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Lo que comía Jane Austen


 Cesto con frutas, de Caravaggio, 1596, Pinacoteca Ambrosiana de Milán

Se sabe que a Jane Austen le gustaba beberse una buena copita de vino con las comidas y que durante los años en que vivió en Chawton era ella precisamente la encargada de controlar la llave de la bodega. En esos años escribió tanto y durante tantas horas que su madre y su hermana le permitieron librarse un poco de otras faenas que ocupaban más tiempo, pero nunca dejó de colaborar en el mantenimiento doméstico de la casa. 

Una de los aspectos más destacados de la asistencia a bailes o cenas en aquel momento era, precisamente, poder degustar manjares menos habituales de los que se comían en la casa. Una buena provisión de verduras y de animales de granja estaba asegurada en la vicaría de Steventon y desconocemos cómo se organizaban las compras en los años de Bath. Pero sí hay noticia en algunas de sus cartas de esos manjares especiales que merecían por ello ser detallados en sus misivas. 

Algunos de esos alimentos eran los espárragos y la langosta, además de un buen pastel de queso. En otro momento menciona la "ternera de ragout", lo que para nosotros sería un ragout de ternera, y el estofado de cordero con alubias, una comida consistente, como puede verse. En relación con la alimentación están las referencias a la matanza de los cerdos, de donde salía luego un aprovechamiento importante, y también de los salazones, que se usaban como medio de conservación de los alimentos. En realidad, la vicaría era también una pequeña explotación agrícola y ganadera que garantizaba la subsistencia de todos sus moradores. La existencia de un buen número de vacas en la propiedad y la importancia que estas tenían para cubrir algunas de las necesidades de sus habitantes se pone de manifiesto con ocasión de la marcha a Bath y, por consiguiente, de la venta de todo lo que contenía Steventon, incluyendo el ganado. Así en la carta número 36 que escribe entre los días 12 y 13 de mayo de 1801, ella comenta que se han vendido las tres vacas por una cantidad de 61 guineas, además de las mesas, por 11 guineas y el pianoforte, por 8. La duda está en cuánto dinero sacarán por sus libros. 

En la época de Austen no había lo que se conoce como almuerzo, ni tampoco el famoso té de las cinco. Lo que hacían era un desayuno muy fuerte, con dulce y salado, incluyendo un buen chocolate caliente, a eso de las diez de la mañana y una cena consistente y larga entre las tres y las cuatro de la tarde. En el resto de horas se podía picar un poco pero recordemos cómo las chicas de sus libros expresan en muchos momentos que están muertas de hambre y esto sucedía porque los intervalos eran muy grandes. Es verdad que si ibas a algún baile te servían algo frío e incluso algunos pasteles pero la cena duraba normalmente más de dos horas y era muy contundente, como ocurre en los territorios agrícolas. Una buena sopa, carnes variadas, guarniciones de verduras y salsas de muchas clases, además de fruta y frutos secos. Prácticamente te dejaba lista hasta el día siguiente.



Bodegón de caza, hortalizas y frutas, Juan Sánchez Cotán, 1602, Museo del Prado

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