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"Una vez caminé sobre la suave hierba" de Carolina Schutti

Hay recuerdos que se quedan enganchados y que no hay forma de dejar atrás. No sé por qué ocurre. Por qué unas cosas permanecen contigo a perpetuidad y otras muchas se olvidan. Algo debe haber en nuestra cabeza para quedarnos con esa selección de momentos y de imágenes, de palabras tal vez. Recuerdo, porque hay una foto, que una tarde de invierno mi madre y otra de mis hermanas paseamos por el parque y subimos las tres, al mismo paso, una escalera central que está al lado del estanque. No sé quién nos llevó hasta allí, ni por qué lo hicimos. Tampoco tengo idea de dónde se habían quedado los otros niños, los hermanos más pequeños. En la foto solo estamos las tres, mi madre en el centro, con una falda gruesa y una chaqueta y nosotras dos, las hijas mayores, con un vestido de cuadros, calcetines cortos y un abrigo que quizá tuviera tonos beiges. 

Maja, la protagonista de esta historia, ha guardado en su memoria unos instantes en los que anduvo descalza por la hierba con su madre al lado. Las dos tenían los pies descalzos y las dos sentían el olor de la hierba y la cosquillas que les producía en los pies. Cuando la madre se muere ese recuerdo quedará en la retina de Maja y se convertirá en una sensación recurrente. Su madre existió y ambas compartieron ese tiempo de paseos sobre la hierba descalzas. La historia de Maja es la de una sucesión de pérdidas que se van encadenando y que generan otras historias a su vez. La muerte de la madre obliga a la niña a irse a vivir con una tía, porque su padre se va a desentender de ella. La tía vive en otro país. Pierde a su madre, pierde su país, pierde su idioma. Esa sucesión será el elemento esencial para que ella vea la realidad como si fuera una serie de instantes entrelazados que pueden desatarse en cualquier momento. Nada está escrito tal y como es sino como parece en un determinado momento y circunstancia. La única persona que parece atada a la vida cotidiana y que tiene trazas de ser de fiar es el viejo Marek, a pesar de que un viejo no es un compañero de juegos adecuado para una niña. 

Ese desarrollo vital producirá unas vivencias que, al mismo tiempo, convertirán la vida de Maja en algo que no sabemos si se habría dado en otras circunstancias, con otras personas, en su país de origen. Los años pasan y va aprendiendo cosas pero, sobre todo, va asiendo los recuerdos iniciales para que no terminen por desaparecer en la vorágine del tiempo nuevo. Esta es una novela de aprendizaje, por tanto, de iniciación si se quiere, pero, sobre todo, de recuperación y de conservación de lo que somos antes de que nadie logre cambiarnos, antes incluso de que nosotros mismos nos convirtamos en lo que no queremos ser. 

El comienzo del libro, esa referencia a las matrioskas, esas muñecas que se van encajando una dentro de otra hasta llegar a la más pequeña (esa que Maja quiere averiguar si puede convertirse en otra más pequeña aún) también me ha traído la memoria de mi madre, que tenía una de esas muñecas formando parte del paisaje de sus objetos queridos. Mis propias matrioskas están junto a una pila de libros que hablan de historias de mujeres emocionantemente divertidas, extrañas y curiosas, así que leer este libro no ha sido ninguna tontería. 

Carolina Schutti usa un lenguaje poético, con un ritmo interior muy determinado, con un andar muy suave por las palabras, de la misma forma que era la hierba que pisaba. Se nota mucho ese cuidado por los detalles, la manera delicada en la que narra lo insignificante y lo profundo y cierto juego de artificio que enreda las sensaciones reales con las observaciones interiores, con los pensamientos, para que todo parezca más cercano y tengamos presente, casi a través de los sentidos, lo que quiere contarnos. 

Una vez caminé sobre la suave hierba, Carolina Schutti, editorial Errata Naturae, abril de 2019 edición en español. Reseña de la autora en la página web de la editorial: Carolina Schutti (Innsbruck, 1976) estudió Filología Alemana e Inglesa. Tras varios años como profesora en la Universidad de Florencia, consiguió un puesto de asistente de investigación en la Literaturhaus am Inn, que dejó para dedicarse de lleno a la escritura. Publicó su primera novela, Wer getragen wird, braucht keine Schuhe, en 2010, un brillante debut que llamó la atención de la crítica austriaca. Una vez caminé sobre la suave hierba le valió el European Union Prize for Literature.

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