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"Nunca me ha gustado cómo huelen los libros"


(Harriet Walker es Fanny Ferrars Dashwood en la película de Ang Lee)

Esta frase la pronuncia Fanny Ferrars Dashwood, la esposa del hermanastro de las hermanas Dashwood (Elinor, Marianne y Margaret) al enseñarle a su hermano Edward Ferrars la casa familiar que su marido ha heredado a la muerte de su padre. La desgracia femenina de perder todo derecho en la vía sucesoria de bienes e inmuebles para beneficiar a los varones, incluso con parentescos lejanos, está presente en toda la obra de Jane Austen y siempre con un punto de crítica. 

A la muerte del señor Dashwood, su segunda esposa y las tres hijas que ha tenido con ella, se quedan desamparadas, a merced únicamente de la bondad de su hijo mayor, a quien, en su lecho de muerte, el padre hace prometer que cuidará de ellas. Las promesas se diluyen y se interpretan como uno quiere. Y Fanny es una enorme manipuladora que conseguirá que su marido vea las cosas como ellas las ve: ni un duro para estas mujeres, que tendrán que aviarse con las 500 libras anuales que les ha dejado el padre y que, además, tendrán la suerte de tener poquísimos gastos: no tendrán caballos, ni carros, ni coches, ni casas, ni vida social....En un diálogo digno de un genio literario como era Austen, el hermano Dashwood pasa de querer regalarles 3000 libras a no darles nada. 


(En la versión de Ang Lee de "Sentido y sensibilidad" la madre y las tres hijas llegan a Barton Cottage a vivir humildemente gracias a un lejano pariente) 

Fanny es un mujer odiosa. Estirada y con ansias de grandeza, deseosa de encumbrarse a costa de los demás, demuestra malos sentimientos cuando llega a la casa tras la muerte de su suegro, de apodera de ella y no siente la mínima empatía por el sufrimiento de la señora Dashwodd y de sus hijas. Solo Edward, que llega de visita, es capaz de entender por lo que están pasando y esto será suficiente para hacer nacer en Elinor un sentimiento poderoso hacia él. 

El retrato de Fanny la presenta también como una mujer manipuladora. Lo hace con su marido, lo hace con su madre (aunque este es un personaje que solo aparece citado), con sus propios hermanos y con el mundo en general. La jugarreta que la vida le juega cuando descubre que su hermano mayor está atado por la promesa de un matrimonio inconveniente con una muchacha francamente trepa, la enfurece y logra cambiar todo el desenlace de la historia cuando la madre deshereda a ese hermano en beneficio del otro. Es así como un cambio de fortuna puede dar lugar a que se unan dos corazones que se han entendido desde el principio. A su modo y con la prudencia que a ambos les caracteriza, lo que sienten mutuamente Elinor y Edward es eso, amor a primera vista. Pero mucho más sólido de lo que parecer puede. 


(En la escena final del film de Ang Lee, la pareja formada por Elinor (Emma Thompson) y Edward (Hugh Grant) consigue unirse en matrimonio después de muchas vicisitudes)

Un personaje tan desagradable y malvado como Fanny Ferrars Dashwood tenía que tener su merecido y, aunque Jane Austen no es para nada una escritora moralista ni de moralejas, está claro que no pasó esto por alto. De esa manera, tiene que soportar que una advenediza sin fortuna se case con su hermano mayor, Robert, heredero, él sí, de la fortuna y que su segundo hermano, devenido en pastor gracias a la ayuda del magnánimo coronel Brandon (qué gran personaje este) se despose con su amada, que no es otra que Elinor Dashwodd. 

¿Quería decirnos algo más Jane Austen cuando casa a Elinor, el sentido, con el hombre al que ama y, en cambio, despoja a Marianne, la sensibilidad, del que ella desea para que termine sus ideas con un hombre bueno pero por el que no siente pasión? ¿O será que, en cierto modo, ambas hermanas terminan asimilándose la una a la otra y, al final, ni Elinor es tan sensata ni Marianne tan impulsiva? 
Este es uno más de los misterios de Austen, que aparecen cuando lees sus obras con la mirada atenta de quien sabe que entra en un paraíso indescifrable de emociones sin límite. 


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