domingo, 17 de enero de 2016

"Los papeles de Aspern" de Henry James

Henry James (Nueva York, 1843- Londres, 1916) es un escritor difícil. Aunque a lo largo de su trayectoria literaria su estilo varía y pasa de ser muy disgresivo, con amplísimas descripciones y oraciones largas a otro más concreto y conversacional, no se puede negar que no es una lectura fácil, sino que requiere cierto esfuerzo intelectual. Él mismo es un escritor que intelectualizaba mucho sus obras, la mayoría de las cuales van más allá de lo que narra y poseen elementos que las relacionan con teorías sociales, políticas y, sobre todo, con aspectos psicológicos e, incluso, psicoanalíticos. A James le interesaba grandemente el estudio de los personajes. Si hubiera sido pintor, los retratos constituirían su mayor universo. Retratos por dentro y por fuera. Retratos de facciones, pero, sobre todo, de sentimientos, emociones e ideas. Ese estudio tan pormenorizado tiene por fuerza que ralentizar la acción y convertirla en lenta y detallada. 

Resulta curiosa la circunstancia de que, al llevarse algunas de sus obras al cine, las distintas formas de hacerlo han condicionado en gran medida a los lectores o futuros lectores. Si ves "Las bostonianas" versión James Ivory, te haces a la idea de un escritor pausado, reiterativo y algo plasta. Pero si te acercas a él por medio de William Wyler en "La Heredera", extraída de su novela "Washington Square" entonces tomas conciencia de su vitalidad, de la fuerza interior de los personajes, de las luchas interiores que los sustentan y, sobre todo, de la ambigüedad, que es uno de sus signos más característicos en cuanto al tratamiento de las emociones se refiere. Otro de esos signos es la forma en la que se acerca a la sexualidad. En "Washington Square" la protagonista, que en la pantalla encarna acertadamente Olivia de Havilland, tiene una gran necesidad de sacar a la luz sus instintos de mujer que tiene ocultos en lo más profundo de su interior. Nunca antes ni después se representó con mayor acierto el drama de una solterona. El tema del sexo le acarreó muchas críticas porque aparece en distintas obras y porque lo hace de una forma inusual para su tiempo. 

La literatura de James tiene siempre dos polos opuestos que luchan entre sí. Lo convencional y lo novedoso. Lo antiguo y lo nuevo. Lo bueno y lo malo. Lo real y lo irreal. En la conocida "Otra vuelta de tuerca" el mundo de lo fantasmagórico se opone a la vida cotidiana. En "Retrato de una dama" la diferencia está en la vida anterior de la protagonista y la que le sucede cuando se convierte en una persona rica. De esa forma, una dicotomía constante inunda sus escritos y los intelectualiza al extremo. En cierto sentido, esa necesidad de que estén sujetos por una teoría previa, incluso filosófica, lo acerca a D. H. Lawrence, que mantiene una pugna constante entre el instinto y el maquinismo, como entes absolutamente disociados. 

Quizá haya que entender su obra a la luz de su biografía personal, detallada al máximo en la obra de Leon Edel, su biógrafo. James padecía una disfemia discreta pero que le obligó a superarse para poder entablar relaciones sociales en los medios en los que se movía. También fue un expatriado en Europa, pues dejó su tierra natal y terminó nacionalizándose inglés. Es un escritor trasatlántico, que pone en contacto ambos territorios angloparlantes de forma que su mismo periplo lo siguen otros norteamericanos que incluso pueden ser considerados sus discípulos, como la magnífica Edith Wharton, que lo superó en ocasiones. El contraste entre dos mundos, es pues, su mejor esencia. 

Henry James trabajó como crítico literario y como crítico de arte. En el primer caso escribió un libro imprescindible "El arte de la novela" en el que defendía la libertad de creación frente a los corsés que determinaban los distintos aspectos y caminos de la narrativa. Abrió así un espacio de creatividad que surtió efectos en otros escritores de forma inmediata. Por otra parte, defendió la pintura entonces muy infravalorada de su paisano John Singer Sargent, a quien hay que recordarlo como el autor de uno de los cuadros más visualizados y utilizados en el tema de la ilustración para el flamenco. Mi libro "El flamenco en Cádiz" lleva un fragmento de una de sus obras en la portada. La otra condición interesante de James es su carácter de escritor epistolar. Más de diez mil cartas están catalogadas y presentan un maravilloso mosaico de ideas, pensamientos, opiniones y discusiones, entre él mismo y otros personajes de gran enjundia, como, en el caso de los escritores, R. L. Stevenson y el misterioso Joseph Conrad. 

Esta edición de "Los papeles de Aspern" que ha sacado a la luz Alba Minus, puede sin duda acercar a los nuevos lectores a un autor complejo. Su argumento es sencillo y lo tomamos tal y como la editorial Alba lo ha incluido en su página web: Un joven crítico y editor fascinado con la obra del difunto poeta Jeffrey Aspern se entera de que Juliana Bordereau, una de sus musas, vive aún, anciana y aislada, en un palazzo veneciano. Convencido de que conserva cartas y material inédito del poeta, se acerca a ella camuflando sus intenciones y consigue que lo acepte como inquilino. El joven se introduce entonces en un mundo agónico y fantasmagórico, volcado exclusivamente en el recuerdo, que la orgullosa anciana habita con la única compañía de una sobrina suya, una mujer ya madura que no parece haber conocido otra cosa que la reclusión y el legado de un esplendor desaparecido: «Vivimos en un silencio aterrador –dice–. No sé cómo pasan los días. No tenemos vida.» La presencia del joven trae un poco de «vida» a su relegada existencia, aunque el descubrimiento de que las razones de éste no son desinteresadas ni inocentes dé un turbio e inesperado vuelco a la situación. La idolatración del pasado y la necesidad de protegerlo envuelven a los personajes en una trama maestra de ambigüedades y bajezas, en la que el romanticismo y el materialismo se funden en una relación misteriosamente dialéctica. 

La obra fue escrita en 1888. Seguramente sea la nouvelle más conocida y admirada de James, junto con " Otra vuelta de tuerca". Decididamente, leer sus novelas cortas suele resultar más sencillo y asequible que aquellas otras de mayor tamaño, puede que por su propia estructura narrativa compleja o por su lenguaje elaborado y lleno de disquisiciones. 

Indispensable, no obstante, para conocer la novela moderna, la lectura de Henry James. Y para disfrutar sin duda de la creación de unos ambientes únicos, en los que él se mueve con elegancia y con soltura, a la par que de unos personajes trazados con la mano firme de quien parecía conocer tanto de la vida y de sus gentes. 

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