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Tiempos difíciles

Charles Dickens lo hubiera expresado con genialidad. Estos tiempos de zozobra, esta búsqueda de la mejora, sin saber si llegará y si nos sacará del marasmo. En todos los rincones de la sociedad hay una insatisfacción, una necesidad de que algo cambie y que ese cambio sea para bien. No hay recetas, entretanto, salvo el trabajo individual y callado, la honestidad, la decencia, aunque sean cosa antigua que parece que no da réditos. Pero, además, necesitamos consuelo, consuelo ante la enfermedad, la duda, la incertidumbre, la soledad, la desesperanza. Consuelo ante el horizonte incierto, ante el azote del dolor, ante la pobreza, la miseria y la necesidad. Consuelo ante la traición, la ignorancia, el egoísmo, la mediocridad. Consuelo ante los que mandan, los que se perpetúan en el poder, los que no hacen autocrítica. Consuelo.
Ahí están, por eso, los libros. También las películas, desde luego. Y la música. El arte, la cultura en general, ese alimento del espíritu tan necesario, en el que creo expresamente. Pero los libros...se abren ante nosotros en silencio, sin exigirnos nada, sin pedirnos nada a cambio. Alguien escribió ese libro para que lo leamos, para que nos haga reír, o pensar, o llorar. Cuando abrimos el libro, dejamos de estar solos. Se concitan en ese momento entre nosotros todos sus lectores y también la persona que lo escribió, que le dedicó horas al folio en blanco, a luchar contra la falta de inspiración o el desánimo. Amo los libros por eso, porque salvan del naufragio, colocando delante de nosotros una luz, difusa, pequeña, pero cierta.
Al lado de estas palabras, en la columna lateral de este blog, hay algunos libros que he leído y que han sido importantes, son importantes, por el efecto que han causado, algunos inmediato y otros más duradero. Ay, los libros, en tiempos difíciles solamente ellos escriben nuestro nombre sin olvidarnos...


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( Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras , 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena.  La película Criadas y señoras ( The Help , 2011, de Tate Taylor ) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de ...

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