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La chica danesa

 


Cualquier película con Matthias Schoenaerts dentro me gusta más. Aunque, como en este caso, tenga un papel episódico pero nada banal desde luego. Un papel que cierra el triángulo perfecto, aunque al final el triángulo era un cuadrado. 

Si alguien me hubiera dicho que una película sobre la transexualidad me llegaría directa al corazón no lo hubiera creído. No es un tema que tenga cerca ni que me inspire especialmente. Pero, fijándose bien, esta es una película sobre el amor. Sobre la capacidad de amar a pesar de todo. Tal y como eres, diría Mark Darcy. Tal y como eres dice Gerda. 

Se trata de un film basado en hechos reales, que recogen la peripecia de un transexual que tras muchas dudas, decide operarse para cambiarse de sexo. Una postura pionera que hoy consideraríamos casi natural pero que en esos años fue un auténtico escándalo. 

En Dinamarca, en los años veinte, un matrimonio de pintores tiene una suerte desigual. Mientras que el marido, Einar Wegener, que siempre pinta el mismo paisaje, una ciénaga cerca del mar con cuatro enhiestos árboles, triunfa entre la crítica y el público, los retratos de Gerda Wegener pasan desapercibidos para los marchantes. No hay choque de egos, sin embargo. Ambos disfrutan de compartir el mismo oficio y una casa esquemática, casi vacía, poblada solamente de botes de pintura, de pinceles, de lienzos y de una cama matrimonial en la que ocurren pocas cosas y ninguna de ellas definitiva. 

Un día, a modo de juego, casi de divertida transgresión, él se convertirá en una modelo femenina para un retrato y ella descubrirá el éxito a través de esos posados. Un éxito que tendrá un duro precio: el encuentro de Einar con su auténtica naturaleza, con su yo de mujer. Y así aparecerá Lili, la tercera en discordia. Y, más tarde, Hans, que repartirá sus afectos entre Gerda y su amigo de siempre, que ya no existe o quizá sí. 

El telón de fondo ofrece un doble escenario: los puertos, el mar, la humedad, las calles pegajosas de pescado fresco, las buhardillas, el aire abandonado, del pueblo natal de Dinamarca, y el París que se observa desde la efervescente ebullición de los encuentros de artistas, en unos años en los que todo parecía ir bien. El minimalismo de la casa de los Wegener contrasta con lo recargado del teatro, con el modernismo de los salones parisinos. La blancura total está en el hospital donde se decide el futuro de todos. Y, al otro lado del horizonte, el mar, un mar único, espectral, cubierto de brumas y de secretos. 

La película, de título original “The Danish Girl” está basada en la novela de David Ebershoff. Sobre ella ha construido Lucinda Coxon un guión en el que se liman los aspectos truculentos y aparece la poesía de los gestos, la lírica de los sentimientos. Porque esta es, ya lo he dicho, una película sobre el amor, sobre la entrega y sobre la generosidad del que ama. La música, a cargo de Alexandre Desplat, ofrece momentos gloriosos y otros terriblemente duros. La fotografía de Danny Cohen es expresiva, con predominio de los colores cálidos, saturados, llenos de contrastes. El vestuario merece una mención especial. Los gloriosos años veinte han dejado, en el terreno de la costura, las telas, los diseños, los colores y las formas, una herencia inigualable, que todavía estamos disfrutando. En este caso, la suntuosidad de los vestidos se conjuga con su sencillez, con su calidad pictórica. Muchas de las escenas se tratan a modo de cuadros, como si nos adentrásemos sin permiso en el estudio de un pintor. En este sentido, es una película estéticamente bella, a pesar de que el tema pueda resultar escabroso para muchas personas. 

Los actores principales bordan los papeles. Sobre todo y en primer lugar, la protagonista, Alicia Vikander, bella, expresiva, contenida, hermosamente lúcida en su papel de mujer enamorada de un transexual que no sabe que lo es. Después, Eddie Redmayne, cuyo físico favorece esa ambigüedad que flota en el personaje durante toda la película. Y, además de otros secundarios como Amber Heard o Ben Whishaw, la presencia potente de un Matthias Schoenaerts, que hace un bonito papel en el que dominan la esperanza y la amistad. 

El resto del reparto lo forman Victoria Emslie, Adrian Schiller, Richard Dixon, Paul Kerry, Helen Evans, Michael Gade Thomsen, Alicia Woodhouse.

La película, producida por la Focus Features y la Working Title Films, ha sido reconocida unánimemente por la crítica inglesa y la norteamericana. En España no ha tenido esa misma consideración y las que he leído no la dejan bien parada. No obstante, un rosario de nominaciones a premios importantes la han jalonado desde el principio: 

2015: Premios Oscar: 4 nominaciones incluyendo mejor actor (Eddie Redmayne)

2015: Premios BAFTA: 5 nominaciones, incluyendo Mejor film británico

2015: Globos de Oro: Nom. a mejor actor (Redmayne), actriz (Vikander) y música

2015: Festival de Venecia: Sección oficial largometrajes a concurso

2015: Satellite Awards: 7 nominaciones incluyendo película y actor (Redmayne)

2015: Critics Choice Awards: Mejor actriz de reparto (Alicia Vikander)

2015: Sindicato de Actores (SAG): Nom. actor (Redmayne) y actriz sec. (Vikander)

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