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"Noches sin dormir" de Elvira Lindo


Ya lo he escrito alguna vez. Sigo a Elvira Lindo desde sus "Manolitos". Me gustan esos libros. La forma en la que cuenta las cosas, las peripecias de Manolito, su hermano, su mamá, su padre y el abuelo. La llegada de la hermanita. Las historias del colegio y de los amigos del barrio. También he leído el resto de libros de Elvira, cuyos títulos ahora no podría recordar, pero que están por ahí. Así que me lancé a comprar, incluso antes de que saliera porque tuve que encargarlo, su libro de memorias o de sucedidos en Nueva York, este "Noches sin dormir" que tengo aquí al lado. 

Ay. No querría escribir esto pero, para empezar, el libro es feo. Una portada fea hecha por el hijo de la escritora, Miguel Sánchez Lindo. Quizá sea un diseñador muy bueno, pero aquí no se ha lucido nada. Un libro feo siempre queda peor que uno bonito. Parece una edición barata de una imprenta escolar, hecha con rudimentos y diseñada por un chaval de la ESO. Y el papel ecológico será estupendo, pero árido, brusco, casi tieso. Luego, tiene muchas fotos, pero se han reproducido con mala calidad, colores insalvables, escasa definición y tampoco las tomas son buenas. Un libro que habla de lugares y que se acompaña con fotos debería cuidar estos detalles. 

Esperaba que el contenido me atrapara, que fuera una narración casi en forma de diario en la que la estancia en Nueva York de Elvira Lindo y su marido, el escritor Antonio Muñoz Molina, reverberara a la luz de la luna. Esperaba distracción, emoción, aventura, alma. Sobre todo eso, alma. Encontrarme con lo que ella siente y piensa, mucho más que con las anécdotas contadas en forma radial, descriptiva, casi amontonadas en las páginas. No sé, no me ha hecho sentir que recorro Nueva York ni que visito sus lugares. Me ha aburrido y lo he dejado sin acabar. Algo que no me gusta cuando el autor, como en este caso, es alguien a quien aprecio literariamente. Un intento fallido, eso creo que es. 

Entendedme. El libro está bien escrito, salvo algunas cosas descuidadas que podían haberse corregido con un repaso más. Contiene lugares, citas, sitios, palabras en inglés, personas, comentarios y pensamientos. Yoga, pilates, vintage, Central Park, nieve, frío, muchas cosas. Pero me cuesta seguirlo y meterme en la narración. Es más, no veo lo que cuenta, no lo imagino, no lo palpo, no está. Mucha descripción, poca poesía. ¿Esperaba poesía? Quizá es que me equivoco, quizá es posible relatar la vida de una en Nueva York o en cualquier otro sitio sin que haya un gramo poético que echarle al guiso. También se habla de guisos, oye, y de comidas en general. Pero no es eso, no es eso. 

Quizá soy yo. Quizá no es este libro el que tenía que leer en este momento. Quizá no estaba escrito para que yo lo leyera ahora. Quizá pensar en Nueva York y desprenderme de James o de Wharton para mí no es posible. Quizá soy yo la que ahora no está dispuesta a admitir que existen otros modos de vida, que puede uno pasearse por la Gran Manzana con el hombre al que ama y ser feliz. Que es posible estar en un  país extranjero y sentirse dentro de una burbuja de sensaciones buenas, nuevas, enormes, atractivas. Quizá tengo envidia. Quizá no es el libro y soy yo la que no encaja con nada que no sea este silencio de ahora envuelto en la luz dorada de diciembre. 

Comentarios

Keren Verna ha dicho que…
No leí nada de la autora. Voy a buscar para leer este verano. Gracias

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