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Nada


Carmen Laforet escribió "Nada" con veintiún años. Con veintitrés la obra ganó el Primer Premio Nadal de Novela, convocado por la editorial Destino. En 2004, a la muerte de Carmen Laforet, la novela seguía siendo una de las más vendidas de la historia de la literatura española y reportando derechos de autor.

He leído en un día y medio la obra biográfica "Carmen Laforet. Una mujer en fuga" editada por RBA y escrita por Israel Rolón y Anna Caballé. Tengo que deciros que me ha parecido impresionante. Una obra impresionante, para una mujer impresionante. Os la recomiendo a todos. Porque he sacado una enseñanza de su lectura: la frecuencia con la que las mujeres ceden ante los demás (ante la familia, ante el marido, ante las normas, ante la murmuración, ante la sociedad) y dejan de desarrollar su talento, porque prefieren optar a "ser amadas". Nada más lejos de la realidad, nada más frustrante, nada más imposible. No es el único caso, ni el primer caso, pero sí es un caso que nos produce impotencia, porque quién sabe cuántos libros podría haber escrito Laforet libre del corsé que la oprimió toda su vida.

No os contaré de qué va la biografía, porque espero que cada uno de vosotros la descubra, pero sí quiero deciros que me ha causado un gran impacto su lectura. Y que voy a intentar releer "Nada" en estos días. Por el libro de Caballé y Rolon pasan múltiples personajes de la vida social y cultural española: Francisco Rabal y Asunción Balaguer (pues Benito Rabal, hijo de ambos, se casó con la tercera hija de Laforet); María Teresa León y Rafael Alberti, Pedro Salinas, Miguel Delibes, Cela, editores como Lara o Vergés; Lilí Álvarez, la tenista; periodistas, escritores, diplomáticos, embajadores, todos ellos relacionados de una forma o de otra con la escritora, a lo largo de sus ochenta y dos años de vida.
El problema de la creación literaria, de la sequía del escritor, el problema del folio en blanco, de la falta de inspiración o de trabajo para llevar a cabo una obra, todo ello aparece en la peripecia biográfica que el libro describe, apoyándose en la correspondencia de Carmen Laforet y en muchos testimonios. La familia no quiso colaborar en el proyecto y, por lo que parece, no está satisfecha con que hayan salido a la luz cuestiones que estaban en la sombra. Su hijo, Agustín Cerezales, también escritor, dedicó a su madre unas emotivas palabras con motivo de su muerte, en el año 2004, que se publicaron en el periódico "El País", donde la misma Carmen Laforet había escrito una serie de artículos, los últimos de su vida, antes de caer en el vacío.
Me piden, madre, que escriba algo sobre ti. Todavía no sé si debo hacerlo. Escribir ahora de ti es escribir sobre tu muerte, con el frío, todavía en los labios, del mármol fugitivo. No pensaba, no, escribir hoy de ti. Vagamente sentía el anhelo de, algún día, reunir en palabras lo que nos ha pasado. Esperaba poder esperar, dejar que el río de la tristeza fuera colmando el ancho vaso del vacío, hasta desbordarlo. Y sin embargo, aquí estoy, dispuesto a contar, a decir algo de lo que sé o creo saber de ti, a quien quiera oírlo. Has muerto, y tu muerte es la nieve. No duele. Es silencio. Es dulce y bella. Has muerto, y esa muerte tuya se me hace mía. Soy carne de tu carne. Muero contigo. Dejo yo también de ser, de estar aquí. Se desvanece el miedo, se apacigua el deseo. Tu mano ya no está en mi mano, el olor de tu piel ya no acaricia el aire, tus bromas tan sutiles ya no fruncen tu ceño tan severo, somos árbol y piedra escondidos en el bosque.

Llena de inseguridades, víctima a partir de los 60 de una patológica fragilidad emocional, el destino de Laforet no se puede separar del de la mujer en lo más negro de la España franquista: el rechazo a la fiscalización intelectual de su marido, el conflicto entre el amor a sus hijos, sus deseos de viajar y vivir la vida con intensidad y su rechazo al papel de la madre de familia tal como lo entendía la sociedad española... (Diario digital "El Periódico.com" 5 de mayo 2010).

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