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El realismo amable de Jane Austen




/Foto Archivo personal CLB/

Jane Austen expresa ella misma y con toda claridad las dos columnas que sostienen su literatura: Imaginación y Verdad. Ya sabemos el uso particular que hace de las mayúsculas desde sus primeros escritos, un uso plagado de intención. De modo que la Imaginación y la Verdad siempre necesitan esas mayúsculas para potenciarse, para fijar ahí nuestra atención. Otra característica destacable es que escribe En Tiempo Real. Si has visto la serie "24", protagonizada por Kiefer Sutherland, en la que interpreta a Jack Bauer, sabrás qué quiero decir. Durante sus nueve temporadas cada una de ellas es autoconclusiva y se desarrolla en 24 horas. Los libros de Austen tienen normalmente un año de espacio temporal y si te fijas en lo que te va contando lo ves con toda claridad. Pero además las fechas son inmediatamente anteriores o contemporáneas a la fecha de escritura. Eso se ve clarísimo, por ejemplo, en "Persuasión", novela que comienza con las anotaciones en el Baronetario que indican los nacimientos de la familia Elliot. Esto quiere decir que no habla de historias pasadas, de momentos matizados por la historia, sino de cuestiones y tramas que ella misma podría haber vivido en primera persona. Esto, sin embargo, ni quiere decir que lo que narra suceda tal cual en la vida. En ese caso no sería una escritora sino una periodista. Y no. Sobre ese telón de fondo ella crea, y ahí entra la Imaginación, el argumento, los personajes y, sobre todo, los prodigiosos diálogos que, de tan perfectos, pueden trasladarse al audiovisual sin casi tocarlos. 

Imaginación, Verdad, Tiempo Real, como sustentación de unas historias que representan, al mismo tiempo, lo que sucedía entonces en su grupo social, la gentry, y una forma de vida que estaba a punto de extinguirse. Un grupo social que lo tenía difícil entonces, porque el orden de las cosas se iba moviendo al compás de las guerras, de las nuevas ideas ilustradas, de los oficios y tareas que aparecían, de la actividad industrial y comercial, de los inventos. Un gigantesco mecanismo movía los cimientos de esa época en estos años finales del XVIII y principios del XIX. En 1817 muere la escritora, en 1818 se publican sus novelas póstumas y en 1820 fallece el rey Jorge III y termina la Regencia. El cambio será total a partir de 1837 con el reinado de la joven Reina Victoria. Lo victoriano termina con los últimos vestigios de la vida campestre, rural, organizada en torno a ritos conocidos y a actividades muy concretas, para dar lugar a una larga etapa en la que no solo cambian los vestidos y atuendos, sino las ocupaciones, deberes, problemas y conflictos de la sociedad británica. El pequeño mundo de Austen finaliza con el fin de la era georgiana. Pero ella va anunciando este cambio y en algunos de sus libros alude a lo que es "un antiguo pueblo inglés". Contra la vida rural, pequeñas poblaciones con su rectoría su casa grande y su oficina de correos, se levantan grandes ciudades, se propicia el éxodo rural y entran en ebullición los ferrocarriles. 

Sin embargo, si todo se hubiera apagado, si la forma de vida acabara con su vigencia, si esto fuera así no vivirían sus novelas esta suerte de nueva juventud que, a partir de los noventa y de las adaptaciones cinematográficas está viviendo. Ha cambiado la sociedad pero no los sentimientos. El amor y el desamor, las relaciones fraternales, los conflictos entre padres e hijos, las luchas entre el deber y el sentir, la búsqueda de una vida mejor, los encuentros vecinales, las largas conversaciones, la escritura de cartas, todo ello  ha levantado en la sociedad actual y en los lectores, incluyendo los jóvenes lectores, un gran interés precisamente porque ha conectado de algún modo con esas inquietudes que la escritora muestra sin obligarnos a ver su mismo punto de vista. Por un lado la libertad y por otro lado la realidad, convierten la obra de Austen en un excelente punto de partida para el desarrollo del pensamiento ampliado sobre la naturaleza humana y sus fortalezas y debilidades. 

Toda esta cualidad de su escritura es lo que yo llamo y defino como "realismo amable". Contra las etiquetas equivocadas que la consideran romántica, victoriana, sentimental, abogo por esa definición. El realismo amable de Jane Austen se basa en la capacidad de mostrar la realidad de su tiempo poniendo el punto de vista en aquellas cuestiones que, formando parte de la vida cotidiana, terminan siendo las esenciales para la existencia de los seres humanos. Ella es una isla literaria que no sigue a los góticos, ni a los románticos, que no abunda en modas, ni se deja aconsejar para que siga fórmulas que le darían más éxito o más apoyo. Su realismo amable es cosa única e imperecedera. 

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