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"Los habitantes del bosque" de Thomas Hardy


Ella decía la verdad. No mentía. Mentir no le gustaba. Consideraba que mentir era una forma de traición, una manera de degradarse a sí misma. La lealtad, que era una virtud que tenía cosida al alma, estaba construida con la verdad y con el cariño. Ambas permanecían unidas e inseparables. Es así como la concebía. Una suerte de barrera contra la manipulación, contra el odio y el rencor que las personas suelen guardar en la zona trasera del corazón y que los convierte en seres sin sentimientos. Ella quería seguir sintiendo todo el tiempo que pudiera, quería seguir siendo como cuando era niña: limpia, cristalina, alegre, chispeante. Una suerte de destino la había situado en la encrucijada de la desesperación, pero había soltado sus amarras y conjurado el dolor con palabras que solamente hablaban de los corazones que se disponían a entenderse. 

En algunos libros hallaba imágenes y personajes que le eran tan conocidos como si se tratara de amigos, de vecinos, de la gente que, cada mañana, contemplaba en su diario paseo hasta el trabajo. He aquí que un libro publicado en 1887 traía historias que parecían escribirse en su nombre. Cuatro personas que no habían existido: Grace, Giles, Edred y Marty. Aunque sí sus sentimientos, sus emociones. También su mezquindad. Su olvido de lo cercano. Su ambición. La conveniencia que convierte el amor en moneda de cambio. El engaño. La simulación. Pero, entre tanto latido convertido en fragmentos, halló uno que, ciertamente, ofrecía su visión más verdadera, la que ella cultivaba porque sabía que, al fin y al cabo, no podía ser de otra forma: claridad, luz, verdad, un amor que cruzara por encima del destino y de las horas muertas. 

"....cada vez que yo me levante pensaré en ti y cada vez que me vaya a dormir volveré a pensar en ti Cada vez que plante jóvenes alerces pensaré en que nadie puede hacerlo como tú y cada vez que parta o seccione una rama o que haga girar la prensa de la sidra diré que nadie podía hacerlo como tú. Y si alguna vez olvido tu nombre, que me olvide también de mi hogar y de Dios...Pero no, no, mi amor. !Nunca podré olvidarte porque fuiste un buen hombre y buenas fueron tus obras! "

Así, Grace Melbury vuelve a su casa de la infancia tras ser pulcramente educada. Así, allí está Giles Winterborne, que no puede enamorarla como ella desea porque no posee el dinero suficiente, ni la clase ni la posición. Así, Edred Fitzpiers será el tercero en discordia, el otro lado del triángulo, el hombre poderoso. Pero, los malentendidos, las traiciones, se combinarán con la lealtad y con la devoción y con el poderoso sentimiento que anida en personas como Marty, inopinadamente convertida en alguien que ama sin reservas. ¿Es posible amar sin entregarse? 

Thomas Hardy había nacido en un lugar de Dorset, en 1840. Allí situaría la acción de sus novelas. Un paisaje que convirtió en literatura, que situó como telón de fondo de todas las historias que imaginó y plasmó en el papel. Primero fue albañil y luego poeta sin éxito. Ese fracaso tuvo que anidar en lo más profundo de su corazón, pero decidió que un fracaso no valía para dejar de hacer lo que mejor convenía a su sentimiento: escribir. Las novelas cambiaron su destino. Publicó catorce de ellas. Las primeras, publicadas de forma anónima, con esa clase de timidez que algunos escritores se gastan, seguramente porque no tienen otra opción. Después, con su nombre, clamorosa acogida. Ahí están, para ser leídas, Remedios desesperados, Bajo el árbol del bosque, Unos ojos azules, Lejos del mundanal ruido, El regreso del nativo, El alcalde de Casterbridge, Los habitantes del bosque, Tess la de los d´Urberville, Jude el oscuro. 

Las novelas de Hardy rinden tributo al universo, a una naturaleza que forma parte indisoluble del destino de los hombres. Es una naturaleza cambiante, que está atenta al color, al olor y a los sonidos de los días, de las estaciones, de las tormentas, los vientos y la querida lluvia. Los sentidos y los sentimientos se anudan para siempre y todo parece transcurrir con una melodía ya escrita. Canciones que narran los hechos que tienen que suceder sin más dilación. Casi como si se tratara de una tragedia griega, en sus novelas la suerte tiene excepcional importancia. Todo puede ocurrir y todo ocurre. Las hojas se agitan con el viento, la vida se agita con los avatares de la propia vida. Hardy era un poeta que escribía novelas, tanto como un novelista que tenía en la poesía su lenguaje más íntimo. 

Algunas de sus novelas han sido llevadas al cine, como, sobre todo Lejos del mundanal ruido, maravillosamente trasladada a la gran pantalla en dos ocasiones.

"El corazón de Grace se elevó por encima de su anterior tristeza como una rama liberada de un peso. Sus sentidos se deleitaban ahora en aquel súbito regreso a la naturaleza sin adornos. Se deshizo del miramiento de tener que ser una mujer refinada por la profesión de su esposo, y del barniz de artificialidad que había adquirido en las escuelas de moda, y volvió a ser la rudimentaria chica de campo, con sus instintos más tempranos y latentes"

Quizá todo consista en no olvidar lo que fuimos, lo que en el fondo somos, más poderoso aun que lo que quieren que seamos o lo que el tiempo ha intentado lograr con nuestro ser más íntimo.

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