El cielo cabizbajo, el asfalto brillante, la plaza silenciosa, los altos muros de arte coronados, el sitio donde nos sentamos a tomar un helado. La copa era de un cristal azul italiano y tenía un curioso reborde labrado y dentro de ella, la bola se derretía con el calor de la noche, con el vaho de los besos, viajeros como nosotros de cuerpo a cuerpo, estampados con la fuerza del deseo, llenos de agua y sal, de nuestra tierra, de otro pasado sin letras ni compromisos. La ciudad parecía revivir después del espeso temblor del día, recorriendo sus calles y museos, atisbando ventanas, soñando con una memoria fértil de historias cuajadas en libros. Salamanca se escribe siempre con palabras, pero nosotros quisimos dejar para siempre su nombre unido a un sabor, el del helado aquel, blanco, con un matiz de verde yerbabuena, limpio y a un paso de derretirse boca a boca en nosotros.
( Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras , 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena. La película Criadas y señoras ( The Help , 2011, de Tate Taylor ) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de ...
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