viernes, 11 de enero de 2019

"La vida breve de Katherine Mansfield" de Pietro Citati

Pietro Citati (Florencia, 1930) es un biografista de gran prestigio. La principal característica de sus biografías es que sitúa al personaje en el centro de una narración cuasi novelesca. Lejos de tener un sentido académico sus obras pretenden que nos identifiquemos con los biografiados y tengamos idea de su intrahistoria. Esto es posible con la galería de destinatarios de sus obras, como Goethe, Leopardi, Kafka o Tolstoi entre los escritores, a los que se une esta biografía de Katherine Mansfield, una autora muy desconocida y con una obra basada en su dominio del relato. 

Katherine Mansfield (Wellington, Nueva Zelanda, 1888- Fontainebleau, Francia, 1923), que toma el apellido de su abuela materna, es una de esas personalidades complejas, cuyo temperamento artístico le supone más sufrimiento que alegría. Su ambigüedad sexual nunca fue aceptada por su familia. La relación con su madre fue difícil porque esta siempre hubiera preferido tener un hijo varón. Los apegos familiares fueron dudosos y cambiantes. Tampoco recibió apoyo para dedicarse a lo que más le gustaba, la música, en concreto tocar el violonchelo. Aunque su familia tenía recursos económicos no parece que ella se sintiera integrada en ella en el aspecto afectivo. Ese desapego tuvo que marcar toda su vida y se acentuó con la muerte en el frente de su único hermano varón, Leslie. Ida Baker, por un lado, y el editor de la revista "Rythym" John Middleton Murry, fueron las dos personas que ocuparon su vida sentimental, a veces al mismo tiempo. Vivió en muchos lugares y la enfermedad la persiguió toda la vida, ocasionándole una muerte prematura. Esa conciencia de la enfermedad aparece en sus libros y en sus diarios y cartas con toda claridad. Cada día era una "maravilla" para ella, más que un rutina. Una parte de su obra fue publicada con carácter póstumo por Murry. 


La extraña y negativa relación con su madre es uno de los ejes de su personalidad. Así lo describe Citati en su libro. "Mientras escribía Preludio, Katherine Mansfield invadió su propia identidad con esa imagen de su madre que había alimentado dentro de sí misma durante los años de la separación...descubrió que existía en ella el mismo ojo lejano, imperturbable, ausente: la distancia, el impulso de fuga, el sentimiento profundo de no pertenecer a nadie que había descubierto en su madre, un lado oscuro que no amaba la luz..."

El segundo elemento clave, es la enfermedad, esa sensación de precariedad, de sufrimiento y de estar viviendo el último día de su vida a cada instante. Y el tercero es la dificultad de vivir su sexualidad de una manera sana, consciente y aceptada. De ahí sus idas y venidas en la geografía y en los afectos. Un perfecto desarraigo. 

Los últimos años de su vida fueron aún más duros porque dependía de otros. "Por la mañana, si los dolores le impedían bajar la escalera, Ida Baker le llevaba un barco de agua caliente, la bañaba, la enjabonaba y la secaba como su abuela había hecho veinte años antes. Escribía por la mañana y por la tarde; después de comer daba un pequeño paseo, arrastrándose como un caracol, o el cochero la conducía entre los bajos senderos de la montaña. Después de cenar jugaba al Cribbage con Middleton Murry; leía "Emma" y "Mansfield Park" de Jane Austen, mientras su marido zurcía los calcetines utilizando para ello un limón"

Aunque no se sintió amada completamente por Murry, ese amor era uno de sus alimentos, incluso cuando estaban en la lejanía, algo que era muy frecuente, pues ambos eran conscientes de que eso era mejor que no comprenderse. "Te amo con toda nuestra vida futura, nuestra vida juntos, que sólo ahora me parece que ha arraigado, y que está viva y crece bajo el sol" Y hay algo crucial en lo que dice, algo que resume su sentimiento: "No, no es que yo te ame, sino que el amor me posee por entero: amor por ti y por toda nuestra riqueza y nuestra felicidad" Esto nos indica su conciencia clara de que su relación amorosa con Murry era incompleta y quizá todas sus relaciones amorosas y familiares lo eran, ninguna era capaz de satisfacer su vitalidad, su forma de entender la vida y sus necesidades afectivas, incompletas, inacabadas. 

La mayor parte de sus relatos los escribió en un período muy corto, solo dos años, un tiempo en el que tuvo un énfasis creativo muy poderoso, aunque siempre mantuvo una relación firme y segura con la escritura, quizá su mayor anclaje, lo que se manifiesta en sus diarios y en sus cartas. Su relación con otros escritores contemporáneos fue discontinua pero sin competencias, más bien en una especie de río de solidaridad y de entendimiento. El final de su vida, en una institución de dudosa claridad bajo la organización de uno de esos individuos iluminados que se aprovechan de la desesperación de los enfermos, fue absurdo y terrible.

Este es un libro corto, breve como esa vida, pero que recoge lo justo, lo que necesitamos para entenderla. Más que datos, que también, lo que trasmina es la forma en la que ella lo sentía y lo vivía, aunque fuera de esa manera tan dura a veces y tan difícil y tan escasa de esperanza. Puedes llegar a conocer a Mansfield y adivinar por qué la escritura era un hábito diario que no podía dejar, ni quería hacerlo, por qué necesitaba transmitir de alguna forma su emoción, algo tan efímero que solo se puede perpetuar si se deja por escrito. Esa certeza del final cercano y esa inevitable deseo de comunicación y de ser amada y comprendida es el marco de fondo de todo lo que escribe, de todo lo que es. 

La vida breve de Katherine Mansfield. Pietro Citati. Ediciones Gatopardo. Traducción de Mónica Monteys. Primera edición 2016. 

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