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Pretendientes

Las fuentes consultadas hablan de hasta siete hombres en la vida de Jane Austen (Steventon, 1775- Winchester, 1817). 

Bien es verdad que no todas afinan tanto. Por ejemplo, el libro que escribió su sobrino James Edward Austen-Leigh pasa por encima del tema y solo reconoce a dos de ellos, destacando a Thomas Lefroy, que llegó a ser presidente del Tribunal Supremo de Irlanda y que no se pudo casar con Jane porque ella no disponía de fortuna y él estaba obligado a hacer un buen matrimonio. 

Pero la suma de datos que se obtienen tanto de su biógrafa principal en castellano, Claire Tomalin, como de Lucy Worsley, la historiadora que firmó su biografía de la vida cotidiana que tituló "Jane Austen en la intimidad". Ambos libros son de enorme utilidad para el conocimiento de la escritora ya que, por otro lado, no tuvo en su época a nadie que se interesara lo suficiente por ella como para guardar datos fidedignos y su familia ha sido siempre muy reticente a ofrecerlos, tanto es así que se quemaron cartas personales que su hermana Cassandra poseía. 

El hecho de que fuera, según todos los indicios, una chica alta, guapa y con ingenio, amante de los bailes y de las diversiones, la puso en circulación en cuanto tuvo edad para ello, como ocurría con las jóvenes de la época. Su propia hermana Cassandra, tres años mayor, tuvo un noviazgo que terminó trágicamente con la muerte de él en el extranjero. Se trataba de un antiguo alumno de su padre, llamado Tom Fowle, que era también pastor. Cassandra tenía veintidós años cuando se prometieron y su muerte la convirtió, prácticamente, en un viuda. 

En el caso de Jane hemos rastreado hasta siete nombres, no todos con la misma importancia en su biografía: Charles Powlett, Thomas Lefroy, Samuel Blackall, Harris Bigg-Wither, Edward Bridges, Robert Holt-Leigh y William Seymour. 

Además de la imposibilidad de que Tom Lefroy se le declarara por motivos económicos, sabemos que Samuel Blackall, a quien conoció un verano, murió antes de poder sellar algún compromiso. Y, después de eso, llega el episodio de la petición de mano por parte de un amigo de la familia, Harris Big-Wither, a quien Jane acepta en una primera instancia, pero de lo que se arrepiente a las pocas horas, lo que la lleva a cambiar su decisión, con el consiguiente disgusto de todo. Esta circunstancia, pocas veces ponderada, tiene su importancia. 

Pocas mujeres en su posición y con su edad hubieran rechazado un marido porque no le consideraran suficientemente adecuado desde el punto de vista personal o intelectual. Harris tuvo, además, un importante ascenso social y llevó una buena vida con la esposa que eligió, además de un montón de hijos. Pero Jane estaba decidida, como sus mujeres literarias, a casarse por amor. En este sentido es una adelantada a su tiempo y una rebelde social. Las revoluciones no son únicamente las que se hacen a través de contundentes acciones colectivas sino también los pequeños cambios individuales contribuyen a que las cosas sean diferentes. Los matrimonios de conveniencia eran una forma de coartar la libertad de las personas y, sobre todo, una discriminación absoluta. Tenían un sentido en la sociedad de la época pero no contribuían al bienestar de las personas.

Las mujeres de sus novelas nos dan pistas de su pensamiento a este respecto. En una conversación que mantienen en su habitación, las hermanas mayores de los Bennet, Jane y Elizabeth ("Orgullo y prejuicio") se confían una a la otra su deseo de casarse por amor. La ironía de Elizabeth llega a su punto máximo cuando reconoce que Jane lo tendrá mucho más fácil por ser más hermosa y que ella se conformará con cuidar de sus sobrinos. Lo mismo dice Emma Woodhouse a Harriet Smith cuando esta le pregunta por qué no se ha casado ("Emma"). La muchacha le contesta que no tiene intención de hacerlo salvo que conozca a alguien "muy superior en todos los aspectos" y que no es una mala perspectiva cuidar de los hijos de su hermana Isabella. Elinor Dashwood se enamora de Edward Ferrars, a pesar de que no es una buena boda a priori. Lo mismo hace su hermana Marianne, para quien el desamor es una catástrofe.

Sin embargo, no seríamos honestos a la hora de juzgar a estas muchachas si no añadimos que, salvo la locura transitoria de Marianne (única heroína austeniana que parece estar todavía en tiempos de la novela gótica), todas las demás se toman su soltería con una divertida tranquilidad. No hacen un drama de no casarse y tampoco mitifican el matrimonio. Elizabeth Bennet se permite rechazar al mejor candidato posible, el señor Darcy y no lo aceptará hasta que no tenga pruebas sobradas de su buen corazón y de su propio sentimiento. Se trata de no perder la cabeza y de no considerar que la única salida es el matrimonio. Esto sigue siendo novedoso e interesante. 


Referencias: 

"Jane Austen" de Claire Tomalin. Circe. Traducción de Beatriz López-Buisán. Primera edición marzo de 1999. Primera reimpresión noviembre de 2007. 

"Recuerdos de Jane Austen" de James Edward Austen-Leigh. Alba Clásica. Traducción de Marta Salís. Primera edición febrero de 2012. 

"Jane Austen en la intimidad" de Lucy Worsley. Indicios. Traducción de Victoria Simó. Primera edición octubre de 2017. 


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