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El hombre equivocado

Nos ha ocurrido a todas alguna vez. El hombre equivocado. Te enamoras del hombre equivocado. Lo haces en un tiempo equivocado. Te expresas de la forma equivocada. Tú misma vives sentimientos equivocados.

Pero son tuyos. Los tienes dentro. No puedes evitarlo. No puedes evitar evocar su rostro, pensar en sus manos, añorar sus besos, incluso los que nunca han existido, incluso los que no van a existir jamás. 

Esta podría ser la sinopsis más simple de este libro y de esta película. "Suite Francesa", escrita por Iréne Nèmirovsky, apareció incompleta y una de sus hijas la cosió con cuidado y la hizo publicar. Estaba guardada en una maleta gastada y vieja en la que existían otros manuscritos de su madre y ediciones antiguas de quien fue, antes de ser deportada a un campo de concentración por su condición de judía, una eminente escritora, de amplia formación y mirada profunda sobre la vida y las cosas. 

Después de ese libro, brotaron otros, como ramas en un árbol antes seco, y todos los Irenistas hemos podido disfrutar de ella, de esa especialísima manera de escribir, tan intensa y tan ligera, a la vez, con un ligereza que tiene que ver con la suavidad de quien observa sin ser visto. No hay drama aparente en lo que escribe. El drama está envuelto en peripecias humanas, incluso divertidas, pero subyace en la escritura y te envuelve. Quisiera tener el don de Nèmirovsky para relatar el mundo que veo o el que percibo en mi interior. La envidio. 

En 2014, el libro se convirtió en película. Las imágenes intentan transmitir la fuerza de la situación creada por la escritora, con esos personajes al borde de la vida, con los sinsabores marcados en el rostro, con las luchas, los deseos y las ambigüedades. Como siempre suele ocurrir, nadie está a la altura de las circunstancias y todos han de hacerse perdonar sus errores. Es muy difícil ser héroe todo el tiempo. Y esa mirada tiene, a pesar de todo, una gran dosis de comprensión, tan necesaria si hablamos de debilidades. Y todos somos débiles y tenemos miedo la mayor parte del tiempo. 

En "Suite Francesa" el amor es el único elemento no contaminado por la historia, los uniformes, el destino, la nacionalidad, la raza, la guerra. Tantas veces he pensado, y ahora lo confirmo, que los avatares históricos te sacuden, convierten tu individualidad, tu vida cotidiana, en algo sujeto a contingencias extrañas. Te dejas llevar sin querer y un acontecimiento exterior, en el que no tienes arte ni parte, hace que tu río se mueva por otro cauce. El amor se ve comprometido en muchas ocasiones por este discurrir extraño de la vida. 

Si eres francesa y vives en territorio ocupado, si tu marido está en el frente luchando contra los alemanes, si eres una persona sensitiva y llena de sueños, no puedes enamorarte impunemente de un soldado alemán. Y, si lo haces, abrirás la puerta a una sinfonía inacabada que te arrastrará para siempre. Porque los lazos del amor son difíciles de desatar y porque, casi siempre, el hombre equivocado es justamente el hombre que puede conducirte a la única dicha posible para ti. 

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