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"El viaje de Octavio" de Miguel Bonnefoy


Esta es la primera novela de un joven escritor de padre chileno, madre venezolana y nacido en París. Un cruce de caminos que le ha venido muy bien para documentar y argumentar el texto. Miguel Bonnefoy nació en París, en 1986 y estudió Literatura en la Sorbona. Los datos de venta del libro atestiguan que está obteniendo rápidamente el favor del público y también los premios que ya ha recibido: el Premio Edmée de la Rochefoucauld para escritores noveles, el Premio Fénéon y el Premio de la Vocation que, antes de él, obtuvieron también autores tan reconocidos ahora como Joël Dicker y Amélie Nothomb, de quienes hemos recogido reseñas en este blog. 

El libro ha sido escrito en francés, aunque se trata de un escritor bilingüe en francés y castellano. La editorial Armaenia en su sección Narrativa ha encargado la traducción a Amelia Hernández Muiño. 


El protagonista del libro es Octavio, un hombre alto, fuerte y habilidoso que vive en la barriada de San Pablo del Limón. Como tantos otros de su comunidad, Octavio no sabía leer ni escribir. Este era un secreto que él guardaba cuidadosamente. Firmaba con una X y vivía trabajando de todo. Su prudencia y quizá ese complejo de inferioridad nunca confesado, lo hacían intentar pasar desapercibido. Su fuerza física, su vitalidad y su arrogancia no eran provocadoras. Estaba estigmatizado por su analfabetismo. Un día conoce en una farmacia a una mujer muy especial que a él le pareció sabia. La mujer se llamaba Venezuela y "había en ella tanto ímpetu como soledad". Es actriz, sabe declamar, conoce las palabras y sus significados. Entre ambos se produce un intercambio: ella le enseña las palabras y él la besa. 

La barriada de San Pablo del Limón, con su vieja iglesia como centro de la vida, es el lugar donde se reunían hombres y mujeres que llevaban a cabo negocios raros. Extraños personajes que vivían del robo y desvalijaban casas "como se escribe un poema". Ellos eran el Negro, Guerra, Carita Feliz, El Topo, El Chino. Precisamente robando en casa del ebanista descubrieron estos trapisondistas la estatua del Nazareno de San Pablo, "en hábito bordado de oro, con su corona de espinas". La imagen estaba desaparecida desde hacía mucho tiempo. El asombro de todos iba paralelo al de Octavio cuando recibía en casa de Venezuela las enseñanzas que esta le proporcionaba y en las que iba encontrando cada vez más placer. Aprender los rudimentos de la lectura y la escritura fue para Octavio una aventura conducida por el amor y que desembocaba en las palabras. Así, dejó de cortarse la palma de la mano y de usar vendajes que justificaban el hecho de no escribir. Cruzó el reino de la oscuridad para adentrase en el reino del pensamiento. Por la mañana, limpiaba en la iglesia, y por la tarde, aprendía en casa de Venezuela. 

Fue precisamente un robo con mala suerte el que se planeó y se llevó a cabo en esa casa, con la participación de Octavio cubierto con capucha, cuando él nunca solía participar en estos actos. La mala suerte, además, hizo que Venezuela estuviera en su casa y que todo se descubriera. Así se produce la marcha del barrio de Octavio que empieza a partir de ahí una vida de peregrinaje, llena de avatares, trabajos diversos y duros, hambre, locura, chapuzas, mendicidad. Las personas que conocí en ese itinerario llevaban todas a cuestas historias raras, y presentaban la imagen de niños inocentes o de viejos corruptos. El cansancio lo perseguía mientras cruzaba paisajes, pueblos, capos, aguas, especies vegetales y animales, ríos, mares, torrentes. De viajero pasó, en un momento, a ser ermitaño. 

La penitencia que se impuso a sí mismo, la forma de salvarse, fue convertirse en un hombre para todo, en un decidido peregrino que iba de casa en casa ayudando a los demás a cambio de lo mínimo. De esa guisa regresó a su pueblo, regresó a su casa y descubrió que las cosas dejan de ser lo que recordamos y se convierten en una suerte de imagen mágica que ni siquiera nosotros, los protagonistas, podemos conocer. 

El lenguaje de Bonnefoy está lleno de modismos, expresiones, vocabulario, propios de las tierras de sus padres, de los paisajes de su infancia, de su propia herencia literaria y cultural. Así ofrece una fábula que tiene mucho de magia, mucho de parábola y mucho de iniciación y aprendizaje. Despojado de las cosas materiales, Octavio, como todos los hombres, solo tiene para sí lo esencial. Esto es, solo se tiene a sí mismo. 

Reseña del autor (a cargo de la editorial): 

Miguel Bonnefoy nació en París en 1986 de padre chileno y madre venezolana. Creció a caballo entre Francia (país de origen de su bisabuelo), Caracas y Portugal y estudió Literatura en La Sorbona. Completamente bilingüe, decidió escribir en francés.

Ha publicado varios libros de relatos: Quand on enferma le labyrinthe dans le Minotaure (Edizione del Giano, 2009) y Naufrages (Quespire, 2011), nominada para el Premio L’Inaperçu 2012. Fue galardonado con el Premio al Joven Escritor de Lengua Francesa en 2013. El viaje de Octavio, su primera novela, ha vendido más de 25,000 ejemplares en Francia y le ha valido el Premio Edmée de la Rochefoucauld para debutantes (Mathias Énard, último Premio Goncourt, también lo obtuvo en su día), el Premio Fénéon y el Premio de la Vocation, que reconoce a los nuevos talentos (como previamente hizo con Amélie Nothomb y Joël Dicker). El libro también fue seleccionado para el Prix des Cinq Continents  y el Premio Goncourt a la primera novela.


Datos del libro: 

Colección Narrativa. Libro nº 7
1ª. edición: Abril 2017
Edición original: Le voyage d’Octavio, Éditions Payot & Rivages, París, 2015.
Traducción: Amelia Hernández Muiño, 2015.
ISBN: 978-84-944909-9-6
Dimensiones: 14×21 cm. 122 págs.
P.V.P.: 15,90 € (IVA incluido).

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