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Ryan, una banda de jazz y La la land, la ciudad de las estrellas


(Ese ambiente de los clubs de jazz, envueltos en humo y en música, se recrea a partir de Sebs, que toca el piano y que quiere serlo todo en la música)

No me interesaba demasiado el jazz hasta que un amigo me llevó a un concierto de John Pizzarelli y me convertí a su religión. Tampoco los musicales son cosa de mi predilección, aunque suene a herejía. Sin embargo, de esta película "La la land. La ciudad de las estrellas" hay dos cosas que me atraen por encima de todo: la música y Ryan Gosling. Probablemente el tipo al que mejor le sientan los trajes de todo el mundo mundial. 

Mia (Emma Stone) y Sebs (Ryan Gosling) se encuentran por casualidad o porque así el destino lo había previsto. Ambos tienen el mismo objetivo: triunfar. Ella quiere ser actriz y él se muere por el jazz clásico, el de toda la vida, el de un piano y no hace falta más. El amor que sienten queda en segundo lugar, triunfar es lo que importa. Por eso (y esto es un clarísimo spoiler) todo apunta a que acabarán cada uno por su lado. Podría suceder que uno de los dos decidiera que era mejor estar juntos que conseguir el triunfo. Pero ninguno lo piensa y ambos luchan por lograr su sitio en la ciudad de las estrellas, que no es otra que ese firmamento de triunfadores en el que hay nombres que brillan con luz propia. 


(Las cuatro chicas están pendiente de las audiciones que, de cuando en cuando, sacude sus vidas. Fracaso tras fracaso, Mia gasta su tiempo sirviendo cafés en el bar de los Estudios)

Los números musicales son lo mejor de la película. Porque el argumento ya está dicho y son la excusa para homenajear a Hollywood y al cine de los mayores sueños. Este de la foto en el que aparecen las cuatro chicas que comparten piso y audiciones es genial. Y el del inicio, con todos los automovilistas bailando en un atasco. El más impactante de todos es el que sucede en un club lleno de gente con la banda en la que toca Sebs y con la que va a triunfar. Música electrizante, primeros planos de los instrumentos, de las manos y los rostros, que te acercan la vivencia íntima de la música. Genial. 


(A veces uno termina por enamorarse sin remedio porque es imposible que el corazón se escape. Sebs y Mia son dos personas que comparten un deseo y que desean estar juntos)

Hay también edulcoradas escenas con claqué. Encuentros convertidos en chasquidos musicales y, sobre todo, una banda sonora que merece todos los premios del mundo. La virtualidad de los temas reside en que son capaces de hablar por sí mismos y de hacerte olvidar que estás al otro lado de la pantalla: puede incluso suceder que te pongas a bailar o que creas que formas parte de los bebedores de cerveza de los garitos. 


(Ryan Gosling es Sebs. Este hombre ha hecho de duro, de malo y de gángster. Pero aquí despliega determinación y ternura a partes iguales)

Cualquiera de nosotros puede leer en esta película la historia que quiera. Habla de los sueños que uno quería haber logrado y que se han quedado en el camino. Y también de que, al contrario que hacen los protagonistas, a veces se sacrifican esos sueños por el amor. Y el amor casi nunca está a la altura del sacrificio. Estos dos lo saben de sobra y por eso, aunque al final parezca que se echan muchísimo de menos en el momento en que se encuentran fuera de contexto y sin posibilidad de renacer, sería bastante peor andar rumiando el fracaso. Eso los hubiera separado de todas formas. 

Por eso, en el fondo la película habla del talento. Un talento baldío, guardado en un cajón o sin explosionar, es una deuda pendiente con nosotros mismos. La ciudad de las estrellas es la ciudad de la gente que se arriesgó a todo, incluso a vivir en soledad, por lograr que ese talento cristalizara al fin.

La la land. La ciudad de las estrellas. Película de 2016. 



Director
Guión
Damien Chazelle
Música
Justin Hurwitz
Fotografía
Linus Sandgren
Reparto
, , , , , , , , , , , , , 
Productora
Summit Entertainment / Gilbert Films / Impostor Pictures / Marc Platt Productions

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