La niña tiene la sonrisa que llevará toda la vida. No solo se ríe con la boca, también con los ojos. Es una sonrisa completa, única, indiscutible. El día que desaparezca esa sonrisa, el día en que no haya motivos para sonreír, entonces dejará de ser ella. Cambió sin darse cuenta de lo importante que era eso, el agua del océano por la del río y el ritmo del levante por el viento sur que golpea los cristales de la terraza. Dejó su casa vieja por un piso de alquiler, por varios pisos de alquiler hasta que, por fin, apareció otra casa que ya es su casa. El exilio fue menos en esa casa, siempre presidida por cierta clase de alegría, sin dolores ni muertos. Vino de un tiempo vacío de compromisos y lleno de preguntas. Se asomó a una vida que quizá no era para ella y no supo darle la vuelta a la situación, se acomodó sin preguntarse nada. Lo suyo es que pase un día y luego que pase otro y otro sin más. Mientras, el exilio de la sonrisa sigue siendo un milagro.
( Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras , 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena. La película Criadas y señoras ( The Help , 2011, de Tate Taylor ) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de ...
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