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Chico encuentra chica

(Modigliani) Una vez ella se sintió bastante perdida y encontró en la red de redes (esas con las que puede pescarse el universo) una voz cuyo eco sonaba consolador, agradable. Sin faltas de ortografía, ni interjecciones, ni onomatopeyas, ni emoticonos, ni dinosaurios saltando la comba. Una voz, simplemente.  La voz era de alguien que había sufrido por amor y a quien el amor había dejado exhausto, quizá inerme o desengañado o falto de fuerza para seguir buscando, quién lo sabe. El caso es que dos soledades son fáciles de atar con un lazo invisible en las noches de los veranos yermos y sin luz.  Así se escribieron palabras que cruzaron las ondas del espacio y cayeron en otros ojos, otras manos, desde un lugar a otro del mapa, en el intrincado lugar en el que se guardan los dolores más hondos. Hace poco ella descubrió que se había obrado un milagro y que el dueño de esa voz ya no tenía el eco de soledad perenne con que antaño se adornaba sin quererlo y que el du...

Margot

Margot era mi costurera. Vivía en mi calle, en la zona media. Esa calle tenía tres tramos bien diferenciados y lo que ocurría en alguno de ellos era impermeable al resto. Era una calle muy especial. Ahora ya no lo es. Se han remodelado casas, se han levantado algunos bloques de pisos y se ha cerrado su acceso a la carretera de la Estación. Otra calle diferente, que nunca visito, que no quiero ver, como decía el poeta. Tiempo cerrado, paisaje clausurado.  Margot era coja. Directamente coja. El defecto de su pierna era muy llamativo, se notaba inmediatamente, no solo de pie, sino sentada. Se sentaba de una forma peculiar, con una pierna estirada y la otra doblada, rarísimo. Las niñas íbamos a su taller a probarnos ropa y la mirábamos insistentemente. Supongo que estaría acostumbrada. Tenía muy mal genio. Todos decían que era una mujer "rara". No te jode, pensaba yo. Claro que tiene que ser rara. Está todo el día en esta sala con ventana a la calle, rodeada de aprendi...

¿Por qué amamos al señor Darcy?

(Colin Firth) La serie de la BBC sobre "Orgullo y prejuicio", de 1995, marcó un antes y un después. Hace veinticinco años que se estrenó pero sigue siendo referencia de las adaptaciones de las novelas de Jane Austen. Convirtió a "Orgullo y prejuicio" en su obra más popular y, como cosa extraordinaria, logró que el protagonista masculino acaparara el mayor interés. La fama de Darcy oscureció al resto. Pero se trata de una adaptación tan cuidada y bien hecha que ha marcado la senda de las demás.  Además del impacto que el actor Colin Firth causó entre los espectadores (cabría decir con más exactitud, las espectadoras) hay otros elementos que resultan definitivos desde el punto de vista de la producción audiovisual de una obra clásica. En primer lugar, el casting. Todos los papeles se asignaron a actores y actrices capaces, la mayoría tras una prueba de cámara y una audición, aunque hubo excepciones. Hay hasta una sobrina lejana de la propia Jane Austen e...

Nuestro

(Fotografía: Saúl Leiter) Nuestro. Esa es la palabra. Una palabra solo. Solo una. Nuestro. Un título adecuado para un relato de cuatro folios. Una apelación a algo que no puede escaparse sin dolor. Nuestro. Esa forma de decir que nos pertenece, que somos de ella, de la palabra, de algo. Hay un hilo invisible que se llama Nuestro. Y lo atamos a veces. Otras veces, se deshilacha y desaparece. En más ocasiones permanece terso, firme, inamovible. Está ahí. Al menos, de momento. Es una forma de llamarnos. Nuestro. Es Nuestro. Una invocación, una llamada, una esperanza tal vez. Fuerza. Y fe. La inmensa fe de que se haga posible lo que en la noche, cuando todas las luces han decidido esperar al alba, se manifiesta sin que el ruido del sueño lo distraiga. Nuestro. No de nadie, ni de otros, ni de ellas, ni mío solo. Nuestro. No tuyo, ni de esos, ni de ayer, ni del futuro. De hoy. Nuestro. Esta palabra encierra tantas cosas que estoy por escribirla en letras indelebles. Nuestro. Tuyo y ...

"Madame Solario" de Gladys Huntington

Un libro extraño, que pasó por vicisitudes en su publicación, al igual que su autora. Desde 1980 sabemos que es Gladys Huntington, aunque antes se especulara sobre ello y la aparición del libro se hiciera de forma anónima. ¿Por qué una autora con varias obras publicadas no pone su nombre a un libro? Seguramente porque no quería que se supiera que ella había sido capaz de escribir algo así. Mucho tienen que ver las buenas costumbres y los convencionalismos. Sin embargo, ella sabía, así lo muestra en el libro, que esas buenas costumbres ocultan "cosas". Como dice Margaret Dashwood en conversación con su madre y sus hermanas, hay personas que hablan de "cosas" pero ellas no. Esas cosas son tanto chismes, como sentimientos, como hechos, asuntos de verdad, no eufemismos, no temas insignificantes de la vida doméstica. Cosas.  Gladys Huntington tenía casi treinta años cuando empieza a escribir este libro, que se publicó cuarenta años después y anónimamente. La acci...

Ahora no es el momento

(Peregrine Heathcote. The nigth call) La vida está hecha de momentos. A veces esos momentos duran una eternidad. Y otras veces, un soplo. Pero en la memoria suelen convertirse en ráfagas, en pequeñas alucinaciones que simplemente sabemos que ocurrieron por algún detalle que se quedó fijado en la retina. O por una anotación en un cuaderno, una libreta de pastas de colores y hojas lisas. Una libreta sin espirales, con cinta roja y cosida a mano.  La impaciencia convierte los momentos en una suerte de tiempo expectante, vivido a medias. Esperar es un desafío a nuestras emociones. Ninguna de ellas está hecha para ser convertida en el paso previo de algo. No. es mejor tener claro que todo forma parte de una vida y que toda la vida ha de ser vivida como se merece. Queremos que el tiempo pase deprisa, pero cuando pasa advertimos que hemos gozado a medias, que hemos sufrido a medias.  Una vez leí un libro. Era un libro ínfimo, con muy pocas páginas, mal impreso y con hojas ...

George Steiner en The New Yorker

La huella de George Steiner está también en los artículos que, durante años, escribió para la revista The New Yorker. La editorial Siruela, en su colección El Ojo del Tiempo, los publicó en un libro en edición de Robert Boyers. Los artículos tratan de temas diversos y tienen un denominador común: la lucidez con que Steiner se acercaba a cualquier cuestión. Un verdadero intelectual es aquel que, como en este caso, tiene una mirada propia. Esa mirada no es extravagancia ni originalidad sin sentido sino que, al contrario, bebe en las mejores fuentes y ofrece una estructura de pensamiento en la que la argamasa es la coherencia. Resulta, por tanto, de enorme interés, conocer su postura acerca de determinados temas y situaciones. Este es el sentido que tiene este libro recopilatorio.  Desde 1967 a 1997 Steiner escribió en esta revista más de ciento cincuenta artículos. La mayoría de ellos eran reseñas, algunas más cortas pero otras de gran extensión, bastante más de lo habitual. ...

El pretendiente de Jane

(Mujer delante de un espejo. Mosè Bianchi) En diciembre de 1795, cuando Jane Austen tenía 20 años recién cumplidos, asistió a un baile en Manydown House, la casa de la familia Bigg. Allí, en ese baile, estaba Tom Lefroy, un guapísimo irlandés, rubio, inteligente y encantador. Se había licenciado en Dublín y estaba a punto de comenzar los estudios para optar a los exámenes del Colegio de Abogados de Londres. Esos días estaba disfrutando de las vacaciones de Navidad con unos parientes en la rectoría de Ashe. Ese baile fue relatado concienzudamente por Jane a su hermana Cassandra, que estaba fuera por entonces. Un acontecimiento social de ese tipo era el momento y el lugar más ansiado por las chicas de entonces y las hermanas Austen no eran diferentes en eso. De hecho, a Jane siempre le gustó bailar y esa misma afición la refleja en las heroínas de sus novelas. Todas ellas son bailarinas aceptables e, incluso alguna, como Emma Woodhouse, tiene un estilo depurado y elegante cuan...

Diálogo con Lucía

Estoy fascinada con ella. Esa belleza única, esos enormes ojos verdes, señalados con el rabillo azul oscuro, ese gesto elegante de coger el cigarrillo, es mirada oblicua, esa forma de mover el cuello, esa piel casi translúcida, ese gesto displicente, ese cabello armoniosamente despeinado, esa curva de unas cejas perfectas, ese rictus risueño de la boca, esa nariz anclada en la forma adecuada, esos pendientes de cristal transparente, esa rebeca azul celeste casi gris....estoy fascinada con ella.  Nadie diría al verla que fue una niña sufriente, martirizada por un corsé que se le clavaba en la espalda y que tenía la intención de corregir una espalda deformada. Nadie diría que su alcoholismo la llevaba por penumbras inapropiadas. Nadie diría que los hombres no la quisieron realmente como era sino solo en su apariencia. Nadie diría que se vio en la calle, criando sola a cuatro hijos. Nadie diría que su vida corría siempre al límite, sin dique de contención, sin sosiego....

Emily en las cumbres

(Laurence Olivier y Merle Oberon. Cumbres Borrascosas, 1939) Leí "Cumbres Borrascosas" cuando era una adolescente. Me pareció un libro extraño, difícil y apabullante. Sus personajes me resultaron desagradables, sus pasiones incomprensibles. Con todo, era algo infinitamente más llevadero que los "libros de institutrices" de sus hermanas. Creo que he visto alguna versión cinematográfica pero el mal sabor de boca ha permanecido.  Durante muchos años dejé de lado a los Brontë. No me interesaban. Esa literatura, a un tiempo desgarrada y ortopédica, de un romanticismo fantasmagórico que parece entroncar con lo gótico, no me interesaba. Entretanto, tuve la gozosa experiencia de "conocer" a Jane Austen, luz versus sombras, si hacemos la comparación, que no se debería. Mi fe austeniana me alejó aún más de Brontë y sus excesos.  Hace algún tiempo leí un libro de Espido Freire, "Querida Jane, querida Charlotte", una especie de crónica de via...

Un Dior para la señora de la limpieza

  Si eres una señora de la limpieza inglesa y dedicas tres años de tu vida a ahorrar libra a libra para comprarte un vestido en  Chez Dior. ..es que tu mente es extraordinaria y tu personalidad única. Eso es lo que hace la señora Harris, viuda y en la sesentena. Las señoras de la limpieza inglesas son diferentes a todas las que trabajan en el orbe, pero no esperaba tanta convicción, tanto deseo concentrado y tanta ilusión en un objetivo. Si fuera una ejecutiva de ventas, sería la ejecutiva del año.  Se trata de eso, sin duda, de querer algo con todas tus fuerzas. Así lo siente la señora Harris desde el día en que ve en el armario de una de sus clientas, la señora Dant, dos vestidos de la casa Dior que la dejan absolutamente enamorada. Puede una enamorarse de un hombre ( debe  una enamorarse de un hombre) y también de un objeto, por ejemplo, por qué no, de un vestido. Así que Harris (llamémosla así, apeando el tratamiento) se dedica a juntar una libra tras ot...

Formas de decir que no

("Orgullo y prejuicio" Grabado de 1833. Elizabeth Bennet y el señor Bennet. Imagen Pickering and Greatbatch) Inteligencia práctica al modo aristotélico, humildad como virtud cristiana y constancia como guía de vida, son tres de las cualidades que Jane Austen considera fundamentales en los seres humanos. Por eso suelen aparecer en sus personajes y, más allá de las lecturas superficiales o frívolas (que son también necesarias), ahí están sus argumentos y sus razonamientos para demostrarlo. La cuestión es que lo que maravilla de "Orgullo y prejuicio" y del resto de las novelas de Jane Austen es su multiplicidad de lecturas. Puede uno quedarse con el romance, con la broma, con el retrato divertido de una clase social, con la intriga de qué ocurrirá al final, con las bodas o los bailes...pero también puede uno captar toda esa sensibilidad discreta, ese pensamiento oculto, esa capacidad de mostrar sin revelar y de contar sin exagerar que tienen esos libros. Com...

Manolita y la señorita Bates

No busques el nombre de Manolita Mendoza en ninguna antología literaria, ni en el Quién es Quién, ni siquiera en Google. No te saldrá. Puesto que es, fue, una mujer común, nada corriente, a la que merece la pena conocer. Te resultará un hecho curioso si te digo que hay un cierto paralelismo entre ella y la señorita Bates, de "Emma", la última de las novelas que vio publicada su autora, Jane Austen (1775-1817).  "La señorita Bates no es guapa, ni rica, ni joven, ni inteligente. A pesar de esto, todo el mundo la aprecia en Highbury" . Ella vive feliz (traduzco). Cuida a su madre, recibe visitas en su humilde casa, espera las cartas de la sobrina, Jane Fairfax, acude a las invitaciones que le hacen, siente que la gente la quiere y sabe ser feliz. En esto último, Manolita Mendoza y la señorita Bates andan a la par. Su paralelismo se traduce en esa propensión a la felicidad de su carácter. Ser capaz de disfrutar de lo que se tiene, sin dejar pasar ni u...

Rose Bertin

Christian Dior se inspiró en la moda de María Antonieta para este vestido que presentó en su colección de 2007. Adaptado al momento actual y seguramente más estilizado, menos recargado de los que usaba la desgraciada reina de Francia. Las investigaciones históricas han descubierto a su costurera, a la persona que inventaba y cosía los trajes que la reina lucía, en esa aventura constante que era su vida, en ese devenir de lujo y de conflictos que la poseyó en toda su biografía.  La costurera se llamaba Rose Bertin. Durante casi dos décadas, y con la colaboración del peluquero Léonard Autié, mademoiselle Rose creó atuendos, día a día más excéntricos, para la joven soberana, a la que siempre movía el deseo expreso de ser la mujer más bella y elegante de Francia. Hasta que la Revolución y la precipitada muerte de la reina acabaron con la relación. Antes de convertirse en la costurera de la reina, Rose vivía una existencia tranquila, sin poder predecir cuál sería su futu...

"Trilogía de Candleford" de Flora Thompson

(Retrato de Flora Thompson) La editorial asturiana Hoja de Lata acaba de publicar en español un clásico de la literatura inglesa. Se trata de la "Trilogía de Candleford". Su autora es Flora Thompson, casi desconocida entre nosotros pero muy famosa en el Reino Unido. Thompson (cuyo nombre de soltera era Flora Jane Timmins), fue novelista y poeta, además de autora de artículos sobre la naturaleza, una de sus grandes pasiones. Nació en Juniper Hill en 1876, en una familia humilde, pero su empeño por mejorar de vida la llevó a convertirse en secretaria de la oficina de correos de Fringford y a dedicarse a escribir.  En 1903 se casó con otro empleado de correos, John William Thompson, de quien tomó su apellido y con quien tuvo tres hijos, dos niños y una niña. Tras escribir algunos artículos sobre naturaleza, logró ganar, en 1911, un premio de ensayos en la revista The Ladies Companion, por un ensayo de 300 palabras sobre Jane Austen. Después de esto compaginó su vida ...