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Elizabeth Bennet: la emoción inteligente

Greer Garson, Curigwen Lewis, Madge Evans, Elizabeth Garvie, Jennifer Ehle, Keira Knightley, Ashley Clements, Lily James. ¿Qué tienen en común todas estas actrices? Que alguna vez hicieron de Elizabeth Bennet en el cine o en la televisión. Las tres más interesantes, desde luego, Greer Garson, que protagonizó una versión sobre Orgullo y Prejuicio en 1940; Jennifer Ehle, que hizo lo propio con la serie de la BBC de 1995 y Keira Knightley, protagonista de la película de 2005. Para mí, la más ajustada de todas ellas, teniendo en cuenta lo que el libro cuenta y lo que calla, es Jennifer Ehle y esa versión, la mejor.

Pero no es de eso de lo que quiero hablar sino de ella, la verdadera, la que creó Austen en su libro: Elizabeth Bennet, tal cual. Una mujer, una muchacha, de la que, por cierto, no hay descripción física en el libro. Simplemente sabemos como era por la percepción de los otros. Figura agraciada, mirada inteligente, ojos brillantes, sonrisa agradable. Bonitos dientes, según afirma su "enemiga" Caroline Bingley, la mujer que intenta competir con ella por la atención de Darcy


(Un dibujo sobre el libro adjudica el rostro de Jennifer Ehle a Elizabeth)

"Cuando los demás se marcharon, Elizabeth, como si se propusiera indisponerse al máximo contra el señor Darcy, se dedicó a repasar todas las cartas que Jane le había escrito durante su estancia en Kent".

Maravilloso párrafo que inicia el capítulo número 37 del libro. Elizabeth está pasando unos días en Hunsford, la rectoría en la que vive su amiga Charlotte Lucas con el que es ya su marido, el primo Collins. Y allí ha tenido que frecuentar la mansión de Lady Catherine de Bourg, donde ha coincidido con Darcy y su primo, el coronel Fitzwillian. Ha sido precisamente éste quien le ha contado la supuesta intervención de Darcy para deshacer una posible matrimonio del joven Bingley porque la familia era poco recomendable. A Elizabeth solo le queda sumar dos y dos para atribuir la desgracia de su hermana Jane (inconsolable aunque no lo reconozca) a Darcy y su orgullo. Por eso y porque él la visita demasiado sin que ella sepa por qué, Elizabeth necesita acumular argumentos negativos, pues no quiere ni pensar en interesarse por el culpable de los males de su hermana, y, por qué no decirlo, de su estimado Wickham


(Greer Garson hace de Elizabeth Bennet en la versión de 1940: demasiado mayor en una caracterización que no respeta el espíritu de la moda georgiana)

¿Quién no ha usado ese mismo procedimiento a la hora de intentar olvidar a un amor no correspondido o no recomendable? Pensar en las malas acciones que haya podido tener o en el daño que nos ha hecho es un modo usual de ver las realidad de frente, restando pasión y atractivo a las personas. Si ella no sintiera "algo" por Darcy no tendría tanta necesidad de buscar argumentos negativos. Así que ¿desde cuando Elizabeth se siente atraída por este hombre? ¿no será que no ha querido reconocerlo porque él no la trató bien antes de su estancia en Netherfield?

Este punto es muy interesante. Parece inclinarse por la versión de Wickham porque él le hace algún caso. Y también el coronel Fitzwilliam le cae bien. Sin embargo, el malhumor, la prepotencia y el desprecio de Darcy suponen para ella una piedra de toque: no puede soportar a ese hombre, aunque sea el más rico de todos. Y no casa con el carácter supuestamente educado de él hacer ese comentario despiadado acerca de Elizabeth en el primer baile en el que coinciden: No estoy para bailar con muchachas que otros han desairado, no es lo suficientemente guapa como para tentarme. Por la boca muere el pez. 


(El físico de Keira Knightley podría responder muy bien a lo que supones en Elizabeth. Pero no el peinado, cabello largo y suelto, ni los colores que usa, tan oscuros, ni la moda de los vestidos) 


(Jennifer Ehle es la perfecta Elizabeth. Peinado, maquillaje, piel blanca y labios en forma de corazón, vestidos talle imperio de muselina clara, zapatillas bajas o botines con cordones, todo el cuidadoso detalle que la BBC pone en sus series) 

Elizabeth Bennet no es una heroína ñoña, sentimentaloide y llena de pajaritos. No. Es una mujer hecha y derecha (en ese tiempo a los veintiuno ya se era), con criterio propio (tiene claro lo que le gusta y lo que no; lo que está bien y lo que está mal), mucho sentido del humor (el sentido del humor la salva de la desconsideración que tiene Darcy hacia ella), muchas ganas de vivir (por eso aprecia los buenos momentos que le deparan la conversación y los paseos) y muy ingeniosa. No se pliega a las exigencias de los demás, ni acepta un matrimonio de conveniencia con un tipo que, según ella, ha hecho daño a su hermana, ni se calla cuando surge el problema de la fuga de Lydia.

También es comprensiva con los defectos de su padre, al que adora. Y con los nervios omnipresentes de su madre, a la que no entiende. Y recta cuando ha de serlo, con sus hermanas más pequeñas. Es una mujer moderna, que sale a andar sola por los caminos; que viaja; que expresa sus ideas; que es consciente de lo que sabe hacer bien y de lo que hace peor. Es una mujer que enamora por la expresión de su mirada, por el descaro de sus palabras, por la inteligencia de sus opiniones. 

Rara vez he encontrado una persona que me resulte más afín y esto ya supone decir mucho si tenemos en cuenta el siglo en el que existió. ¿De dónde sacó Jane Austen los rasgos que definen su personalidad? ¿Qué persona o personas la inspiró? ¿Era este su ideal de mujer? Austen es un misterio por descifrar en tantas cosas...

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