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Un libro hace hogar

  /Charles Edward Perugini. Mujer leyendo/ Un libro es mucho más que una patria, es un hogar. Ese lugar al que quieres volver. El lugar que te recibe. El que recuerda cómo eres. El que te acoge en los malos momentos y en los momentos buenos. El que te conoce, sabe de tus defectos y no le importan. Como Darcy, te quiere como eres. Y siempre trae cosas nuevas, porque el libro cambia cada cierto tiempo, es otra cosa y te habla de otra forma, porque tú misma eres distinta. Un libro hace hogar, es un hogar. En los tiempos desolados, el libro te recuerda una frase y te deslumbra. Qué haríamos sin vosotros, estáticos pero no aburridos; quietos, pero no cansados; firmes, pero no exhaustos; solitarios pero libres. Libros que nos tienen dichas tantas cosas. 

No es amor el amor que muda a cada instante...

Marianne Dashwood sale de la casa, de la pequeña casa en que ahora vive con su madre y hermanas. Se dirige andando por el bosque sin árboles, por una extensión verde sin aristas, a la loma desde que la que se divisa la casa de Willoughby. La mira con los ojos llorosos y entonces la lluvia comienza a caer con enorme fuerza. Es una lluvia densa de nostalgias. Una lluvia que arrasa, que hipnotiza, es la lluvia que le trae otros recuerdos, el tiempo de las risas y los besos, otro tiempo.  Se queda hipnotizada recitando por dentro los versos que leyeron juntos en esos días en los que compartían una forma distinta de contemplar las cosas. Recita los versos y el soneto se convierte en la banda sonora de sus sueños perdidos. Lo ha dejado atrás todo. Ya no tiene alegría. El vestido se ondula con el viento, la capa se estremece. Un lazo en el escote se ha vuelto una finísima tira chorreante. Nada le importa. Ella es la juventud y quizá por eso no entiende que su amor se haya convert...

Vida en familia

(Retrato de Theresa Parker) Unas pocas familias y un entorno rural es lo que se necesita para una novela. Esta máxima la aplicó fielmente Jane Austen en sus libros y luego, también, salvo excepciones exóticas, Agatha Christie , que convirtió el crimen doméstico en un hallazgo literario, quitándole  el morbo y la sangre y haciendo del asesinato un arte detallista y finísimo. Los mejores libros de Christie se desarrollan en una mansión campestre, en un pequeño pueblo o en una habitación, incluso.  Jane Austen tenía un alto sentido de la familia y de su importancia. Fue la séptima de ocho hijos, de los cuales solamente dos eran chicas, ella y su hermana Cassandra , con la que formaría un tándem que sólo se disolvió con su temprana muerte, a los cuarenta y un años, cuando estaba en plena madurez creativa. En su biografía pueden apreciarse su preocupación y su dedicación al bienestar de su familia. Seguir las apetencias de sus padres le costó diez años de silenci...

El entorno geográfico de “Orgullo y prejuicio“

  /Westerham es una parroquia civil y villa del distrito de Sevenoaks, situado en Kent. Allí estaba Hundsford, la rectoría en la que ejerce su labor el señor Collins. Westerham es el único lugar que realmente existe. Tiene ahora mismo cuatro mil habitantes y veintidós kilómetros cuadrados de extensión/ Quizá sea "Orgullo y prejuicio" la novela de Austen en la que aparecen más localizaciones. La casa de las Bennet se sitúa en la pequeña localidad de Longbourn, cercana a la más populosa Meryton. En Meryton viven los tíos Philips, ella hermana de la señora Austen y él un antiguo empleado del padre de las dos que era abogado y que le dejó el bufete a su muerte. Ambas localizaciones están en Hertsfordshire, un condado al norte de Londres. Cerca de Meryton está Lucas Lodge, la casa que se ha construido la familia Lucas. Y cerca también está Netherfield House, la mansión que alquila Bingley dando lugar a que todos se conozcan.  El señor Collins vive en el condado de Kent, en la rect...

Casas y lugares de Austen

El hotel Dolphin en Southampton Chawton Cottage en Hampshire   Rectoría de Steventon, en tiempos de Jane Austen y en la actualidad en otro emplazamiento Casa de pisos en Bath donde residió Jane un tiempo Godmersham Park, la casa de Edward Knight Austen, el hermano de Jane en Kent Chawton House, casa de Edward Knight Austen Catedral de Winchester Lyme Regis, Dorset, lugar de veraneo de Jane Austen

Los señores Darcy

(Laurence Olivier, Orgullo y prejuicio, 1948) (Colin Firth, Orgullo y prejuicio, serie BBC 1995) (Matthew MacFayden, Orgullo y prejuicio, 2003) (Matthew Rhys, La muerte visita Pemberley, 2013)

El realismo amable de Jane Austen

/Foto Archivo personal CLB/ Jane Austen expresa ella misma y con toda claridad las dos columnas que sostienen su literatura: Imaginación y Verdad. Ya sabemos el uso particular que hace de las mayúsculas desde sus primeros escritos, un uso plagado de intención. De modo que la Imaginación y la Verdad siempre necesitan esas mayúsculas para potenciarse, para fijar ahí nuestra atención. Otra característica destacable es que escribe En Tiempo Real. Si has visto la serie "24", protagonizada por Kiefer Sutherland, en la que interpreta a Jack Bauer, sabrás qué quiero decir. Durante sus nueve temporadas cada una de ellas es autoconclusiva y se desarrolla en 24 horas. Los libros de Austen tienen normalmente un año de espacio temporal y si te fijas en lo que te va contando lo ves con toda claridad. Pero además las fechas son inmediatamente anteriores o contemporáneas a la fecha de escritura. Eso se ve clarísimo, por ejemplo, en "Persuasión", novela que comienza con las anotacio...

Jane Austen en Godmersham

  Godmersham, en Kent, es una hermosa heredad en la que Jane Austen pasó buenos momentos, sobre todo consultando su magnífica biblioteca. Perteneció a la familia Knight, y luego pasó a ser propiedad de Edward, el hermano de Jane, que había sido adoptado por el matrimonio Knight, como era usual en aquellos tiempos cuando una familia rica no tenía hijos. Conserva un edificio majestuoso, un hermoso parque y una iglesia, la de San Lorenzo, que pueden verse en estas fotos. Godmersham fue uno de los lugares que visitó Jane Austen con mucha frecuencia, pues su hermano Edward tuvo once hijos de su matrimonio con Elizabeth Bridges y la escritura acudía a ayudar a los partos y a echar una mano de vez en cuando. Esa itinerancia era propia de las hermanas solteras, que estaban a disposición de los hermanos y cuñadas para las tareas de crianza de los pequeños. En Godmersham Jane Austen disfrutaba de un lujo único: una habitación para ella sola.

Chawton y Jane Austen

  Chawton House era la casa grande, cerca de la cual estaba Chawton Cottage, la casita pequeña donde vivió sus últimos años Jane Austen, desde 1809 a 1817. Todo era propiedad de su hermano Edward, gracias a que fue adoptado por los ricos primos Knight. Chawton House es una preciosa mansión, con unos exteriores amplios y muy bonitos. La iglesia de San Nicolás atiende el servicio religioso en la comarca. Y una estatua de Jane Austen preside todo el recinto.

Jane Austen y la gentry inglesa

 /Retrato de David Lyon. Thomas Lawrence, 1825. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Madrid/ Una de las muchas cuestiones a las que se suele aludir al hablar de Jane Austen es la de su pertenencia a determinada clase social, la gentry inglesa. Desde 1540 se denomina así a un grupo social en el que se incluían caballeros, hombres libres, escuderos y baronets, todos ellos al frente de una hacienda como terratenientes, teniendo la obligación de transmitirla en su integridad a sus herederos. Sabemos por las novelas de Jane que no siempre ese heredero era de la familia directa, porque no heredaban las hijas y porque faltaban herederos varones en muchos casos.  La vida social de la gentry en esos años que ella describe estaba orientada a crear buenos contactos para que, llegado el momento, se pudiera asegurar a los jóvenes un futuro acomodado a través de un buen matrimonio. Las familias se implicaban activamente en ello. Y lo hacían de forma directa, aprobando o desaprobando las posib...

Dos centímetros

La imagen dice que mide dos centímetros, un niño o una niña, no se sabe. El caso es que dentro de unos meses, cuando pase el calor del verano y vuelva el otoño a refrescar las noches, llegará a la vida y la vida se escribirá de nuevo, una forma de que el mundo no acabe como dicen los viejos.  El suelo tendrá otra vez dinosaurios de plástico, las estanterías librarán las muñecas de su atadura de cristal, un niño o una niña abrirán un libro y cuál será su título es un enigma todavía. El caso es que recordaremos al abuelo, el que no puede estar, el que no pudo serlo, el que hubiera aliviado nuestras horas, el que sabía bañar como nadie a los bebés, y tendremos que contarle al niño o la niña quién fue y cómo nos quería. No es momento todavía de imaginar su cara, pero buscaremos en ella la huella de nosotros, de los que antes aprendimos a bucear en los sueños y a esperar la esperanza que ahora, todavía, según dice la moderna máquina, mide tan solo dos centímetros, un niño o una niña, no...

Píldoras de amor

Mervyn O'Gorman.  Christina on the beach, 1913. Photo: Royal Photographic Society Collection Cruzaba yo sola una calle de Barcelona súper abrigada, bufanda, gorro de lana, botas y la melena al viento, que hacía mucho. Y se acercó aquel muchacho y me miró y se paró frente a mí y yo me paré sin miedo alguno (no había lugar para el miedo) y me dijo: veo en ti la primavera.

El otro mar

  /Caty en el Mar Menor. Foto Antonio Mesa/ El océano Atlántico es verde y el Mediterráneo es azul. Hay otro mar distinto al que he conocido desde siempre. Mi mar es un océano abierto y llega hasta América. Es el mar de los esteros, los montones de sal, las casas salineras, las salinas, los restos napoleónicos, las batallas navales, la historia de los marinos, el Descubrimiento, la vuelta al mundo y el regreso. El Mediterráneo, en cambio, es el mar de Serrat, el de las noches en Sitges o en Lloret, el mar de los primos Munné, el del calor pegajoso, el de las madrugadas de flamenco, el de las búsquedas y los encuentros. De ese modo, una sabe que estar entre dos mares es sino y condición y que el reflejo del agua en las gafas oscuras tiene que ver con el ansiado oleaje de los tiempos de abrazos y la buena esperanza. 

"La soledad sonora. Emily Dickinson" de Lorenzo Oliván

  En el prólogo de este libro Lorenzo Oliván nos acerca a la personalidad de Emily Dickinson con datos interesantes y que sirven de contexto a su obra. Lo titula "Antinovela de una vida", haciendo alusión a la escasa claridad de su biografía, en contraste con la magnificencia de otras. Interior versus exteriores. Conozco poco a Emily y ese aureola de misterio la convierte en alguien casi inasequible para mí. Pero hay una claridad inaudita en el fondo de todo: su escritura es brillante y no opaca. Quizá intervino en esto el amor que sustenta a la naturaleza, a las flores, los pájaros y los elementos. No deja de resultar extraño en alguien que cuidaba tanto su intimidad y que llevaba una existencia de clandestinidad aceptada. Pero eso es la literatura: un curioso asidero para los que la cultivan.  Ese ocultamiento a los ojos del mundo no es tan raro como sucede aunque, en muchas ocasiones, es el mundo el que prescinde de ti, el que aparta de ti tu mirada y deja que de desenvuel...

Día de lluvia y avíos de escritura

  El cielo ha entrado en la gama de grises. Del oscuro al clarito, se mueve en una franja de media luz que te invita a quedarte en casa, salvo para los intrépidos, los que alguna vez paseamos por la calle de la feria con zapatos de tacón y sin paraguas. Tal era la recompensa a una acción tan falta de criterio. Pero eso era antes. Y antes del antes estaba la mesita junto a la ventana, y la ventana con contraventanas que se cerraban, de madera espesa y burbujeante, algo húmeda a veces por fuera, algo dura por dentro. Y en la mesita los cuentos, los libros de aventuras, el Tom con su valla, los cuadernos, los folios y los lápices. Algún bolígrafo de esos que escriben bien, la goma, el sacapuntas, la carpeta, los mapas, qué tendrán los Atlas que al mundo te llevan. Por eso me gusta Margaret, por su amor a los mapas.