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"Te encontraré. En busca del hombre que me violó" de Joanna Connors

    E l comienzo del libro es sensacional. Describe, como si le ocurriera a otra persona, la violación que sufrió con treinta años cuando estaba cubriendo la información de una obra de teatro. El relato de ese hecho está realizado de forma magistral. Podemos verlo y, sobre todo, podemos sentirlo.     A sí  se inicia esta historia verdad de Joanna Connors , periodista y violada. Como si contara una noticia. "Tenía treinta años cuando abandoné mi cuerpo por primera vez "     D espués de eso, nos relata cómo ese acto de violencia, porque no otra cosa es una violación, conformó su vida, influyendo en ella más que todas las cosas buenas que hasta entonces había vivido. Cómo la convirtió en una mujer miedosa, asustadiza, llena de dudas. Cómo estas dudas se extendieron como una mancha de aceite sobre todo lo que la rodeaba, incluidos sus seres más queridos.     H abla también de silencio y, por fin, de revelación. Porque, a continuación, nos...

Como si nada hubiera

(Cindy Sherman. Autorretrato) E l armario tenía guardado, en una caja de cuadritos rosas, aquel vestido que ya no recordabas. El armario, mira por dónde, tiene mejor memoria que tú misma. La caja estaba en un rincón del altillo, poco expuesta a las miradas pero deseosa de que, algún día, alguien tirara de ella y la volviera a abrir. El vestido está envuelto en papel de seda, también rosa, como si se acabara de guardar, como si fuera un envío glorioso que un pretendiente enviara para solicitar un beso a cambio. Es de color malva, casi lavanda, de bambula y raso. Tiene una falda ceñida a la cintura que luego se abre en capas, como podría llevarla la mismísima Grace Kelly si tuviera ocasión de atrapar a un ladrón en tu bahía. Y unos tirantes finísimos, anudados en forma de trenza, un escote importante, algo que a tu padre no le gustaba y a tu madre hacía soñar con tiempos pasados. Te movías y el vestido tenía su propio aire. Era ligero, majestuoso y lleno de encanto.  E n...

Algo me ha señalado la salida

    (Foto: Nina Leen. 1946)      A penas te conozco. Si conocer puede llamarse a ese acto íntimo de oír tu voz entre los instrumentos. O la sonrisa esquiva y tímida en un vídeo de Youtube. Apenas te conozco pero esta es la mañana gris y lluviosa en que coloco de fondo tu voz para que acune las palabras que escribo. No hay nada más perro que el amor, dices mientras tecleo con decisión en este ordenador, después de haber dejado a un lado un libro que me ha hecho atrapar las palabras en el aire. Los dos, el libro y tu música, sois los magos de un día que ha empezado lleno de convicción. Sí, debo hacerlo, lo haré, porque merezco hacerlo, porque no quiero ser cobarde. Porque odio el victimismo y la autocompasión. Esas dos palabras las usa ella, la mujer del libro. Me resuenan en la cabeza y me salen a las manos. Los ojos me lagrimean porque la alergia primaveral está haciendo de las suyas y quizá porque abuso de la lectura en estos días. Qué podía hacer, s...

El muro

(Nina Leen. Beauty Lessons para Life Magazine) Una vez frecuentó un muro de Facebook que era como un corral de lobos. Imagina un reducto cerrado en el que sueltas a especímenes muy distintos, todos enfrentados y todos ansiosos de merecer atención. Ellos, por un motivo parecido al ego. Ellas, por ese motivo eterno que no hace falta explicar. Todos, casi todos, disputando una presa que, en realidad, no estaba en almoneda.  Participar de un aquelarre semejante la dejó exhausta. Las redes sociales se vuelven insociales cuando su principal objetivo se pervierte. Cuando no sirven para comunicar sino para disputar y zaherir. Ella no había entendido todavía que la competencia no es solo una cuestión voluntaria sino que, sin haberlo buscado y sin saberlo, puedes verte incluida en un mercado persa en el que todos los productos tienen un precio.  Las secuelas de aquella brutal exposición de aves de presa, de mediocres al alza, de faltos de voluntad sin remedio, no se hic...

La extenuante costumbre de mantener la esperanza

Ahora el día tiene muchos colores. Cambia sin darte cuenta. Desde el amanecer, más oscuro si cabe que la noche, hasta el ocaso, ese momento en que todo es indeciso. Cuando pones el pie en el suelo ya sabes que tu cabeza va a procesar el estado de las cosas. Y te preguntas, sin tener muy claro por qué, a qué se debe tanta incertidumbre, de donde viene ese sabor a angustia y, sobre todo, quién te trajo hasta aquí. El recorrido del día se salda con entrega, un poco de agua de olvido rociada sobre los recuerdos, demasiadas palabras que no llegan y, al caer la noche, ese balance triste y un no ha podido ser.  De esa manera llegas a preguntarte y esto sí es una pregunta decisiva, qué parte de ti presentar al mundo; si ha de ser esa esperanzada forma de querer encontrarlo o si, por el contrario, debes darte la vuelta y ofrecer tu espalda. A todo esto, por mucho que interrogues o que busques, sabes que él ya no está, que se ha marchado, que su marcha no tiene frase alguna y que e...

Nueve escritoras en la oscuridad

(Elizabeth Taylor. 1912-1975. Una vista del puerto. La señorita Dashwood) Ana y yo disfrutábamos de un alegre mediodía de compras y luego, en el almuerzo, después de hablar de la vida y de la moda, nos hemos adentrado en el territorio intenso de la lectura y los libros. Así han salido a relucir los nombres de aquellas mujeres que ahora leo y que antes no conocía. ¿Cómo es posible que estas escritoras hayan permanecido ocultas? ¿Cómo es posible que sean tantas? Ambas preguntas se han lanzado al aire y se han quedado sin respuesta. (Stella Gibbons. 1902-1989. La saga de Flora Poste) Podíamos hacer el esfuerzo de contestarla pero no estaríamos de acuerdo en los motivos. Sin embargo, me estremece pensar que sin el esfuerzo de las editoriales independientes (cada vez más activas en España, cada vez más prestigiosas y más creativas), no hubiera llegado a nosotros toda esta literatura de calidad, maravillosamente escrita, tan variada de temas como alta de emociones. En los ú...

Advertencia

Si es de noche y es lunes y no suena el teléfono es que las cosas ya no son como eran. O lo son y tú no lo sabías. O lo eran y no te convencieron. El móvil está mudo. La pantalla está oscura. Su nombre no aparece. Por mucho que lo mires no te va a obedecer. La técnica no llega a tanto. No actúa por su cuenta. No hay robots que sepan del amor. Ni amores que superen el vacío. Te preguntas ¿por qué? y casi no lo sabes. O no quieres saberlo aunque casi lo intuyes. Si te sientes culpable, entonces eres mala, aunque es un daño propio, un daño hacia ti misma. Nada en él te remite a pensar que está sufriendo, que echa de menos tu voz esta noche de lunes, que quisiera escucharte aunque algo se lo impide. Un vacío se instala en el estómago. Se queda ahí, esperando que el paso de los días, a modo de milagro, lo convierta en nostalgia sin pesar y sin duelo. (Fotografía: Nina Leen)