Ir al contenido principal

Entradas

El pretendiente de Jane

(Mujer delante de un espejo. Mosè Bianchi) En diciembre de 1795, cuando Jane Austen tenía 20 años recién cumplidos, asistió a un baile en Manydown House, la casa de la familia Bigg. Allí, en ese baile, estaba Tom Lefroy, un guapísimo irlandés, rubio, inteligente y encantador. Se había licenciado en Dublín y estaba a punto de comenzar los estudios para optar a los exámenes del Colegio de Abogados de Londres. Esos días estaba disfrutando de las vacaciones de Navidad con unos parientes en la rectoría de Ashe. Ese baile fue relatado concienzudamente por Jane a su hermana Cassandra, que estaba fuera por entonces. Un acontecimiento social de ese tipo era el momento y el lugar más ansiado por las chicas de entonces y las hermanas Austen no eran diferentes en eso. De hecho, a Jane siempre le gustó bailar y esa misma afición la refleja en las heroínas de sus novelas. Todas ellas son bailarinas aceptables e, incluso alguna, como Emma Woodhouse, tiene un estilo depurado y elegante cuan...

Diálogo con Lucía

Estoy fascinada con ella. Esa belleza única, esos enormes ojos verdes, señalados con el rabillo azul oscuro, ese gesto elegante de coger el cigarrillo, es mirada oblicua, esa forma de mover el cuello, esa piel casi translúcida, ese gesto displicente, ese cabello armoniosamente despeinado, esa curva de unas cejas perfectas, ese rictus risueño de la boca, esa nariz anclada en la forma adecuada, esos pendientes de cristal transparente, esa rebeca azul celeste casi gris....estoy fascinada con ella.  Nadie diría al verla que fue una niña sufriente, martirizada por un corsé que se le clavaba en la espalda y que tenía la intención de corregir una espalda deformada. Nadie diría que su alcoholismo la llevaba por penumbras inapropiadas. Nadie diría que los hombres no la quisieron realmente como era sino solo en su apariencia. Nadie diría que se vio en la calle, criando sola a cuatro hijos. Nadie diría que su vida corría siempre al límite, sin dique de contención, sin sosiego....

Emily en las cumbres

(Laurence Olivier y Merle Oberon. Cumbres Borrascosas, 1939) Leí "Cumbres Borrascosas" cuando era una adolescente. Me pareció un libro extraño, difícil y apabullante. Sus personajes me resultaron desagradables, sus pasiones incomprensibles. Con todo, era algo infinitamente más llevadero que los "libros de institutrices" de sus hermanas. Creo que he visto alguna versión cinematográfica pero el mal sabor de boca ha permanecido.  Durante muchos años dejé de lado a los Brontë. No me interesaban. Esa literatura, a un tiempo desgarrada y ortopédica, de un romanticismo fantasmagórico que parece entroncar con lo gótico, no me interesaba. Entretanto, tuve la gozosa experiencia de "conocer" a Jane Austen, luz versus sombras, si hacemos la comparación, que no se debería. Mi fe austeniana me alejó aún más de Brontë y sus excesos.  Hace algún tiempo leí un libro de Espido Freire, "Querida Jane, querida Charlotte", una especie de crónica de via...

Un Dior para la señora de la limpieza

  Si eres una señora de la limpieza inglesa y dedicas tres años de tu vida a ahorrar libra a libra para comprarte un vestido en  Chez Dior. ..es que tu mente es extraordinaria y tu personalidad única. Eso es lo que hace la señora Harris, viuda y en la sesentena. Las señoras de la limpieza inglesas son diferentes a todas las que trabajan en el orbe, pero no esperaba tanta convicción, tanto deseo concentrado y tanta ilusión en un objetivo. Si fuera una ejecutiva de ventas, sería la ejecutiva del año.  Se trata de eso, sin duda, de querer algo con todas tus fuerzas. Así lo siente la señora Harris desde el día en que ve en el armario de una de sus clientas, la señora Dant, dos vestidos de la casa Dior que la dejan absolutamente enamorada. Puede una enamorarse de un hombre ( debe  una enamorarse de un hombre) y también de un objeto, por ejemplo, por qué no, de un vestido. Así que Harris (llamémosla así, apeando el tratamiento) se dedica a juntar una libra tras ot...

Formas de decir que no

("Orgullo y prejuicio" Grabado de 1833. Elizabeth Bennet y el señor Bennet. Imagen Pickering and Greatbatch) Inteligencia práctica al modo aristotélico, humildad como virtud cristiana y constancia como guía de vida, son tres de las cualidades que Jane Austen considera fundamentales en los seres humanos. Por eso suelen aparecer en sus personajes y, más allá de las lecturas superficiales o frívolas (que son también necesarias), ahí están sus argumentos y sus razonamientos para demostrarlo. La cuestión es que lo que maravilla de "Orgullo y prejuicio" y del resto de las novelas de Jane Austen es su multiplicidad de lecturas. Puede uno quedarse con el romance, con la broma, con el retrato divertido de una clase social, con la intriga de qué ocurrirá al final, con las bodas o los bailes...pero también puede uno captar toda esa sensibilidad discreta, ese pensamiento oculto, esa capacidad de mostrar sin revelar y de contar sin exagerar que tienen esos libros. Com...

Manolita y la señorita Bates

No busques el nombre de Manolita Mendoza en ninguna antología literaria, ni en el Quién es Quién, ni siquiera en Google. No te saldrá. Puesto que es, fue, una mujer común, nada corriente, a la que merece la pena conocer. Te resultará un hecho curioso si te digo que hay un cierto paralelismo entre ella y la señorita Bates, de "Emma", la última de las novelas que vio publicada su autora, Jane Austen (1775-1817).  "La señorita Bates no es guapa, ni rica, ni joven, ni inteligente. A pesar de esto, todo el mundo la aprecia en Highbury" . Ella vive feliz (traduzco). Cuida a su madre, recibe visitas en su humilde casa, espera las cartas de la sobrina, Jane Fairfax, acude a las invitaciones que le hacen, siente que la gente la quiere y sabe ser feliz. En esto último, Manolita Mendoza y la señorita Bates andan a la par. Su paralelismo se traduce en esa propensión a la felicidad de su carácter. Ser capaz de disfrutar de lo que se tiene, sin dejar pasar ni u...

Rose Bertin

Christian Dior se inspiró en la moda de María Antonieta para este vestido que presentó en su colección de 2007. Adaptado al momento actual y seguramente más estilizado, menos recargado de los que usaba la desgraciada reina de Francia. Las investigaciones históricas han descubierto a su costurera, a la persona que inventaba y cosía los trajes que la reina lucía, en esa aventura constante que era su vida, en ese devenir de lujo y de conflictos que la poseyó en toda su biografía.  La costurera se llamaba Rose Bertin. Durante casi dos décadas, y con la colaboración del peluquero Léonard Autié, mademoiselle Rose creó atuendos, día a día más excéntricos, para la joven soberana, a la que siempre movía el deseo expreso de ser la mujer más bella y elegante de Francia. Hasta que la Revolución y la precipitada muerte de la reina acabaron con la relación. Antes de convertirse en la costurera de la reina, Rose vivía una existencia tranquila, sin poder predecir cuál sería su futu...

"Trilogía de Candleford" de Flora Thompson

(Retrato de Flora Thompson) La editorial asturiana Hoja de Lata acaba de publicar en español un clásico de la literatura inglesa. Se trata de la "Trilogía de Candleford". Su autora es Flora Thompson, casi desconocida entre nosotros pero muy famosa en el Reino Unido. Thompson (cuyo nombre de soltera era Flora Jane Timmins), fue novelista y poeta, además de autora de artículos sobre la naturaleza, una de sus grandes pasiones. Nació en Juniper Hill en 1876, en una familia humilde, pero su empeño por mejorar de vida la llevó a convertirse en secretaria de la oficina de correos de Fringford y a dedicarse a escribir.  En 1903 se casó con otro empleado de correos, John William Thompson, de quien tomó su apellido y con quien tuvo tres hijos, dos niños y una niña. Tras escribir algunos artículos sobre naturaleza, logró ganar, en 1911, un premio de ensayos en la revista The Ladies Companion, por un ensayo de 300 palabras sobre Jane Austen. Después de esto compaginó su vida ...

Vestir la tristeza

(Ilustración: Sophie Griotto) En las tardes largas del invierno ella me contaba historias que inventaba sobre la marcha. Casi todas hablaban de mujeres tristes. Ella misma era una mujer triste, que ocultaba la tristeza con una capa poderosa de risa y de ingenio. Todas las personas tristes intentan convertirse en lo que no son porque la tristeza cansa. Agota. En esas tardes, conversábamos sobre la vida de las mujeres que conocíamos y de otras cuya existencia solo había llegado hasta mí a través de sus relatos. Eran cuentos que nada tenían que ver con finales felices. Eran realidades que se tamizaban con su baño de ironía, su sonrisa complaciente y esa forma generosa de mover las manos. Parecía una representación teatral con su telón y todo. El telón tenía dibujadas unas rosas. Eran rosas de Francia, esas pequeñitas, de intenso olor, como las que cruzaban nuestros arriates, cuando todavía la casa conservaba su jardín. El día en que ese jardín se perdió, cuando amanecimos sin l...

Un irlandés en los páramos de Haworth

Patrick Brontë (el padre de los Brontë) fue un irlandés muy pobre, el mayor de diez hijos de una familia de granjeros, que tenía una cualidad que cambió su futuro. Era un superdotado. Sus extraordinarias facultades intelectuales unidas a su inquebrantable voluntad de prosperar fueron el pasaporte para una vida diferente de la que, en un principio, le correspondía por nacimiento.  Había nacido el 17 de marzo de 1777 (dos años después que Jane Austen), en Emdale, condado de Down, en la actual Irlanda del Norte. Sobrevivió a todos sus hijos ya que murió seis años después de la muerte de Charlotte (la última de ellos que falleció) cuando ya contaba ochenta y cuatro años. Destacó en sus estudios y recibió la ayuda de un clérigo anglicano que confió en sus posibilidades por lo que pudo estudiar en Cambridge y ordenarse a su vez. Contrariamente a lo que suele decirse no era pastor ni párroco de Haworth, el universo mítico de las Brontë, sino un simple coadjutor, lo que significaba...

Violetas

A lo lejos, sin que el tiempo las nuble, apenas sin motivo, quizá por inercia, sin amor desde luego, sin pasión, que eso sería pedirle demasiado a la vida, en forma de palabras, en forma de frases sencillas que no hablan de emociones sino solo de hechos...En la distancia, a través del aire y el teclado, en forma de voz tenue que saluda y repite la última palabra, en el recóndito espacio de un tiempo que no tiene principio y que acabará sin duda un día, tal vez no muy lejano...En un verso cualquiera, en un texto, en el fragmento de película que aparece en un cine de verano, en un artículo de prensa, en una imagen presentida, allí, en el aire, donde se oculta todo...De modo que aparezca cuando el día está más gris o ella está más cansada; de modo que recomponga apenas las piezas rotas de esa porcelana que un día cruzó su tiempo más exacto; de modo que parezca que la vida no ha terminado entera: solamente un espejismo pero cubierto de oloroso consuelo...Un pequeño haz de flores que...

Libros sobre una máquina de coser

Ella se había quedado huérfana muy pequeña. Su padre murió en circunstancias trágicas y en plena juventud. Era un convencido luchador que dejó esta vida en defensa de sus ideas. Esa orfandad contribuyó a su espíritu soñador, con el que la vida se llenaba de elementos que la hacían más llevadera, más llena de ilusiones. El cine, la lectura y la cotidianeidad. Las peripecias humanas le parecían una fuente de interés y de posibilidades.  Aprendió a coser como todas sus hermanas, porque era un aprendizaje que podía resultar útil y, sobre todo, porque era un adorno femenino. Hacía posible la creación de vestidos y de prendas que daban rienda suelta a su creatividad. Era una inventora nata. De hechuras, formas, colores, tejidos, mezclas. Todo en sus manos adquiría una nueva dimensión. Así la maquina de coser fue más que un mueble. Llegó a convertirse en una herramienta imprescindible para dejar volar la imaginación y crear cosas bonitas.  Sobre la máquina, en un lado la...

"Madre e hija" de Jenn Díaz

La Editorial  Planeta a través de  Destino  ha publicado en castellano la última novela de  Jenn Díaz,  antes publicada en catalán. "Madre e hija" tiene un argumento absorbente. Cuatro mujeres, la madre, las hijas y la tía, conviven en un  hogar familiar en el que falta el único hombre que había, el esposo, padre y hermano, Ángel. Jenn Díaz se introduce en el mundo femenino a través de la ausencia del hombre. Cuando el hombre falta, la casa se cimbrea. Su inestable equilibrio en el que estaban las disputas entre la cuñada soltera y la cuñada casada se pone en evidencia. Los sentimientos y las emociones aparecen con la frescura de un paisaje que nos resulta conocido. La sentimentalidad femenina como gran espacio común que se escribe una y otra vez.  Dolores y Gloria. Ángela y Natalia. Ángel, el hombre. Y antes de eso, dos citas, una de Mercé Rodoreda "Querido, estas cosas son la vida" y otra de Ingmar Bergman "Una madre y una hija. Qué combinac...

Los hombres leen ensayo y las mujeres novela

Dado que estamos en la época de las etiquetas, vamos a colocar una más, nada original, desde luego, más bien un mantra de esos que se repiten, se repiten, se repiten...Aquí está: los hombres leen ensayo y las mujeres novela.  A decir de los defensores de esta genial frase eso indicaría varias cosas: el apego de los hombres a la realidad y el romanticismo inherente a la condición femenina, por un lado. La escasa imaginación de los varones y la atrayente fuerza creativa de ellas, por otro. Y, sin que queramos sentar cátedra, la búsqueda de respuestas concretas de ellos y el carácter vericuético de las féminas.  De un plumazo, algunos rasgos de carácter, organizados por sexos, aparecen en esta definición altamente provocativa y llena de lagunas. Los hombres, realistas, sencillos y apegados a la existencia cotidiana. Las mujeres, imaginativas, soñadoras y complejas. En este punto ya hay quien se ha levantado de la silla en la que, cómodamente, leía esta entrada del ...

A Charlotte no le gustaba Jane

(Moda victoriana. Archivo digital de la BNE) En el libro de Laura Ramos "Infernales. La hermandad Brontë. Charlotte, Emily, Anne y Branwell" hay al menos dos referencias a la opinión que de Jane Austen tenía Charlotte Brontë. Y no es una buena opinión. Paradójicamente, ese desagrado que sentía la mayor de los Brontë escritores acerca de Austen es una muestra más (aunque no debería hacer falta ninguna, salvo leer las respectivas obras) de las enormes distancias que separan una obra de otra. Aunque, como se sabe, es frecuente meterlas a todas en el mismo saco, sin darse cuenta de que no hay rasgos comunes sino mentalidades distintas y libros muy diferentes en todos los aspectos. Es cierto que hay muy poca distancia cronológica entre ellas pero un mundo a la hora de pensar la sociedad, de escribir y de mostrarse en su literatura.  Uno de los más destacados críticos literarios ingleses, G. H. Lewes, a la sazón pareja de hecho de la escritora George Eliot, aconsejó ...