Tenía veinte años y los ojos azules. Llevaba vaqueros y una camisa blanca. Eran su santo y seña. Los libros en las manos, muchos libros. Y el pelo revuelto y las ganas de reírse de todo, de disfrutar la vida. Cerca, en un parque casi vacío, donde había rotondas hechas con jardines, fuentes que manaban un agua impecable e impregnada del olor a jazmín, solían sentarse a hablar de todas las cosas. El repertorio de la charla no terminaba nunca aunque él era tímido y ella tenía miedo. Él tenía veinte años, ya lo he dicho, y llevaba la revolución cosida a su piel, quería cambiarlo todo, quería ser libre, quería bucear hasta el fondo para conocer los secretos del océano. El océano era la vida y estudiar en un rincón de la playa, con los libros llenos de arena, otro de sus secretos escondrijos. Ella le seguía la corriente porque solo deseaba estar a su lado. Y la vida le producía susto, todo lo contrario que a él, que se enfrentaba con valentía a todas las cosas y tenía la capacidad de plantarle cara al mundo, incluso cuando llegaron las peores desgracias. Se querían pero nunca se lo dijeron. Ella perdía la paciencia y él no sabía que debía expresar las cosas con palabras. Aquello era la vida. Cuando pasaron los años y fueron llegando otras personas, andando otros caminos, volando en otros momentos, siempre se conservó esa llama firme y duradera, como si fuera una señal imborrable, una primavera infinita. Fueron felices entonces y esa felicidad está grabada a fuego. Cuánto darían por volver a abrazarse...
Somos felices ¿verdad? ¿Por qué no íbamos a serlo? (Diálogo entre Edward y Grace) Edward y Grace son Bill Nighy y Annette Bening y llevan muchos años casados aunque eso no es necesariamente bueno. Tienen un hijo de treinta años que ya no vive en casa y al que echan de menos. Edward está cansado de la esgrima matrimonial y Grace está cansada de no tener con quien discutir, ni casi con quien hablar. Hasta aquí, nada nuevo. Los matrimonios de muchos años suelen (o pueden) tener esa sensación de que han perdido el tiempo, de que no ha merecido la pena ese viaje y de que necesitan otra cosa. Aunque no saben de qué cosa se trata. Grace está cansada de la pasividad de Edward y por eso es poco amable, pero tira de la cuerda a ver si él reacciona. Ella es hiriente también con su hijo. Quizá la insatisfacción nos convierta en eso, personas hirientes, gente que hace daño al que tiene al lado. Para ella es un triunfo vivir con una pareja, mantener un matrimonio, pero Edward...no sabemos lo que p...
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