Todo es azul


(Foto: Nina Leen, 1960)

Azul la piedra y azul el horizonte. Ojos azules y una sonrisa terca que adivina el fondo azul del agua, antes del verde atlántico. Abriste las ventanas y escuchaste el sonido del viento que escribía cualquier nombre sin saber lo que hacía. Y luego, camuflaste los versos en tarros de cristal, en abierto abanico de nostalgias, en noches indecisas sin esperas. Te diste cuenta y fue demasiado tarde. Los tiempos se habían eternizado y convertido en fuego, donde antes hubo nieve y luego lluvia. De modo que el azul fue recompensa, el sueño de sentir que, en la distancia, sin descanso ni pautas ni mandatos, allí todo, en las olas, aguas azules, el aire susurrando, todo en la búsqueda, en ti, perdido todo, aquella soledad, aquella huida.