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Un irlandés en los páramos de Haworth


Patrick Brontë (el padre de los Brontë) fue un irlandés muy pobre, el mayor de diez hijos de una familia de granjeros, que tenía una cualidad que cambió su futuro. Era un superdotado. Sus extraordinarias facultades intelectuales unidas a su inquebrantable voluntad de prosperar fueron el pasaporte para una vida diferente de la que, en un principio, le correspondía por nacimiento. 

Había nacido el 17 de marzo de 1777 (dos años después que Jane Austen), en Emdale, condado de Down, en la actual Irlanda del Norte. Sobrevivió a todos sus hijos ya que murió seis años después de la muerte de Charlotte (la última de ellos que falleció) cuando ya contaba ochenta y cuatro años. Destacó en sus estudios y recibió la ayuda de un clérigo anglicano que confió en sus posibilidades por lo que pudo estudiar en Cambridge y ordenarse a su vez. Contrariamente a lo que suele decirse no era pastor ni párroco de Haworth, el universo mítico de las Brontë, sino un simple coadjutor, lo que significaba menos sueldo y la obligación añadida de contribuir económicamente con el sostenimiento de la parroquia principal, que estaba en Bradford. 

Desde 1820 fue el coadjutor perpetuo de Haworth, Stanbury y Oxenhope, situadas junto a la citada Bradford y de cuya parroquia dependían. En realidad, el apellido de Patrick no era Brontë sino Brunty (hijo de Hugh Brunty y de Eleanor McCrory) pero lo cambió en honor de Horatio Nelson, su héroe, uno de cuyos títulos era, precisamente, el de duque de Bronte. Lo de la diéresis vendría después. Patrick escribía muy bien, sobre todo poemas morales, que fue publicando a lo largo de toda su vida. Era un hombre culto, un hombre de letras, con una importante formación clásica. Logró casarse con una muchacha por encima de su clase social, María Branwell, que era la hija de un próspero comerciante de Cornualles, donde vivía la familia. A la boda, celebrada en diciembre de 1812 (el año de la Constitución de Cádiz) siguió el nacimiento de los hijos, Maria (1814), Elizabeth (1815), Charlotte (1816), Patrick Branwell (1817), Emily Jane (1818) y Anne (1820). Las dos mayores nacieron en Dewsbury y el resto en Thornton, al oeste de Bradford. Ninguno nació en Haworth pero para todos fue su verdadero hogar. 


Patrick Brontë era un hombre peculiar. La tenacidad era una de sus cualidades. Lo demostró buscando esposa, proceso en el que cosechó algunas negativas sonadas ya que su condición de clérigo pobre no era un buen pasaporte. Pero logró el "sí" de María Branwell, una muchacha agradable y de buena posición, inteligente y entregada. Y lo siguió demostrando a la muerte de su esposa cuando, una vez viudo con seis hijos pequeños a su cargo, intentó hasta en tres ocasiones volver a casarse. Pero no lo consiguió. Sus atractivos no lo eran tanto a ojos de las posibles novias y, de ese modo, la estancia provisional en la casa de la hermana mayor de María, la solterona tía Elizabeth, se convirtió en definitiva. 

Las peculiaridades del señor Brontë estaban también en su modo de vida. Era un amante de la naturaleza en grado máximo, mucho más de lo que ya suelen serlo los ingleses corrientes.  Vegetariano convencido, inculcó en sus hijos la costumbre de no comer carne. No abusaba de la comida ni de la bebida, era circunspecto y morigerado, seguía un parco régimen de forma permanente, en el que había comida sencilla y mucho ejercicio. Era muy responsable y prudente. Tanto más cuanto que tuvo la certeza de que no podía dejar huérfanos también de padre a sus hijos por lo que se cuidaba al máximo, incluso de los simples resfriados, de ahí su costumbre de llevar siempre una ancha corbata blanca, casi una bufanda, alrededor de la garganta, para protegerse en invierno y en verano. 


Sin duda, su principal característica era el interés por la cultura y el arte, el pasaporte perfecto para cambiar de clase social y para acceder a la universidad siendo un niño pobre y sin recursos. Ese amor por el saber lo trasladó a sus hijos y a su propia casa, donde había una aceptable biblioteca. También la madre compartía esta predilección y ella misma había hecho sus pinitos como escritora. La vida de los niños Brontë no fue, pese a esa severidad paterna, triste ni desfavorecida. Tenían juguetes, aire libre, tiempo para jugar, criadas a su servicio y sobre todo muchos libros de todas las materias, porque a los de la biblioteca paterna se unían los de una biblioteca pública que usaban a menudo. Las muertes prematuras de su madre y de sus dos hermanas mayores fue un duro golpe para todos, pero la vida seguía y, sobre todo, la desbordante imaginación de los niños y el disfrute de su libertad. 

Es precisamente esa libertad de pasear, de jugar, de leer y de escribir, la que se incrustó con enorme potencia en el ADN de todos los hijos, de modo que la vida fuera de Haworth suponía una especie de tormento. Eran unos inadaptados. No solo a la vida social, sino a la carencia de libertad. A la falta de aire libre, esos amados páramos que para cualquiera no supondrían un hermoso paisaje y que para ellos componía su horizonte. Como ocurre en la naturaleza cuando una planta se mueve de su lugar primigenio, los Brontë florecían en su entorno y se deslucían sin remedio fuera de él. 

Esto es aplicable sobre todo a Emily, la menos adaptable de todos, quizá porque su personalidad era más potente que ninguna. Charlotte, por contra, fue capaz de disfrutar el ambiente literario de Londres, algo que el resto de los hermanos no llegó a conocer. También fue Charlotte la hermana más abierta a los sentimientos amorosos hacia otras personas y quizá por eso sufrió en demasía por su propio aspecto físico, que la atormentaba. Era la menos agraciada de las hermanas y la que albergó sentimientos más poderosos. También fue la única que se casó y lo hizo tras rechazar varias proposiciones previas. El señor Brontë no puso fáciles las cosas para este matrimonio, es más, fue un formidable escollo. ¿Por qué? Resulta complicado entender sus razones y el motivo de su negativa dado que el futuro esposo era una persona honorable al que conocía muy bien por su condición de clérigo. Fue egoísmo, desconfianza, miedo a la soledad, todo a partes iguales. Charlotte no se amilanó y se salió con la suya, aunque disfrutó de la felicidad de esa unión solo por unos meses. 


Patrick Brontë tiene un papel relevante en el desarrollo del talento de sus hijas y quizá también esa sobreprotección sin exigencia tuvo su parte de culpa en el desastre de la vida de su hijo, un adolescente perpetuo que no parecía querer asumir responsabilidad alguna. Los libros y la naturaleza fueron los dos aliados que usó para esa educación, prácticamente autodidacta casi en su totalidad, porque la estancia de los niños en colegios fue mínima. Ambos elementos, libros y naturaleza, dieron lugar a un desbordamiento de la creatividad de todos ellos. La imaginación fue su gran elemento, pero estaba basada en un conocimiento directo de lecturas de contemporáneos y de clásicos, novelas, poesía y prensa. La actualidad también formaba parte de sus vidas. La prensa estaba presente en forma de revistas y periódicos que devoraban y desde pequeños aprendieron a estar al corriente de las noticias del mundo, discutiendo sobre ellas en las sobremesas y usándolas como método de estudio. 

Los Brontë tenían sus escritores favoritos, entre ellos y sobre todo Lord Byron y Walter Scott, pero sus fuentes eran mucho más amplias. El juego como parte de su vida cotidiana resulta esencial en el desenvolvimiento de sus talentos naturales y el señor Brontë consideraba que no era desdeñable sino educativo. De ahí el famoso regalo de los soldaditos de plomo que dio lugar a que se escribieran historias, se representaran dramas y se declamaran poemas en los que la imaginación se combinaba con los datos reales. 

Todo se conjuró para que los hermanos Brontë crearan algunas obras literarias que forman parte de la historia de la literatura. Un entorno en el que la naturaleza dura y hosca los ponía a prueba, un clima ventoso, frío y húmedo, que les causaba molestias y una vida familiar basada en los libros y en la propia imaginación, todo confluyó en unas personalidades atormentadas y, sobre todo, originales. Los libros fueron un refugio y escribir una consecuencia natural de esa crianza. En esto, Patrick Brontë fue una parte esencial. 

(Ilustraciones: El pueblo de Haworth en la actualidad. El señor Brontë en un retrato clásico) 

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