Píldoras de amor
Cruzaba yo sola una calle de Barcelona súper abrigada, bufanda, gorro de lana, botas y la melena al viento, que hacía mucho. Y se acercó aquel muchacho y me miró y se paró frente a mí y yo me paré sin miedo alguno (no había lugar para el miedo) y me dijo: veo en ti la primavera.
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