Ir al contenido principal

"El director" de David Jiménez

Me crié en una familia en la que se leía la prensa todos los días. Era una lectura casi colectiva, pues se comentaban las noticias, se hacía referencia a la actualidad y existían largas sobremesas de desayuno de domingo en las que se discutía de lo divino y de lo humano. Esa tradición, mantenida año a año entre los padres y los hermanos, forjó unos ritos que, hasta hace muy poco, nos parecían a todos ineludibles. Todavía somos incapaces de pasar sin echar un vistazo a los periódicos del día, pero nuestra fe en que el periodismo era un espacio limpio de humo y que nos ponía en contacto con la vida se ha terminado. 

Por estas razones ancladas en mi educación sentimental suelo ver películas del género periodístico (hay verdaderas obras maestras, como El cuarto poder, Todos los hombres del presidente, Los archivos del Pentágono o Spotlight), y también leo libros de memorias periodísticas o confesiones de reporteros. Ese interés me llevó a leer este libro de David Jiménez, a quien no conocía y del que no tengo más referencia que su libro y los comentarios que ha suscitado. 

No hay pretensiones literarias en el relato así que, por ahí, poco que comentar. Escrito en primera persona sí se trasluce, a pesar de algunas expresiones e ideas, que el autor se salva a sí mismo, se coloca en una especie de superioridad moral con respecto a las personas y acontecimientos, un púlpito, una torre, que lo distingue de los demás. Por mucho que exprese su voluntad de autocrítica, esta apenas se percibe, salvo para autocriticarse en lo que, a todas luces, no es defecto sino virtud. Es decir, haberse atrevido a aceptar la dirección de un periódico sin experiencia de gestión alguna. Más una ingenuidad, nos dice, que otra cosa. 


(En Los archivos del Pentágono, Katharine Graham y el equipo de periodistas del Washington Post esperan la decisión de la justicia sobre la publicación de los archivos sobre Vietnam de McNamara)

El libro se lee pronto pero no porque esté bien escrito sino porque es bastante plano y deja poco lugar al merodeo y al pensamiento detenido. Es una especie de gran reportaje (lo de "gran" es por su extensión) en el que se pone el foco en los aspectos negativos de la situación. El espacio temporal en el que transcurre, apenas un año, tampoco da para más, pero sí resulta suficiente para hacerse una idea del entramado de intereses que sacuden la información. Los lectores desplegamos los periódicos o recorremos sus páginas webs pensando que ahí se ha plasmado lo que pasa, por qué pasa, dónde pasa y todas esas preguntas clásicas que se hacen los periodistas, pero, si hacemos caso a Jiménez, en realidad lo que nos cuentan es solo una pequeña parte y no la más interesante. Bajo el pretexto de informar se esconde la voluntad de medrar. O algo así.

Leyendo el libro tengo la impresión de que esos "secretos e intrigas" de que habla el subtítulo solo están ocultos para nosotros los lectores y que los medios conocen muy bien lo que pasa y cómo pasa, de ahí que las claves estén lejos de nuestro alcance, lo que te causa una rara sensación. Es como si a una novela de intriga le faltara el desenlace. Y, hablando de novelas, quizá si hubiera sido esta la forma literaria elegida por el autor la cosa tendría un mayor interés. Los novelistas pueden contarlo todo y la autoficción es una  moda que vendría bien al caso. 


(Woodward y Bernstein trabajan en la información sobre el caso Watergate que terminaría con la dimisión del presidente Richard Nixon)

Jiménez llega, pues al periódico El Mundo, después de un período casi interino de Casimiro García Abadillo, que sucedió a la larguísima etapa de Pedro J. Ramírez, y se encuentra, nos explica, un terreno minado. Lo primero que no entendemos es quién lo nombró director y con qué objeto, dado que el recibimiento no es nada agradable. Jiménez nos relata su peripecia al estilo de Solo ante el peligro, como si fuera un Gary Cooper con chaqueta y corbata, un héroe que viene a salvar al periódico de no se sabe qué y por qué. El problema está en que utiliza para prácticamente todos los personajes (que son personas reales) unos apodos, unos sobrenombres, que los que no estamos en ese mundillo desconocemos absolutamente. En este punto parece que el libro no se dirige al público sino a determinadas personas a las que Jiménez quiere devolverles la jugada. Una especie de venganza literaria. Me las has hecho pasar canutas y ahora te vas a enterar, parece decir. Pero todo se queda en familia porque el lector normal no puede descifrar de quién habla y sin este elemental dato de identidad hay algo que comienza ya escapándose.

¿Por qué no se citan abiertamente los nombres de los protagonistas que van apareciendo, salvo en casos concretos? Aquellos a los que se acusa de una conducta poco apropiada, por decirlo de modo suave, son los que están ocultos bajo apodos. ¿Cobardía o miedo a las querellas? No parece esto lógico en un libro que pretende denunciar determinadas situaciones. 


(El equipo Spotlight del Boston Globe discute sobre el asunto que levantará los casos de pederastia en la diócesis)

Luego están los líos. Los poderes políticos presionan, algunos periódicos (todo según Jiménez) están ya plegados a ese poder, son corderillos que siguen consignas. Los poderes económicos también presionan lo suyo y, además, se gastan una pasta en conseguir sus fines. Es decir, el cuarto poder, en lugar de controlar al resto de los poderes (lo que sería un acto democrático en una sociedad democrática) se convierte en el monaguillo de los demás y sufre un mayor control del que pretende hacer. No queda claro (al menos para mí) exactamente qué buscan los controladores, pero sí que hay periodistas que se pliegan a los requerimientos ajenos y que no están al servicio del público sino del poder, sea cual sea. Esa frase final de "Los archivos del Pentágono" (..."en una democracia la prensa no está para servir al poder sino para servir al pueblo") es papel mojado y nunca mejor dicho.

Los periodistas de Jiménez aparecen como una casta especial, con atribuciones divinas, a salvo de cualquier contingencia y manejando los hilos de la información a su antojo, o mejor dicho, al antojo de los que verdaderamente manejan los hilos. Son, a la vez, marionetas y ventrílocuos. También son protagonistas de noticias, algo que no tiene demasiada conexión con la discreción que al periodista se impone. En otro registro, eso ha ocurrido también con los periodistas del corazón, la mayoría de ellos ya convertidos en personajes. Se le ha puesto cara al periodista y este se ha enfundado el esmoquin. 


(Humphrey Bogart, en El Cuarto Poder, un director de periódico que cree en su deber de informar)

He leído críticas del libro que lo consideran una revancha, una venganza, un descrédito para el que lo escribe. Por su parte, el autor se defiende hablando del corporativismo de la prensa. Pero el lector, que se supone que es el destinatario de las informaciones y a quien debería el libro ayudar a entender, se queda in albis, como si estuviera en un ring de boxeo y no supiera a qué púgil aplaudir. No obstante, usando otra vez ese mismo símil, lo que sí parece diáfano es que las peleas están amañadas, que el derecho a la información se ha ido por el sumidero y que esas plácidas sobremesas de comentarios de prensa que viví en mi infancia y mi adolescencia se han sentido engañadas por la ruindad, la suciedad y la mentira que parece asomarse en todo esto. No necesito que David Jiménez me cuente que hay connivencias y alquileres, sino que lo explique con detalle. No lo ha hecho y esa suerte de apodos circulantes solo dan la impresión de que entre pillos anda el juego. 

Desconozco si lo que cuenta Jiménez es verdad o media verdad o mentira. Pero lo que sí llevo mucho tiempo pensando, como lectora de periódicos que se ha visto defraudada por la deriva de la prensa, por la falta de libertad e independencia de medios y de periodistas, es que esa íntima relación social y personal entre prensa, política y economía no podía dar ningún fruto bueno. El compadreo y la confusión entre la búsqueda de información, el off the record y el uso de fuentes, así como el diferente trato que se otorga a amigos y enemigos, ha acabado con la confianza de una gran cantidad de lectores en lo que lee, oye o ve en la televisión. Los tres medios, prensa escrita, radio, televisión y ahora también, medios digitales, han convertido el deber de informar en una suerte de privilegio y, en lugar de ser el cuarto poder, el que controla a los otros, se ha convertido en un salvoconducto para estar por encima del bien y del mal. La democracia pierde si la prensa pierde. Y este libro, verdadero o falso, es una prueba de ello.

Dado que este libro más parece un ajuste de cuentas que una verdadera denuncia de la situación de los medios, quizá debería existir un proceso de reflexión que llevara a darse cuenta del camino al que ha llevado esa confusión de poderes: sencillamente a perder toda autoridad moral, a defraudar a los que de buena fe creen en la independencia periodística, a dañar la democracia y a competir de una forma equivocada con las redes sociales. Si ahora fuera una niña y en mi casa pudiera comentarse todo esto habría más desilusión que esperanza, más desprecio que admiración.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
No, no es un ajuste de cuentas, como dice usted al final, ni siquiera "lo parece", para nada, está usted muy equivocada, es un fresco de lo que es el mapa político mediático español: penoso, corrupto y mafioso.

Entradas populares de este blog

"Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante"

( Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras , 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena.  La película Criadas y señoras ( The Help , 2011, de Tate Taylor ) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de ...

Editores y escritores: "Genius" de Michael Grandage.

Cuando el cine y la literatura se unen para dar lugar a un producto puede pasar cualquier cosa. Y de entrada nadie diría que la figura de un editor puede hacer surgir el entusiasmo que todo protagonista debe causar en el público. Si el editor es Max Perkins y el escritor es Thomas Wolfe, la cosa puede empezar a variar. Pero, si el editor es Colin Firth y el escritor Jude Law, entonces todo se puede transformar en una verdadera alegría para el cuerpo y los sentidos.  Me confieso colinfirthiana desde que este hombre altísimo y con mirada inteligente bordó el papel de Fitzwilliam Darcy en "Orgullo y Prejuicio" versión de la BBC de 1995. Nunca ha habido ni lo habrá un actor que se convierta en un personaje austeniano más verosímil. Tanto es así que miles de admiradoras lo siguen identificando con Darcy, el hombre enamorado de Elizabeth Bennet que todas hubiéramos querido conocer. Ves a Firth y te crees que estás viendo a Darcy. Pero, aún más, lees a Austen y observas el ...

"El placer de vivir sola" de Marjorie Hillis

Para quienes piensen que este es un libro más de esos de autoayuda que nos tienen cercados hace tiempo basta fijarse en el año de su publicación original, 1936. Marjorie Hillis (1889-1971) es una pionera en todos los sentidos. Su trabajo en la revista Vogue la puso en contacto con mujeres que, como ella, llevaban las riendas de su vida. La publicación del libro obtuvo un enorme éxito. Es verdad que ella terminó saliendo del círculo de solteras independientes a las que iba dedicado: se casó en 1939. Pero eso no significa nada, salvo que esperó a casarse el momento en que encontró al hombre adecuado. Este resultó ser Thomas Henry Roulston, viudo y propietario de algunas tiendas en Brooklyn. El matrimonio duró diez años pues su marido murió en 1949.  Hillis, que llegó a ser editora asistente de Vogue, era hija de un pastor congregacional y estudió en un colegio para señoritas en New Jersey. Después del éxito de este libro escribió otro dedicado a los negocios que podía emp...

Mafalda, Quino y las horas más dulces

Estoy viendo que tienes pocos años. Estás en el jardín de aquella casa. Una ventana entreabierta muestra el cuarto de juegos de los niños. Todos están hablando, hay una algarabía que parece un rumor sordo sobre el que descansar los ojos y las manos. La rutina discurre plácidamente. Es verano y el calor se ha asentado en la hora posterior a la siesta. En el jardín, en una jaula pintada de rosa, con columpios y bebederos de metal dorado, está Carlitos , tan acostumbrado al ruido de los niños que ni se inmuta, ni se molesta, sabe que es el sonido de la vida cotidiana en la casa. Estás leyendo un libro. O mejor, una tira, un cómic, un libro con imágenes. En las imágenes hay otros niños y sus nombres y sus figuras ya te son familiares: Está Manolito, que tiene tanto trabajo para entender las cosas; Felipe, tannnn romántico; Susana, que quiere ser mamá a toda costa y cuanto antes; Libertad, que murmura discursos de mayores con palabras tan fuertes (democracia, derecho, revolución);...

"El impacto de lo viejo"

Puede parecernos que los tiempos han cambiado tanto que las manifestaciones artísticas son la cruz de aquellas que pueblan la historia del arte. Puede parecernos que los temas, los modelos, las técnicas, los formatos, han modificado de tal manera su esencia que nada de lo que ahora se trabaja en los talleres de los artistas tiene parangón con el pasado. Puede parecernos, incluso, que los lenguajes son diferentes, simplemente porque podemos echar mano del iPad, del móvil o de la televisión por cable. Fuera de Silicon Valley la vida continúa poco a poco, sin ese estruendoso girar de las horas que convierte los minutos en revoluciones constatables. El Big Data, las telecomunicaciones, la web 3.0., la hiperconectividad, los paraísos virtuales, las redes sociales, todo ello es el signo de los tiempos, la muestra clara de que los siglos generan contradicciones, iconos y un muestrario imposible de evitar en el que nuestra vida se muestra hasta en su mínima esencia.  Pero, si ahon...

Clásicos juveniles: Julio Verne adivina el futuro

Julio Verne , de quien comenzamos enlazando una Webquest realizada con motivo del primer centenario de su muerte, celebrado en 2005, es uno de los escritores más prolíficos, originales e interesantes de la historia de la Literatura universal. Incluso quiénes no hayan leído sus libros tienen referencias sobre su obra, sobre sus novelas, algunas de las cuales se anticiparon al desarrollo de la vida sobre el planeta. Los libros de Julio Verne  (Nantes, 1828-Amiens, 1905) son considerados como literatura juvenil de primera magnitud y muchos de ellos se usan en las aulas para incentivar la lectura y para que los alumnos se adentren en el tesoro de la palabra escrita. Sus comienzos como escritor fueron difíciles. La primera obra que le supuso reconocimiento y fama fue Cinco semanas en globo publicada en 1862. Sus siguientes obras en esta línea fueron Viaje al centro de la Tierra , De la Tierra a la Luna y La vuelta al mundo en ochenta días , una de las más apreciadas...

Historia de un narcisista: incapaz de amar

Tenía en una de las estanterías cerradas con llave un librito pequeño que siempre pensé que era una novelita de amor. Su título es engañoso "Incapaz de amar". Estaba por ahí y nunca le había hecho el menor caso. Eso ocurre a veces con los libros. Llegan a ti no sabes cómo y se quedan por la casa, vagando, a veces quietos, otras veces de un sitio a otro. En este caso ese librillo estaba en la segunda fila de un estante, de esos que contienen libros que te interesan poco y por eso los pones en un lugar recóndito.  Mi manía de quitarle el polvo hasta a los libros que están en cristaleras, todos prácticamente, me ha llevado a descubrirlo ayer tarde y fijaros que lo he leído de un tirón, porque no es una novelita al uso sino un casi ensayo sobre un caso real en el que una mujer inteligente, elegante, culta y bien situada se enamora nada más y nada menos que de un individuo narcisista. Creí que los narcisistas no existían, que eran una invención de la psicología freudiana, ...

Sobre la lectura

La cuestión de la lectura, cómo debe abordarse en los entornos escolares, qué sentido tiene la animación a la lectura, cómo se forman lectores, etc., es un tema que está presente, aunque no lo creamos, en múltiples discusiones científicas, que van de Niesztche a Barthes pasando por otros destacados filósofos, filólogos, historiadores o educadores. Es un aspecto de nuestro trabajo que tiene tanta importancia que quizá estemos obligados a pensar en él, de forma crítica y conociendo lo que han opinado y opinan del tema algunos expertos que pueden arrojar luz al debate. He aquí algunas de esas opiniones, que seguiré completando más adelante. Ojalá fuera posible trasladar esa discusión a nuestro propio hábitat escolar: LA más notable obra de nuestra literatura –porque en toda nuestra literatura no hay nada comparable– en el bachillerato nos la prohíben, es decir, nos la recomiendan; es lo mismo que prohibir, porque recomendar a uno como un deber lo que es una carcajada contra la adapt...

Moda femenina en la época de Jane Austen

Jane Austen  vivió entre 1775 y 1817, el período histórico conocido como “época georgiana”. Se dio la circunstancia de que, entre 1811 y 1820, precisamente el período en el que  Austen publica sus novelas, el rey George III tuvo que ceder el trono al Príncipe de Gales, luego George IV. Ese período se conoce como “la Regencia”. Los personajes de las novelas de  Jane Austen  visten de acuerdo con la “moda Regencia”. Era una moda que venía, como es natural, de Francia y que, cuando se cortaron los lazos entre ambos países, quedó desprovista de las innovaciones del país vecino, en una especie de prolongación artificial de las tendencias.  En  “Emma” , por ejemplo, novela que podemos tomar como referencia para ver el arreglo femenino, solamente hay cuatro alusiones al look de una mujer. La primera de ellas es la referida a los botines de cordones que Emma rompe adrede para obligar al señor Elton a que las invite, a ella y a Harriet, a entrar en ...