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¿Quién dijo que Emma no tenía corazón?


"Y aquí estoy yo-se dijo-, después de haber hecho que Harriet se enamorase de semejante individuo. No habría pensado nunca en él de no ser por mí y, por supuesto, nunca habría concebido esperanzas si yo no la hubiera convencido de su afecto, porque Harriet es tan modesta y tan humilde como yo pensaba que lo era él. !Ah! !Si me hubiera limitado a convencerla de que no aceptara al joven Martin! En eso sí estuve acertada; hice lo que debía, pero tenía que haberme parado ahí y dejar lo demás al tiempo y a la suerte. Bastaba con permitirle que conociera a personas de la buena sociedad y darle ocasión para llamar la atención de alguien que mereciese la pena; no tenía que haber pretendido más. Ahora, en cambio, perderá la paz durante una temporada. No he sabido ser buena amiga y, aunque este desengaño le afecte menos de lo que temo, no se me ocurre otra persona que pudiera ser un buen partido para Harriet..."

Estas palabras, que recogen el pensamiento de Emma Woodhouse, contradicen su fama de frívola y caprichosa, de muchacha rica sin corazón que utiliza a la gente. Después de comprobar que el señor Elton, el joven y presumido vicario, no tiene ninguna intención seria (ni en broma) de emparentar con su querida y nueva mejor amiga Harriet Smith, ella se da cuenta de que ha hecho daño a su amiga con su actitud insistente de presentarle a Elton como un hombre extraordinario que puede quererla. No es eso todo. La declaración de amor del clérigo la ha puesto sumamente nerviosa y su negativa a aceptarlo está llena de reproches a alguien a quien ve ahora como un oportunista. Es el segundo rechazo sonado de una protagonista a un clérigo en los libros de Austen. El otro es el que experimentó el señor Collins de mano de Elizabeth Bennet. Curiosamente, ambos reaccionaron de forma diferente. Mientras que Elton fue a buscar consuelo a Bath (y lo encontró de parte de una señorita de familia, la estirada Augusta Hawkins), Collins se emparejará, de forma sorpresiva, con una íntima amiga de Elizabeth, nada menos que la tímida, sensata y poco agraciada Charlotte Lucas. En todo caso, los dos presentarán en sociedad un matrimonio para hacerle frente a la negativa y quedar mejor ante los ojos de los otros, algo que era muy importante para todos. En el caso de Emma, nadie más que ellas dos y el propio Elton conocerán la historia, quedando así lejos de la mirada de los demás, lo que garantiza todavía con mayor eficacia la salvaguarda del vicario. 

Pero, en este caso, Harriet Smith es la damnificada y así lo entiende Emma y por ello mismo se considera culpable. Una muestra inequívoca de que no era clasista es ascender a Harriet a la categoría de amiga íntima y tratarla como tal, siendo una muchacha abandonada en un pensionado de la que no se conoce la familia. Pero no es oro todo lo que reluce porque seguramente su insistencia en que se fije en Elton viene dada por la intención de que olvide al señor Martin, el honrado y joven granjero que le había declarado su amor previamente. Los líos de Emma. 

Pero la juventud y la alegría natural de una persona como Emma, aunque se vean sometidas momentáneamente a la tristeza durante la noche recobran su fuerza con cada nuevo amanecer...Emma se levantó más dispuesta que por la noche a encontrar consuelo, más segura de que podría encontrar paliativos para los problemas que se avecinaban y de que saldría relativamente airosa de todo aquello. 

La alegría es el elemento natural en el que Emma se mueve. Eso es lo que más admira de ella el señor Knightley a quien, según sus propias palabras, no le gustan las mujeres tristes o cerradas en sí mismas. Además de eso Emma es una muchacha muy segura de sí misma. Eso puede deberse a su posición social, pero también a su crianza, llena de amor y de una capa protectora que la ha cubierto. Esa seguridad la lleva a considerar que va a encontrar solución para todo y quizá por ello se mete en demasiados problemas. Sin embargo, la preocupación que siente por Harriet es genuina y la prueba es que le cuesta contarle lo ocurrido y que, después de esas confidencias, considera que debe escuchar sus lamentos y soportar sus lágrimas. Todas sabemos que los desengaños amorosos, en la juventud, tienen necesidad de ser comentados y sufridos, para lo cual nada mejor que una amiga en la que depositar nuestras confidencias. Pero el ansia de pasar página y de evitar que ese sufrimiento se prolongue inútilmente (Emma es una chica muy práctica) se manifiesta en que, incluso, decide ir de visita a casa de las Bates (algo que odia porque las considera unas "pesadas") con tal de que Harriet se distraiga y olvide esos pesares.

Las escenas que transcurren entre la declaración amorosa de Elton a Emma, en el coche de caballos que los lleva de vuelta después de la cena navideña de los Weston, son memorables y nos ofrecen una cabal estampa de una muchacha dividida entre el remordimiento y el deseo de seguir disfrutando de la vida. Algo tan natural que no debería resultarnos extraño ni reprochable. 

No se trata, por tanto, de alguien que pasa por encima de los demás para entretenerse o satisfacer sus ansias de llenar su vida de aventuras a costa de los otros. Ni de una loca absurda que juega con la gente que la rodea. A veces se la ha considerado una persona sin sentimientos, más dispuesta a satisfacerse ella misma que a respetar a los demás. Sin embargo, quienes así opinan se olvidan del cariño inmenso que siente hacia su padre, por ejemplo, al que no quiere abandonar ni siquiera para vivir su gran aventura de amor. El hecho de que confíe demasiado en su intuición y se equivoque quizá sea solo una muestra clara de que, por desgracia, en cuestiones de amores y de sentimientos las cosas no son aritméticas, ni geométricas, más bien terminan convirtiéndose en esplendorosos fuegos artificiales. 

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