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Un aire del pasado

 


(Foto: Manuel Amaya. San Fernando. Cádiz)

Éramos un ejército sin pretensiones de batalla. Ese verano, el último de un tiempo que nos había hechizado, tuvimos que explorar todas las tempestades, cruzar todas las puertas, airear las ventanas. Mirábamos al futuro y cada uno guardaba dentro de sí el nombre de su esperanza. Teníamos la ambición de vivir, que no era poco. Y algunos, pensábamos cruzar la frontera del mar, dejar atrás los esteros y las noches en la Plaza del Rey, pasear por otros entornos y levantarnos sin dar explicaciones. Fuimos un grupo durante aquellos meses y convertimos en fotografía nuestros paisajes. Los vestidos, el pelo largo y liso, la blusa, con adornos amarillos, el azul, todo azul, de aquel nuestro horizonte. Teníamos la esperanza y no pensamos nunca que fuera a perderse en cualquier recodo de aquel porvenir. Esa es la sonrisa del adiós y la mirada de quien sabe que ya nunca nada se escribirá con las mismas palabras. 

Aquel verano fue el último antes de separarnos. Todos sabíamos que las cosas ya nunca serían las mismas y que, pasado el tiempo, no lograríamos reconocer nuestras voces. En realidad, éramos tan distintos que solamente una circunstancia había conseguido que estuviéramos juntos algún tiempo. Pasado aquel momento efímero, cada cual tendría que caminar solo, cada cual tendría que asumir que todo era más difícil de lo que parecía. 

El viento no era nuestro enemigo. Ninguno de ellos, ni el levante, ni el poniente, ni el sur, podía evitar que recorriéramos con ansia cualquiera de esos caminos que antes otros habían trillado pero que, para nosotros, eran nuevos. Las ciudades, los pueblos, las orillas de las playas, las plazas de las ciudades, las calles de los pueblos, los puertos, los atajos, las cordilleras, el monte, el campo.  El viento no era nuestro enemigo y corríamos adonde podíamos amarnos sin reservas, sin testigos, sin vecinos ni voces. Aquellos días inmaculados, verdes, dorados y llenos de besos, los besos incandescentes de los jóvenes, aquellos días, a tu orilla, como si no hubiera otro destino, contigo solamente, esos días, a tu orilla, el gran paraíso al que mi memoria vuelve a cada paso. 


(Foto: Juan Antonio Sánchez. Chipiona (Cádiz)

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