazados (Les Refussés), tras haber sido rechazados sus cuadros en el Salón Oficial. 


(Fotografía de Émile Zola, Nadar)

Aparece Zola en su lugar de trabajo, un sitio noble, con mesa labrada, pluma, estanterías cubiertas de libros y suelo de alfombras, una vez superadas las miserias iniciales, tras el abrumador éxito que sus libros, dentro de la corriente naturalista que él representaba, tenían en Francia. Un éxito que muchos miraban con absoluto recelo porque trataba asuntos que les parecían demasiado molestos y, casi, sucios. La realidad, nada menos. La peor realidad. Cuando estalló el caso Dreyfus, Zola disfrutaba de enorme consideración y estaba a punto de ser admitido en la Academia de la Lengua, algo que nunca llegó a suceder. No tenía ninguna necesidad, para hablar claro, de meterse en líos. Sin embargo, lo hizo y su contribución a la historia ya no es solamente por sus buenos libros, sino también por ese famosísimo artículo dirigido al Presidente de la República Francesa en el que le pedía que se hiciera justicia en el caso Dreyfus y hablaba de sus responsables, de los que habían hecho, con malas artes, que se prolongara una falsa condena y que un culpable anduviera suelto. 


Zola fue valiente pero también lo fue L'Aurore, el diario que publicó su carta abierta. L'Aurore fue un periódico republicano francés fundado en 1897. En octubre de 1897, con Urbain Gohier y Georges Clemenceau, Ernest Vaughan fundó el periódico en París. El político Georges Clemenceau lo utilizó para lanzar sus denuncias. En su edición del 13 de enero de 1898 publicó la carta abierta de Émile Zola dirigida al presidente de la República en el momento del caso Dreyfus, titulándolo «J’accuse…! Lettre au Président de la République», con una tirada de 300.000 ejemplares. El periódico mantuvo su línea editorial del lado de los intelectuales, contra el antisemitismo. Colaboraron en este periódico Georges Clemenceau, Octave Mirbeau, Lucien Descaves, Philippe Dubois, Urban Gohier, Bernard Lazare...Dejó de editarse en 1914. 

La conmoción fue inmediata, reyertas callejeras enfrentaban a los partidarios de Dreyfus con los antipartidarios. Se produjo un enorme debate sobre las implicaciones de las actuaciones del Estado Mayor y se puso en cuestión la imparcialidad de los jueces militares y del propio Ministro de la Guerra. Todo esto duró lo suficiente como para que Zola tuviera tiempo de ser juzgado, condenado y exiliado a Londres, donde vivió casi escondido un año, a la espera de que la cosa se calmara. Fue un momento de excepcional importancia para el afianzamiento de una prensa crítica y de un grupo de notables que, con sus posturas, dieron lugar al apelativo de "intelectuales", usado por primera vez en la historia. 

(Retrato de Émile Zola, Manet)

En 1937 se estrena la película "La vida de Émile Zola", dirigida por William Dieterle, protagonizada por Paul Muni. En la película aparece la juventud difícil de Zola, cuando no tenía dinero y no vendía libros, solo dedicado a observar la realidad para poderla escribir y manteniendo una amistad entrañable con el pintor Paul Cézanne, que también estaba en ínfimas condiciones. Vemos cómo logra triunfar con sus libros y cómo las ventas lo convierten en un hombre acomodado y en una persona reconocida. También nos muestra cómo tira todo eso por la borda al acometer la defensa de Alfred Dreyfus, el militar judía acusado de espía injustamente. Esa famosa carta abierta al presidente de la república, J'Acusse...! es el primer paso para que el cuarto poder asuma su papel. Y lo más complicado de todo es que la situación de Francia con el tema producía una enorme división entre los ciudadanos, dreyfusistas y antidreyfusistas, con un gran debate sobre el antisemitismo que estaba en el fondo de la atribución falsa. Zola se arriesgó y tuvo que arrostrar un juicio, una condena, una multa y el exilio a Londres durante casi un año. En ninguno de sus argumentos logró iguales un caso tan dramático como este y tan largo en el tiempo. 

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