Ir al contenido principal

Una pequeña historia real


Conocí una vez a un niño muy especial. En realidad he conocido a muchos niños especiales en mi vida. En realidad, todos los niños son niños especiales. 

Comenzaré de nuevo, pues.

Una vez conocí a un niño muy especial, como todos los niños, al que le gustaba hacer cosas con las manos. Esto no es una circunstancia llamativa, salvo si se tiene en cuenta que todo el mundo consideraba a este niño un perfecto inútil. Los padres estaban preocupados. Es un trasto, no sirve para nada. Los maestros habían dado la voz de alarma. Es un desastre, no guarda los cuadernos, no cuida las carpetas, no sabe afilar los lápices, no se pone en la fila, canta en medio de la clase, se enfada demasiado si se le riñe, no se calla ante las explicaciones, se mueve mucho todo el tiempo. Los compañeros observaron que el niño era, ciertamente, un poquito problemático. Al menos esa palabra era la que usaban sus propios padres y la que ellos aprendieron. El niño problemático. Es una palabra difícil pero uno puede aprenderla si la oye muchas veces y logra repetirla a menudo. 

El niño problemático se cambió de colegio dos o tres veces a lo largo de los años. En ninguno de ellos tenía sitio. Sitio de verdad, quiero decir. Ese sitio que uno ocupa y que no depende de la silla en que te sientes, ni de las notas que saques, ni de las veces que hagas bien los ejercicios en la pizarra. El niño se cambió de colegio, pasó de uno a otro, de otro al de más allá y en ninguno encontró su sitio. Era como si se tratara de un patito feo en el cuento del patito feo. Sí. Eso pensé al conocerlo. Esto es el cuento del patito feo. Un pato entre cisnes majestuosos, entre plumas blancas y azuladas, entre cuellos erguidos y llenos de prestancia. Un pato desaliñado, con la camisa por fuera, los puños sucios de jugar con la tierra, los ojos enrojecidos de las rabietas, la sonrisa extraña. 

Conocí a este niño en el tercer colegio al que acudió. Ya tenía once años. Lo trajeron para que yo dijera qué le pasaba. El niño y yo nos sentamos uno enfrente del otro durante algunos días. Nos mirábamos sin saber qué decir. Yo tenía que preguntar y él tenía que responder. Pero no se me ocurría ninguna palabra, ni él tenía, por tanto, respuesta alguna. Un niño especial y una profesora especial. Entonces pensé que había fracasado. Que todo mi trabajo era una completa inutilidad, que yo era una fracasada, porque no era capaz de saber qué le pasaba a ese niño, ni, por supuesto, de decirle a los maestros qué hacer con él. 

Uno de esos días le dije al niño cuando llegó a mi lado: "Haz lo que quieras, yo también voy a hacer lo que quiera". Me senté y abrí mi libreta de hojas lisas, con la portada suave y ligera de color azul, con una flor amarilla en la primera página que yo había dibujado apenas sin saber porque esas son las flores que me gustan. Abrí mi libreta y cogí mi pluma y me puse a escribir. Empecé a escribir una historia. Me metí en las palabras y me olvidé del niño. Esperaba que el niño también se olvidara de mí. Estaba segura de que se olvidaría. Yo era una profesora que no podía ayudarle. 

El niño se levantó de la silla verde en la que estaba sentado junto a mi mesa, verde también, como todas las mesas y sillas de todos los colegios de esta parte del mundo, verde que te quiero, verde. O, verde, que te quiero verde. Vaya usted a saber. El niño se levantó y fue a una estantería de madera en la que había cosas. Lápices, reglas, una bola del mundo con fondo azul, como si todo el mundo fuera un mar esplendoroso. Había libros de cuentos, adivinanzas, figuras humanas, muñecos articulados. Había puzzles. Había plastilina. 

El niño cogió varios trozos de plastilina de colores y se sentó en una mesa apartada de mí. Se sentó solo con él mismo, sin pensar en nadie ni en nada. Solamente en sí mismo, en la plastilina, en sus manos, en los vivos colores, en sabe Dios qué. Empezó a modelar la plastilina y, al cabo de una hora, cuando mi historia estuvo casi acabada, él me llamó, con la forma familiar en que los niños nos nombran en los colegios: "Seño, mira lo que he hecho". 

Delante de mí apareció un aeropuerto. Aviones, hangares, vehículos, personajes humanos, contenedores, carreteras, oficinas. Un aeropuerto entero hecho de plastilina. Había gastado toda la plastilina, toda absolutamente, no quedaba nada y el niño, después de enseñarme aquello y detallarme uno por todo todo lo que significaba, me pidió más plastilina. "Necesito terminar" me dijo. "Me faltan todavía la torre de control y los pasadizos secretos". 

Conseguir más plastilina fue una pequeña odisea, buscar tiempo para que el niño pudiera acabar su obra también resultó complicado. La burocracia existe hasta en el lugar más remoto del mundo, hasta para la acción más insignificante. Al fin, provisto de lo necesario, plastilina y espátulas, el aeropuerto estuvo terminado y solamente quedaba bautizarlo. Era un aeropuerto fantástico, un aeropuerto como no puedes imaginar siquiera. Digno de cualquier ciudad del mundo, o, al menos, de las ciudades que amo y a las que quisiera ir cada vez que estoy triste. Sólo faltaba el nombre del aeropuerto pero el niño tenía que pensarlo y así estuvo varios días. Al cabo de una semana, el niño, que iba cada día a mi despacho a ver su obra, allí colocada con toda ceremonia, vino con un letrero de colores y me dijo que ya había decidido el nombre. En letras rojas y verdes había escrito el nombre del aeropuerto: Aeropuerto de la seño Caty. 

La historia es real. El niño era un genio distinto a los demás. Necesitaba otras cosas. Necesitaba crear. La escuela no está hecha para niños así y por eso, dos años después, acabo de enterarme de que el niño, desprovisto de su talento a fuerza de fracaso, sigue repitiendo curso y ha terminado por cambiar de colegio. El aeropuerto se disolvió en las manos de alguien que quiso reutilizar la plastilina. Era un derroche. 

(8 de septiembre de 2015)

Comentarios

Entradas populares de este blog

"Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante"

( Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras , 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena.  La película Criadas y señoras ( The Help , 2011, de Tate Taylor ) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de ...

Editores y escritores: "Genius" de Michael Grandage.

Cuando el cine y la literatura se unen para dar lugar a un producto puede pasar cualquier cosa. Y de entrada nadie diría que la figura de un editor puede hacer surgir el entusiasmo que todo protagonista debe causar en el público. Si el editor es Max Perkins y el escritor es Thomas Wolfe, la cosa puede empezar a variar. Pero, si el editor es Colin Firth y el escritor Jude Law, entonces todo se puede transformar en una verdadera alegría para el cuerpo y los sentidos.  Me confieso colinfirthiana desde que este hombre altísimo y con mirada inteligente bordó el papel de Fitzwilliam Darcy en "Orgullo y Prejuicio" versión de la BBC de 1995. Nunca ha habido ni lo habrá un actor que se convierta en un personaje austeniano más verosímil. Tanto es así que miles de admiradoras lo siguen identificando con Darcy, el hombre enamorado de Elizabeth Bennet que todas hubiéramos querido conocer. Ves a Firth y te crees que estás viendo a Darcy. Pero, aún más, lees a Austen y observas el ...

"El placer de vivir sola" de Marjorie Hillis

Para quienes piensen que este es un libro más de esos de autoayuda que nos tienen cercados hace tiempo basta fijarse en el año de su publicación original, 1936. Marjorie Hillis (1889-1971) es una pionera en todos los sentidos. Su trabajo en la revista Vogue la puso en contacto con mujeres que, como ella, llevaban las riendas de su vida. La publicación del libro obtuvo un enorme éxito. Es verdad que ella terminó saliendo del círculo de solteras independientes a las que iba dedicado: se casó en 1939. Pero eso no significa nada, salvo que esperó a casarse el momento en que encontró al hombre adecuado. Este resultó ser Thomas Henry Roulston, viudo y propietario de algunas tiendas en Brooklyn. El matrimonio duró diez años pues su marido murió en 1949.  Hillis, que llegó a ser editora asistente de Vogue, era hija de un pastor congregacional y estudió en un colegio para señoritas en New Jersey. Después del éxito de este libro escribió otro dedicado a los negocios que podía emp...

Mafalda, Quino y las horas más dulces

Estoy viendo que tienes pocos años. Estás en el jardín de aquella casa. Una ventana entreabierta muestra el cuarto de juegos de los niños. Todos están hablando, hay una algarabía que parece un rumor sordo sobre el que descansar los ojos y las manos. La rutina discurre plácidamente. Es verano y el calor se ha asentado en la hora posterior a la siesta. En el jardín, en una jaula pintada de rosa, con columpios y bebederos de metal dorado, está Carlitos , tan acostumbrado al ruido de los niños que ni se inmuta, ni se molesta, sabe que es el sonido de la vida cotidiana en la casa. Estás leyendo un libro. O mejor, una tira, un cómic, un libro con imágenes. En las imágenes hay otros niños y sus nombres y sus figuras ya te son familiares: Está Manolito, que tiene tanto trabajo para entender las cosas; Felipe, tannnn romántico; Susana, que quiere ser mamá a toda costa y cuanto antes; Libertad, que murmura discursos de mayores con palabras tan fuertes (democracia, derecho, revolución);...

"El impacto de lo viejo"

Puede parecernos que los tiempos han cambiado tanto que las manifestaciones artísticas son la cruz de aquellas que pueblan la historia del arte. Puede parecernos que los temas, los modelos, las técnicas, los formatos, han modificado de tal manera su esencia que nada de lo que ahora se trabaja en los talleres de los artistas tiene parangón con el pasado. Puede parecernos, incluso, que los lenguajes son diferentes, simplemente porque podemos echar mano del iPad, del móvil o de la televisión por cable. Fuera de Silicon Valley la vida continúa poco a poco, sin ese estruendoso girar de las horas que convierte los minutos en revoluciones constatables. El Big Data, las telecomunicaciones, la web 3.0., la hiperconectividad, los paraísos virtuales, las redes sociales, todo ello es el signo de los tiempos, la muestra clara de que los siglos generan contradicciones, iconos y un muestrario imposible de evitar en el que nuestra vida se muestra hasta en su mínima esencia.  Pero, si ahon...

Clásicos juveniles: Julio Verne adivina el futuro

Julio Verne , de quien comenzamos enlazando una Webquest realizada con motivo del primer centenario de su muerte, celebrado en 2005, es uno de los escritores más prolíficos, originales e interesantes de la historia de la Literatura universal. Incluso quiénes no hayan leído sus libros tienen referencias sobre su obra, sobre sus novelas, algunas de las cuales se anticiparon al desarrollo de la vida sobre el planeta. Los libros de Julio Verne  (Nantes, 1828-Amiens, 1905) son considerados como literatura juvenil de primera magnitud y muchos de ellos se usan en las aulas para incentivar la lectura y para que los alumnos se adentren en el tesoro de la palabra escrita. Sus comienzos como escritor fueron difíciles. La primera obra que le supuso reconocimiento y fama fue Cinco semanas en globo publicada en 1862. Sus siguientes obras en esta línea fueron Viaje al centro de la Tierra , De la Tierra a la Luna y La vuelta al mundo en ochenta días , una de las más apreciadas...

Historia de un narcisista: incapaz de amar

Tenía en una de las estanterías cerradas con llave un librito pequeño que siempre pensé que era una novelita de amor. Su título es engañoso "Incapaz de amar". Estaba por ahí y nunca le había hecho el menor caso. Eso ocurre a veces con los libros. Llegan a ti no sabes cómo y se quedan por la casa, vagando, a veces quietos, otras veces de un sitio a otro. En este caso ese librillo estaba en la segunda fila de un estante, de esos que contienen libros que te interesan poco y por eso los pones en un lugar recóndito.  Mi manía de quitarle el polvo hasta a los libros que están en cristaleras, todos prácticamente, me ha llevado a descubrirlo ayer tarde y fijaros que lo he leído de un tirón, porque no es una novelita al uso sino un casi ensayo sobre un caso real en el que una mujer inteligente, elegante, culta y bien situada se enamora nada más y nada menos que de un individuo narcisista. Creí que los narcisistas no existían, que eran una invención de la psicología freudiana, ...

Sobre la lectura

La cuestión de la lectura, cómo debe abordarse en los entornos escolares, qué sentido tiene la animación a la lectura, cómo se forman lectores, etc., es un tema que está presente, aunque no lo creamos, en múltiples discusiones científicas, que van de Niesztche a Barthes pasando por otros destacados filósofos, filólogos, historiadores o educadores. Es un aspecto de nuestro trabajo que tiene tanta importancia que quizá estemos obligados a pensar en él, de forma crítica y conociendo lo que han opinado y opinan del tema algunos expertos que pueden arrojar luz al debate. He aquí algunas de esas opiniones, que seguiré completando más adelante. Ojalá fuera posible trasladar esa discusión a nuestro propio hábitat escolar: LA más notable obra de nuestra literatura –porque en toda nuestra literatura no hay nada comparable– en el bachillerato nos la prohíben, es decir, nos la recomiendan; es lo mismo que prohibir, porque recomendar a uno como un deber lo que es una carcajada contra la adapt...

Moda femenina en la época de Jane Austen

Jane Austen  vivió entre 1775 y 1817, el período histórico conocido como “época georgiana”. Se dio la circunstancia de que, entre 1811 y 1820, precisamente el período en el que  Austen publica sus novelas, el rey George III tuvo que ceder el trono al Príncipe de Gales, luego George IV. Ese período se conoce como “la Regencia”. Los personajes de las novelas de  Jane Austen  visten de acuerdo con la “moda Regencia”. Era una moda que venía, como es natural, de Francia y que, cuando se cortaron los lazos entre ambos países, quedó desprovista de las innovaciones del país vecino, en una especie de prolongación artificial de las tendencias.  En  “Emma” , por ejemplo, novela que podemos tomar como referencia para ver el arreglo femenino, solamente hay cuatro alusiones al look de una mujer. La primera de ellas es la referida a los botines de cordones que Emma rompe adrede para obligar al señor Elton a que las invite, a ella y a Harriet, a entrar en ...